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Sarabia para Machín

El Sevilla está encaminado, cada vez más, a ser el equipo de Pablo Sarabia. Así lo ha detectado Pablo Machín otorgándole un rol que le casa como anillo al dedo en un contexto que potencia todas sus virtudes. En el Ciutat de València el esquema usado por el técnico soriano fue el 3-5-2, sacrificando a Roque Mesa en la base de la jugada para formar con Éver Banega en el primer pase y dos interiores enfocados a romper hacia adelante: Mudo Vázquez y Sarabia. Fue un plan de una única vía, el del no control y la agresión constante. Los interiores iban siempre hacia arriba, buscando agredir y no gestionar, y en esa situación Banega quedaba muy solo en el trato del balón, por lo que el primer pase no era nunca limpio. Pero los movimientos de la doble punta favorecieron el juego directo y abrieron nuevas vías de ataque.

13 goles y 6 asistencias en 18 partidos para Pablo Sarabia.

Al nuevo plan de Pablo Machín hay que añadirle la doble punta formada por André Silva y Wissam Ben Yedder. Mientras el primero es un jugador que permite el juego directo al pie para orientar a los interiores en carrera, algo que casa muy bien cuando ahí están Sarabia y el Mudo, el segundo fue, salvando todas las diferencias, el «nuevo Portu de Machín», ese jugador agresivo al espacio, siempre tirando desmarques y ofreciendo soluciones que son un caramelo para hombres como Banega y su envío en largo. Sus movimientos congeniaron de maravilla y desquiciaron la espalda de los de Paco López. El Levante era mejor, pero el Sevilla mataba antes de hablar.

Si Machín quiso importar el Pere Pons- Àlex Granell en Sevilla con Banega y Roque Mesa, puede que ya haya cambiado de idea. Y es que las características de la segunda pareja son las opuestas a las de sus homólogos en Girona. Enfocados a la gestión permanente del balón, el Sevilla nunca lograba poner en ventaja a sus atacantes, no podía girar los sistemas defensivos rivales. A base de individualidades el Sevilla lograba sumar pequeñas cotas positivas, pero costaba ver brotes verdes en el equipo. Quizás ahora Machín sí haya dado con la tecla con un esquema que favorece a los jugadores que deben decidir y da más espacio a los carrileros, que no han disfrutado de hueco ni para sus llegadas en contrataque ni los han puesto en ventaja en ataque posicional.

El 4-4-2 de Paco López se encontraba siempre en inferioridad cuando el Sevilla lograba llevar el cuero a la zona de Banega, el 3×2 ahí de los visitantes hizo mucho daño, y Sarabia conducía con celeridad conectando con un Ben Yedder que parece imposible que aún no sea indiscutible. Su definición ante el portero está muy por encima de la de Luis Muriel y su abanico de desmarques no distan de los que pueda ofrecer el colombiano. Machín va entendiendo lo que sus jugadores necesitan y el partido en Valencia sirvió para que el técnico soriano les brindase un contexto distinto al que venía mostrando en citas anteriores y, a pesar de prescindir de Roque Mesa, el equipo se acercó más al gol de lo que lo hizo en noches anteriores.

A partir de las modificaciones propuestas en esa fecha, puede que el (re)planteamiento de Machín en el Ciutat sirva para asentar unas nuevas bases que, hasta el momento, parecen tener más coherencia con lo que hay en el Pizjuán. A todo esto jugadores como Promes o Nolito pueden sumar en distintos contextos, abiertos o más cerrados. Pablo Machín deberá decidir si quiere continuar dando vueltas a cómo potenciar su plan A o, como se vio en Valencia, si su «centro del campo sin centrocampistas» es su nueva hoja de ruta.

 

 

 

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