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El inmovilismo bávaro

Múnich, capital de Baviera, es una de las ciudades más ‘dominantes’ de Alemania. En esa ciudad se dieron los primeros movimientos de lo que se alzaría como el régimen más sangriento de la historia de la humanidad con actos como el ‘Putsch de Múnich’ en la famosa cervecería Bürgerbräukeller. Y en esa misma localidad de cerca de millón y media de habitantes se encuentra el club de fútbol más dominante de la Bundesliga con 27 títulos. El Bayern de Múnich encara una nueva temporada donde el dominio alemán se da por supuesto y donde la cabeza gira en torno a Europa en un nuevo proyecto en el banquillo. Por eso mismo, Niko Kovac ha comenzado a observar las primeras dudas en el entorno del club, tras sus últimos malos resultados en Bundesliga y Champions League.

El comienzo de temporada fue apabullante para un equipo que apenas ha cambiado de fichas con respecto al año anterior. La goleada al Eintracht de Frankfurt en la supercopa alemana dejó claro que lo ocurrido en la final de la DFB Pökal del año anterior había sido un accidente. Sin embargo, ese tropiezo mayúsculo del conjunto dirigido por Heynckes comenzó a sembrar en el respetable bávaro un sentimiento de cierto desencanto con su equipo. Los resultados favorables en el comienzo de temporada, ya con Kovac en el banquillo, sentaron bien en el entorno del club. Pese a todo, aún había voces desencantadas con un equipo que parece atrapado en el tiempo, en lo que a piezas/futbolistas y forma de juego se refiere.

El Bayern de Múnich adolece un estilo y una forma de jugar adscrita a su nombre, además de renovar el hambre de títulos en su plantilla.

El Bayern de Múnich se despidió con Pep Guardiola de una seña de identidad que prolongó su dominio en Alemania, una tiranía que no supo trasladar a Europa. Desde aquellos años donde el juego y la identificación con una manera de jugar paliaron los desencantos europeos, el club bávaro no ha vuelto a enamorar a sus aficionados con algo que no sean los resultados y un dominio nacional que ya se entiende como algo inherente al nombre de la entidad. El Bayern de Múnich adolece un estilo y una forma de jugar adscrita a su nombre, además de renovar el hambre de títulos en su plantilla. La columna vertebral de este Bayern de Múnich sigue siendo la que acunó Pep Guardiola, con el desgaste que ello conlleva. Incluso aún perduran nombres de la etapa con el glorioso triplete de Jupp Heynckes. Nos referimos a hombres como Neuer, Boateng, Alaba, Ribery, Robben, Müller o Lewandowsky. Su calidad está fuera de toda duda, pero que los resultados el Bayern sigan pasando por las botas de los mismos jugadores que hace cinco o seis años deja a las claras el inmovilismo muniqués en este sentido.

Sin embargo, no todo son ‘viejas glorias’ en el Bayern de Múnich. Además de tener el ejemplo negativo dentro de su plantilla también tienen el positivo. Ese ejemplo está en nombres como Joshua Kimmich, Niklas Süle, Thiago Alcántara, Leon Goretzka, Kingsley Coman o Serge Gnabry. Jugadores jóvenes y con mucha progresión muchos de ellos y, sobre todo, con un componente esencial dentro de una plantilla, en parte, saciada: hambre de triunfo y títulos. Un jugador en plena madurez futbolística como Thiago está capacitado para dar un paso adelante y, a sus 27 años, liderar un proyecto como el del Bayern de Múnich escudado por una gran camada de jovencísimos y contrastados talentos. Pero en este ámbito, la vieja guardia sigue entorpeciendo esta progresión en galones de otros nombres de la plantilla.

En la entidad de Múnich deben empezar a plantearse las remodelaciones necesarias que le permitan llegar al trono europeo.

Solo después de haber explicado esta situación se puede entender cómo, después de un empate y una derrota en Bundesliga, han saltado las alarmas en el Bayern de Múnich. Ante tal panorama, la sensibilidad del personal está muy tocada, y cualquier tropiezo o resultado que se salga de lo ‘normal’ –entendiendo como normal la tiranía de FC Bayern en Bundesliga– es aprovechado para criticar a un equipo que puede estar equivocándose en la gestión de los tiempos. Lo más lógico es que el Bayern de Múnich de Kovac acabe imponiéndose en Bundesliga, ya que todo lo que no sea campeonar en Alemania sería un fracaso sin precedentes por el nivel deportivo y económico del conjunto bávaro. Pero, pese a eso, en la entidad de Múnich deben empezar a plantearse las remodelaciones necesarias que le permitan llegar al trono europeo. En el seno de la Europa de entre guerras, Adolf Hitler, tras un batacazo enorme como fue el fracaso del ‘Putsch’, adoptó una nueva estrategia que, a la larga, le llevó a la cancillería. Un cambio de rumbo en estrategia que también parece necesitar un gigante estancando en su última gran generación de futbolistas pasados.

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