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Darle un contexto a Fornals

Cuando algo funciona, mejor no tocarlo. Ese popular dicho habrá pasado por la cabeza de Javi Calleja tras finalizar la temporada pasada. Variando el clásico sistema 4-4-2 que habían utilizado sus predecesores Marcelino y Escribá en su vertiente en forma de rombo, el técnico madrileño encontró la solidez necesaria para realzar el vuelo de un Villarreal que estaba firmando un año verdaderamente irregular. Logrando la quinta plaza la temporada pasada, aunque lejos en puntuación de las posiciones Champions, la planificación de la actual, con la Europa League en el horizonte y repetir el objetivo que se marca siempre la entidad castellonense, esgrimió un camino que era continuista con la propuesta de Calleja.

La salida de Rodrigo Hernández, que había sido capital en el eje de ese centro del campo, la bisagra desde el pivote que manejaba a todo su equipo, fue clave para entender que no sería fácil sustituirle, pero que constituía una pieza fundamental para entender el modelo del técnico madrileño. Su recambio natural, aún con la eterna baja de Bruno Soriano, se encontró en uno de los fichajes: Santiago Cáseres. El joven centrocampista argentino fue el elegido por Calleja dándole ya la titularidad desde la primera jornada de liga. Sin embargo, su lesión pareció trastocar por completo los planes del técnico del submarino amarillo, que sin hombres de banda tras las salidas de Castillejo, Pedraza o Cheryshev, le imposibilitaba la opción de cambiar de esquema, teniendo que ser continuista con la línea marcada o bien exigir a otros jugadores un rendimiento alejado de sus posiciones fetiche, cosa que probó escorando a Fornals y a Santi Cazorla en alguna ocasión o colocando en los costados a Raba y Layún.

Morlanes fue otra de las opciones que hasta el momento ha probado Calleja para suplir a Cáseres, aunque en su caso bien resguardado prácticamente en paralelo con Trigueros. Sin embargo, el joven canterano maño, a pesar de ser una de las mayores promesas de la cantera amarilla y un habitual en las inferiores de la Selección Española, no parece que vaya a contar con demasiada frecuencia en el once de Calleja, a no ser que su rendimiento despunte, pues por lo pronto parece que su apuesta más firme en esa posición está siendo otro de los fichajes, aunque en este caso llegaba, a priori, con otra finalidad, como es Rodrigo Funes Mori.

Funes Mori ha cogido peso como opción en el pivote para cubrir la baja de Cáseres.

Asentando al argentino ex del Everton en el pivote, Calleja puede volver a emplear ese 4-4-2 en rombo que tanto le caracteriza. Sin embargo, no estamos viendo a un Villarreal demasiado fluido con el balón en su posesión. Como pudimos ver en su último encuentro ante el Athletic, el centro del campo apenas tenía influencia en la construcción de juego, siendo Bacca y Gerard Moreno los receptores directos de los balones surtidos verticalmente por las primeras instancias amarillas. Esto por momentos aceleró y desmembró el partido, cayendo en un descontrol total, pero cuando no era así, los bilbaínos dominaban el cuero sin demasiada oposición. Esto se explica sobre todo desde el propio Funes Mori. Si bien el argentino aporta el equilibrio necesario por delante de los centrales en un sistema como el de Calleja, su menor capacidad para dominar el cuero, girarse y salir jugando con la opción más fructífera impiden la libertad y el vuelo de un hombre capital en las posesiones groguets: Manu Trigueros.

Con Rodri como excelente pieza a la hora de engrasar el engranaje amarillo en la posición del ‘5’, Trigueros podía adelantar unos metros su posición desde el interior, encargarse de orientar el juego de los suyos y ser el nexo necesario para la creación de fútbol ofensivo. Algo similar pudimos ver en los pocos momentos de Cáseres, que podría ser su acompañante ideal, pero es algo que no termina de germinar al lado de Funes Mori. Trigueros ha perdido protagonismo, y eso resiente mucho el juego groguet, pues recuperarlo para la causa en esas funciones de elaboración se antoja clave para desarrollar el mejor fútbol posible en el Estadio de la Cerámica. Es por ello que en San Mamés, y ante esa ausencia de control por parte del centro del campo del Villarreal, al margen del citado trabajo de Bacca y Gerard Moreno, destacó por encima del resto la calidad de un jugador que la atesora a raudales: Pablo Fornals.

El castellonense entendió las necesidades del equipo y firmó una segunda parte en el feudo bilbaíno para el recuerdo. Su calidad siempre estuvo fuera de duda, pero es muy dependiente del contexto que le rodea, y si este favorece a su rol, es capaz de ser un líder con balón. El único problema entonces es su regularidad en este aspecto. Además de su excepcional golazo en la Catedral desde unos cuarenta metros de distancia, Fornals dinamitó el partido cargando su equipo a la espalda, siendo el encargado de dirigir las transiciones y de activar a Bacca y Gerard Moreno, dejando también patente su calidad en acciones de exquisita técnica, que vienen a mostrar el brillo que el castellonense puede llegar a alcanzar cuando el contexto le favorece a ello.

El partido de Fornals en San Mamés viene a ser una potente muestra de su calidad, pero es algo que el castellonense debe convertir en habitual y no en excepcional.

Sin duda, y mientras Funes Mori sea la apuesta principal, Calleja necesitará de la inspiración de un Fornals que puede liderar las transiciones y las posesiones groguets mientras Trigueros no esté reactivado. La calidad técnica y táctica de su centro del campo es un valor incalculable para Calleja, pero rodear adecuadamente a Pablo y Manu y dotarles del contexto adecuado para que desplieguen todo su fútbol, se antoja clave para reactivar el preciosista fútbol de un Villarreal que está aún comenzando a carburar. Eso sí, con noches de inspiración de Fornals como la vista en Bilbao, compensa con creces cualquier déficit en el juego que pueda tener su equipo los minutos anteriores a su aparición. Lo de Fornals en San Mamés fue una cosa de locos.

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