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Renacer en el Pizjuán

El Sánchez Pizjuán se viste de gala cada vez que ve al Real Madrid saltar sobre el verde. Los Sevilla – Real Madrid constituyen uno de los partidos que más ha calado en el imaginario futbolístico español por noches como las de ayer, aunque solo uno de ellos se anunciase como opositor para llevarse los tres puntos. El conjunto de Pablo Machín mostró los dientes y su mejor versión para amedrentar a un ingenuo Real Madrid, incapaz de aguantar el avasallador ritmo sevillista. Encontraron el partido personificados en las actuaciones de Jesús Navas, Pablo Sarabia y una doble punta que tiñe de gol cada ataque. Los de Lopetegui, desdibujados y apáticos, nunca pudieron igualar a su oponente.

De entrada el partido estuvo marcado por las decisiones de ambos técnicos. El local, Machín, volvió  a apostar por el 3-5-2 que lució en el Ciutat de València y que tan bien le funcionó a campo abierto. Consciente que los envites frente al Real Madrid suelen dejar hectáreas a las que explotar, el soriano tiró del Mudo Vázquez y Sarabia en los interiores, con Ben Yedder y André Silva en una doble punta que casa de maravilla. Por su parte, Julen Lopetegui y lo que propusiera iba a estar marcado por las bajas de Isco Alarcón y Dani Carvajal, ambos capitales. Sin el primero, nadie revoloteaba por dentro, nadie lograba girar el entramado sevillista. Sin el segundo, Kroos y Ramos perdían el punto de referencia sobre el que orientan sus cambios de juego, una de las principales claves del juego posicional blanco en este inicio de curso.

Los primeros 45 minutos fueron un monólogo del Sevilla. Su planteamiento atendía a las necesidades de Sarabia y Jesús Navas. Ambos destrozaron, compartiendo el sector diestro, la parcela «defendida» por Toni Kroos y Marcelo. Decimos «defendida» porque ambos estaban ahí, pero ninguno de los dos hizo ademán de defender y corregir los desajustes que iban apareciendo. El Real Madrid no mostró el fútbol que viene desplegando en estos primeros compases de la temporada y exhibió una cara que, aunque Julen ha intentado evitarla, al final ha salido a flote. El Madrid fue el rey caminando en el alambre, pero quien muchas veces le salvaba ya no está aquí. Así pues, vistas las intenciones, el Sevilla activó su plan, y tras cada robo fruto de un Madrid que no lograba asentar su posesión donde le interesaba, con pases blandos y poco precisos, el Sevilla lanzaba a sus cuchillos -Navas y Sarabia- y cargaba el área con Ben Yedder y André Silva, dos protagonistas que nunca estuvieron en las quinielas. El Sevilla golpeaba y, a base de manotazos, iba sacudiendo a un Madrid letárgico.

Los blancos salieron con la CMK demasiado estática. Kroos pinchado en el sector zurdo no podía sacar rédito a su fenomenal cambio de juego porque el Sevilla cerró perfectamente bien cada pasillo por donde el Madrid pudiera entrar. Modric, aislado, no encontraba sosiego en un partido de tanto ritmo. El Sevilla fue mejor desde la sabiduría, no del juego, sino del partido, sabiendo en todo momento qué decisión tomar. Gareth Bale fue el único que interpuso resistencia, tirando de su enorme convicción, pero errando ante un gigantesco Tomas Vaclik que paraba lo imparable. Nacho y Marcelo no fueron capaces de darle al Real ese «extra» que se necesita para estirar a rivales que conceden tan poco por fuera. El brasileño está en esa fase que resta más que suma, porque así son los genios, no tienen grises en su paleta. 

Partido que refuerza enormemente a un técnico como Machín, mirado con recelo por algunos por ser fiel solo a un esquema, demostrando que sabe cambiar en función de lo que tiene. Porque así ha «nacido» este Sevilla, fruto de las dudas, Pablo ha probado con un sistema que requiere de dos premisas: activación mental y velocidad en la toma de decisiones. Pensado para ser un sistema que haga largo el campo, la verticalidad es un ingrediente indispensable, pues así es la naturaleza de los jugadores que le dan mayor sentido. Pero la noche no se explica sin Éver Banega y el Mudo Vázquez, que fueron jugando con los nervios del Real Madrid, buscándoles las cosquillas y haciéndoles perder el control. Fueron las sombras del ocaso del Real Madrid, el primero de la era Lopetegui.

 

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