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No basta con sobrevivir

El Barcelona de Valverde giró el volante este verano para explorar otras direcciones. La apuesta por el contracultural 4-4-2, para dotar al equipo de mayor consistencia, quedó atrás. En su segundo año, un matizable 4-3-3 ha fraccionado a un Barça que ha perdido todo lo positivo de la temporada anterior. No hay rutas fiables en dirección a Leo Messi y la coyuntura de Rakitic y Sergio Busquets, desarraigada en el eje, separa al equipo en pedazos, exponiéndolo tras la pérdida de balón. Fueron las rachas emocionales del Leganés, dotadas de amenazas profundas en forma de balones en largo, el factor que resquebrajó a un Barça herido. Los solos nunca destacarán más que una orquesta. 

En Butarque, Mauricio Pellegrino cambió el sistema para recibir al Barcelona. Con un 5-4-1 replegado en campo propio, priorizó la protección de la zona central, el espacio de recepción de Messi. Pero el argentino tiende, cada vez más, a recibir en determinados momentos del encuentro por fuera. Fue desde el lado derecho donde Messi partía para golpear por dentro al Leganés. El plácido juego del Barça terminó con el 0-1. Con el resultado en contra, los de Pellegrino se quitaron el corsé y le perdieron el respeto a los vigentes campeones. Subieron la línea de presión y dañaron a los de Valverde con movimientos básicos que la defensa catalana no supo parar. Seguían lejos de Ter Stegen en la distancia, pero más cerca de lo que parecía en la práctica.

Resulta muy difícil no comparar. Y es que el Barça ha ido desmembrando su mensaje -de muchas formas- con el paso de los años. El 4-4-2 de la temporada anterior fue una idea reflexiva, pero el 4-3-3 no solamente es un molde. No puede serlo. De nada sirve poblar el centro del campo con un hombre más si no eres capaz de protegerte con el balón. Las internadas de los interiores desnudan a Sergio Busquets y los centrales, expuestos a los desplazamientos en largo y en transiciones en conducción. Sin embargo, Munir El Haddadi apareció en el once aportando nuevas ideas. Permitió a Messi, supervisaba las apariciones del argentino. Con desmarques de ruptura en diagonal y caídas a banda para ofrecer a Leo el rol de falso nueve, Munir colaboró para el equipo con un repertorio que Luis Suárez no da.

En el otro costado, la baja de Jordi Alba modificaba el rol de sus compañeros más cercanos, Ousmane Dembélé y Philippe Coutinho. Fue en Butarque donde más incómodos se les notó. Sin la amplitud del lateral catalán, Dembélé estuvo impaciente a la hora de abrir el campo. Se inmiscuía rápidamente entre Juanfran y Tarín, pese a la insistencia de Coutinho de escupirle a la banda. El brasileño juega mejor cuando se siente libre, cuando tiene metros despoblados y emparejamientos individuales. Fintas de cuerpo y aceleración con el balón controlado. El ex del Liverpool es eso. Aunque, como interior, es demasiado agresivo si el Barça no cuida con la presión tras pérdida. Por su parte, el francés es más práctico cuando menos tiene que pensar. Movimientos básicos que potencian su presencia, pero demasiado ávidos en el escenario ofensivo catalán. Precisamente fue el binomio Busquets-Rakitic el que dotó de equilibrio al equipo el curso pasado, pese a las dificultades en ataque. El croata, pendiente de los movimientos de Messi, ahora también coquetea con movimientos verticales, porque el extremo es Sergi Roberto. En este contexto, la falta de protección sobre las posesiones -y la calidad de las mismas- impide al equipo defenderse con balón. El equipo es más agresivo y menos horizontal, y en este aspecto Coutinho no doma el esférico como lo hacía Andrés Iniesta (ni tampoco se le ofrecen otras vías). En ataque, el Barça busca la supervivencia a partir de las individualidades.

El Leganés sabía como crear dudas al Barça. Y es que, aún sin el balón, ya sabía qué haría tras la recuperación. Las diagonales de En-Nesyri en todas las direcciones y sus escuderos, Óscar Rodríguez y Nabil El Zhar, jugando como falsos mediapuntas. El poco abrigo recibido en lo global y su bajo rendimiento individual permitieron a los tres atacantes dinamizar sus movimientos ante Samuel Umtiti y Gerard Piqué. La heroicidad de Cuéllar permitió al Lega sumar sus primeros tres puntos en Liga, en la única vez esta temporada en que los pepineros jugaron con un marcador a favor. Por parte azulgrana, los de Valverde han perdido el recorrido de fortaleza defensiva que mostró durante la campaña pasada, sin ser en lo coyuntural un equipo dominador del balón con rutas marcadas -más allá de las piezas motu proprio-. Ya no basta con sobrevivir. Resistir en el partido a partido le ha demostrado al Barça ser menos eficaz en el largo plazo. Sin el principal argumento de la temporada anterior y aún falto de ideas, tanto generales como concretas, el Leganés derrocó al Barcelona con recursos simples. Y esperan en octubre Real Madrid, Inter de Milán, Valencia, Tottenham y Sevilla.

 

 

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