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En busca de la ecuación perdida

El Villarreal de Javi Calleja ha empezado su segunda temporada, la primera completa, con peores sensaciones que lo acabó la anterior y el principal problema surge a partir de la disposición del medio campo. Los partidos de este inicio han muerto allí y han renacido en el mismo sitio, y será trabajo del técnico madrileño encontrar la ecuación perfecta para que su equipo esté debidamente equipado para tener la capacidad de proponer las intenciones de su entrenador. Contra el Rangers, Calleja no pudo contar con la presencia de bajas sensibles en la gestión de la jugada y la alternativa pasó por dar cabida a unos perfiles que no no encajaban del todo en el engranaje.

Con un 4-4-2 en línea, el Villarreal salió con Funes Mori, un jugador limitado con balón, y con Pablo Fornals, limitado en el posicionamiento, en el doble pivote. El experimento salió bien en la salida de balón, pero se ahogó en campo contrario, donde al submarino amarillo le costaba atacar en posicional. El ritmo de la circulación era lento para intenta intimidar la defensa rival y esto obligaba a Cazorla a aprovechar su libertad posicional para dar más recorrido a la posesión. Ambos volantes gozaron de menos exigencia y su área de influencia fue más grande que sus homólogos del carril central.

Tanto Funes Mori como Fornals no son mediocentros por el estilo y se notó en la gestión de las transiciones.

Mientas el asturiano se establecía en la zona medular para dar fluidez al juego, Nicola Sansone dinamizaba la actividad ofensiva a partir de sus conducciones en diagonal fuera-dentro que incentivaban los movimientos de la doble punta por delante del balón. Al Villarreal le costó mucho encontrar a sus dos referencias atacantes: a Bacca, que era quien bajaba a recibir, por su puntualidad, y a Ekambi, por su poca determinación en el momento de atacar el espacio. Aun así, en los puntos que lo consiguió, ambos fueron bastante imprecisos en el remate.

Los dos puntas fueron un poco víctimas de las dificultades del Villarreal para asentarse en campo contrario. Cuando el equipo salía por fuera, desde el lateral izquierdo Pedraza, que estaba pegado a la cal como su compañero en la otra banda, los volantes se colocaban en el interior en zona de tres cuartos para aprovechar los espacios que les daban Ekambi y Bacca que estaban por fuera. La falta de actividad por el exterior también está resultando ser un punto de conflicto en la transición. El Villarreal solo habita este sector cuando traza movimientos sin balón y no tanto con él.

La poca presencia exterior en campo rival está dificultando los ataques del conjunto amarillo.

Ambos laterales están siendo poco productivos en ataque, ayer sobre todo Pedraza, que compartía carril con la libertad de Sansone y Ekambi para ir por fuera o por dentro. En cambio, Miguelón tuvo todo el carril por él solo a raíz de la intermitencia de Bacca por esa zona y la asiduidad con la que Cazorla pisaba el pasadizo central para dar recorrido al balón. Esta indecisión provocó que el Villarreal centrara su juego sobre todo por el medio y limitara el radio de acción del Rangers en el momento de defender, bastante permisivos en campo propio.

La entrada de Manu Trigueros oxigenó las posesiones del equipo y acumuló capacidad asociativa por dentro para dar más continuidad a las transiciones ofensivas del conjunto groguet. Para dar un toque diferente en el último sector, Calleja introdujo a Gerard Moreno para construir un puente más llamativo entre el medio del campo y la delantera no solo a partir del de Santa Perpetua de la Mogoda sino también desde un «nuevo» dibujo: el 4-4-2 en rombo. Con este recurso, el Villarreal ganó el protagonismo ofensivo que no había tenido en todo el partido pero le faltó eficiencia en la toma de decisiones y seguridad tanto con la pelota como sin ella. El submarino pagó caro la falta de ritmo competitivo de sus rotaciones y no consiguió ahuyentar los fantasmas que le están persiguiendo en este inicio, cada vez más pesados en el vestuario del Estadio de la Cerámica.

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