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Largos veranos

Primer derbi entre Real y Atlético sin Cristiano Ronaldo ni Gabi. O lo que es lo mismo. Primer derbi sin dos de los factores competitivos más importantes en el último lustro. Ambos equipos se miran distinto, conscientes de que sus pieles están cambiando, y así fue el partido, con un Real Madrid que sigue buscando su nuevo camino, alejado del pragmatismo casi irreal que se vivió con Zidane, y el Cholo Simeone, que ha encontrado en Rodri un jugador delicioso, aún por moldearse en el ideario cholista, pero con un control del juego abrumador. Ambos conjuntos siguen, en cierto modo, arrastrando la somnolencia de pretemporada, sin continuidad en los 90 minutos en sus propuestas y con dificultad para hacer su estilo predominante. Son largos los veranos en Madrid.

Julen Lopetegui ya tiene a «sus 11». Sin Cristiano  rápidamente se postularon Isco Alarcón y Marco Asensio para presentar candidatura. Con la baja del malagueño, Marco fue quien ocupó en el derbi el sector zurdo del ataque madridista, con Bale en el otro costado, aunque todo sobre el papel, pues el ataque del Real Madrid es líquido, en constante movimiento y compartiendo zonas. El Cholo, siempre avispado, apostó por el mismo centro del campo que tumbó al Madrid en Tallin y no estuvo lejos de repetirlo, sobre todo en un primer tiempo marcado por los rojiblancos. La puesta en escena del Atlético fue realmente buena, sin dejar jugar al Real y tocando muy rápido, con Koke y Rodri marcando el ritmo. Sin Marcelo, la banda izquierda de los de Julen quedaba completamente inhabilitada, con Asensio moviéndose mucho y picando poco, nadie intimidaba el que era el punto débil de los del Cholo.

La posesión del Real Madrid era bastante conservadora, como tanteando eternamente a un Atlético que nunca tuvo que acudir al área chica, viviendo muy cómodo en un bloque medio y jugando con facilidad. Modric jugaba más retrasado que de costumbre, Kroos no activaba a Carvajal, consciente el Atlético en tapar ese envío con Koke y Filipe, y Gareth Bale no tradujo su ímpetu en peligro real, pues el partido quizás pedía que se escorara más. A cada pérdida reaccionaban los del Cholo con inteligencia, con un Rodrigo Hernández imperial en el primer pase. Su forma de proteger la pelota, de darle sentido al juego y de encontrar siempre la solución fácil son una especie de extraño tesoro del que nunca pudo disfrutar el Atlético. Además, la primera mitad nos permitió ver a un Saúl mucho más cómodo en el doble pivote, gozando de más espacio por el centro. Rodri limpiaba la salida, Griezmann atraía la atención en la zona central y Costa estiraba al Atleti. En esa zona desocupada, a la que nadie le echaba un ojo, aparecía Saúl Ñíguez para poner más leña al fuego.

Lopetegui acertó con el cambio y la ubicación de Ceballos, lo que condicionó la defensa rojiblanca.

El descanso le sentó bien al Real Madrid pese a lesión de Gareth Bale. Entró un hiperactivo Dani Ceballos que pareció combatir él solo contra el letargo en la posesión blanca. El Madrid se ordenó en un 4-1-3-2, con Casemiro de ancla y Ceballos recibiendo escorado en izquierda. Fue recibir Dani y encontrar superioridades constantemente, pues el Atlético no estaba preparado para defenderlo. Actuó como lo hubiera hecho -e hizo en numerosas ocasiones- Isco, buscando pelota, atrayendo marcas y sorteándolas constantemente. Fue el argumento blanco en el segundo tiempo, el único que jugó como se jugaría en mayo y no en agosto, pero a pesar del dominio blanco, el Madrid se topaba de nuevo con su mal esta temporada. El gol cuesta el doble. Sin Bale y con un Benzema que parece haber vuelto al de la pasada campaña, el Madrid apenas inquietó a Jan Oblak en una ocasión.

El Atlético se agazapó al partido recordando viejos tiempos, aculado en área propia con un José María Giménez imperial, que defendió por todo los rojiblancos juntos. A campo abierto, dejando en nada una carrera de Asensio, o dentro del área, dominando cualquier intento de centro lateral o pase filtrado. Suya fue una exhibición que, sino fuera porque juega con el que patentó partidos de este nivel en el Bernabéu, no nos lo creeríamos. Giménez hizo de nuevo lo que Godín convirtió en rutinario. Y así se aguantó el Atlético, que mejoró con la entrada de Thomas sobre el césped. Y es que pese a todo, por mucho que cambien las cosas, el guion fue el que se esperaba, con Rodri estableciéndose ya como una realidad en el ecosistema del Cholo. El primer derbi fue el de la confirmación de Rodrigo Hernández, la exuberancia de Giménez y la rebeldía de Ceballos. Todo bajo las ausencias de Cristiano y Gabi. A veces todo se explica mejor desde los que ya no están. Qué largos veranos.

 

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