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Cada vez más lejos de desbordar

Es natural y aceptable que un equipo grande base su sistema y su proyecto en su gran estrella. Invierte en ella un importante esfuerzo económico y además adapta su plantilla para que se sienta cómodo y líder. Cristiano Ronaldo alcanzó sin duda este estatus en el Real Madrid, y con él se logró un nivel competitivo altísimo para el que el rendimiento y el aprovechamiento sobre el campo de las características del portugués eran fundamentales. Su marcha ya no es que vacíe un importante saco de goles asegurado por temporada, es que obligaba al club a replantear el futuro deportivo del equipo. Pero también a sus compañeros a reconfigurar su rol sobre todo en el campo, para lo que el nuevo entrenador sería crucial. En ataque, el Madrid debía encontrar nuevos mecanismos, automatismos y caminos para llegar al gol tras años de confianza plena en su brutal rematador. El partido contra el CSKA de Moscú ha sido el tercero consecutivo sin ver portería, algo que no ocurría desde la temporada 2006/2007.

El once que planteó Julen Lopetegui estaba lleno de novedades, de cabo a rabo. De entrada, contaba con las bajas por lesión de Marcelo y por enfermedad de Isco. Además, dejó por precaución en Madrid a Sergio Ramos y Gareth Bale. Y, por si fuera poca pérdida de grandeza, reservó junto a él en el banquillo a Luka Modric. Los once jugadores elegidos tuvieron el hándicap de compartir un sistema novedoso estando lejos de ser un bloque con antecedentes competitivos reconocibles. El técnico vasco optó por un 4-4-2 convencional cuyo eje ocupaban Toni Kroos y Casemiro y a cuyas bandas caían Lucas Vázquez y Dani Ceballos. La doble punta la formaron Karim Benzema y Marco Asensio, que no demostraron finura ni sentido táctico para intimidar a la defensa rusa ni capacidad para ser ese receptor que aglutinara al resto de compañeros en torno a la frontal del área rival. En el centro del campo el doble pivote no generó ventajas para el sistema a raíz de un mediocre Kroos que ni dominó a partir del pase, impreciso y poco decisivo, ni consiguió imponer un ritmo que engrasara la maquinaria blanca. Ceballos repetía en izquierda tras las buenas sensaciones que dejó en el derby del sábado jugando de extremo, pero esta vez lo hizo desde el volante, más retrasado, con lo que tampoco pudo ser esa chincheta que, clavada cerca del pico del área, empujara por descaro, virtuosismo y personalidad al rival contra su portería. Una portería poco amenazada por un Real con una continua e infructuosa batalla a la hora de verticalizar y generar juego profundo, problema crónico que ya padecía la temporada pasada y que ahora, sin claras referencias individuales arriba, parece condenarle a cada ocasión.

Odriozola y Mariano suponen de manera directa un punto más de profundidad.

Enfrente, claro, tuvo un gran rival. Repletos de confianza tras adelantarse en el minuto 2 y cargados de una encomiable energía bien enfocada además por su entrenador Viktor Goncharenko, se aprovecharon de la endeblez de la zaga visitante protagonizada por un blandísimo Raphaël Varane y de la falta de fluidez y creatividad rival. Mientras, alternaban fases de repliegue con otras de presión alta, colocando siempre alguna pieza que tapara la visión de Kroos o Modric, y contraataques que masacraban la espalda de los mediocentros con las oportunas caídas ahí de Nikola Vlasic o Dmitriy Efremov. En la segunda mitad progresivamente se fueron acomodando en campo propio tras los cambios de Lopetegui, que propuso una doble punta metiendo a Mariano Díaz en el área para que la movilidad de Benzema no la vaciara tanto y sobre todo una banda derecha con muchas posibilidades donde se dejaba caer Asensio para la combinación y la diagonal y un frecuente Álvaro Odriozola que estuvo cerca de ser el asistente del gol del empate. El CSKA no dudó en cerrar ese lado y en definitiva toda su medular con dos hombres para ensuciar cada circulación y ataque blanco. El Madrid terminó con un 72% de posesión, 26 disparos aunque solo 4 a puerta e incluso 3 lanzamientos a los palos, pero nunca dio la sensación de ser capaz de desbordar ni girar a la defensa rival. Y lo que es peor; tampoco nos hace pensar, ya desde las últimas fechas, que tal bajón de rendimiento requiera solo de matices para competir a mayor nivel, sino que el problema puede ser tan profundo que requiera de reflexión y finísimo trabajo en despachos, vestuario y césped.

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