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Una vida nueva

Levantar el vuelo de un proyecto que fracasa y que tomas como herencia a mitad de temporada es algo verdaderamente complicado. Hacerlo teniendo que modificar el planteamiento base que tú mismo habías desarrollado e instaurado en la plantilla es todavía más difícil, pero es el nuevo paso adelante que está teniendo que dar Paco López en su Levante. El conjunto granota se había desarrollado en base a un 4-4-2 muy poco variado por su técnico, en el que el pragmatismo, la verticalidad por los costados y la solidez defensiva se habían impuesto en un conjunto levantinista que parecía abocado al descenso hasta la llegada del valenciano al banquillo. El tramo final de la pasada campaña de su Levante nos fascinó a todos, siendo la gran revelación de la primera mitad de 2018 junto al Alavés de Abelardo, que aún hoy sigue de dulce y que medía sus sensaciones esta jornada precisamente en el Ciutat de València.

Para esta visita de los vitorianos, que se produce exactamente un año después de la última, cuando un debutante en liga De Biasi vencía a Juan Ramón López Muñiz -cómo cambia el fútbol en solo un año-, Paco López decidió matizar su esquema prototípico con la intención de poner fin a los principales déficits que había mostrado el conjunto levantinista al comienzo de la presente temporada. Sobre el papel, el planteamiento del valenciano parecía asemejarse al habitual, con Morales echado al centro para acompañar a Boateng en la doble punta mientras Jason y Rochina ocupaban los carriles, o bien -en una variante ya utilizada- con el valenciano en la mediapunta y Morales en banda izquierda, pero nada más lejos de la realidad.

Morales volvió a partir desde el carril central dando vía libre a Toño y generando espacios que Rochina se encargaba de aprovechar.

Con el 4-4-2 característico perfectamente definido en fase de repliegue, apostando por la verticalidad de Morales cuando fuese posible la transición, cuando el Levante debía tomar el mando y elaborar la jugada en una fase ofensiva más trabajada el esquema granota mutaba por completo. Su línea defensiva pasaba a cerrar con tres, convirtiendo a Toño en carrilero izquierdo mientras Jason hacía las mismas por el sector contrario, aunque en su caso más liberado de las acciones defensivas por la doble función que cumplía Cabaco, haciendo las de lateral diestro o tercer central según la situación en que se encontrase el partido, por lo que el madrileño contaba con más recorrido y desgaste. Pero fue esta importante presencia exterior de Toño y Jason la que dotó al Levante de esa profundidad y desborde de la que careció estas primeras jornadas, pero además permitió al equipo mostrarse menos partido por la mitad al tener más gente por detrás de la zona de pérdida, algo que ante el Sevilla le penalizó en exceso. Con Morales echado definitivamente a posiciones más interiores, cedió todo el carril a un Toño que, más allá del gol, firmó un partido de altas cotas, participando con mucho peso en todas las acciones del carril que hizo girarse  y partió al equipo vitoriano.

No menos importante para esto fue el desempeño de Rubén Rochina. El valenciano contó con toda la libertad para moverse desde la media punta ocupando los espacios que Boateng y Morales generaban con sus movimientos y sirviendo de apoyo por los dos costados a los relucientes «carrileros» de Paco López, aunque especialmente activo por izquierda. Su participación fue muy alta y de gran importancia, pues su capacidad asociativa permitió a los granotas avanzar en sus posesiones hacia el área. Un valor para el equipo que solo la regularidad dictará si su rendimiento podrá continuar siendo tan diferencial para los suyos.

Matices diferentes en el esquema tipo para recuperar las buenas sensaciones del tramo final de la temporada pasada. Ideas nuevas para una vida nueva.

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