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La precisión no lo es todo

Para materializar una diana en la portería rival, todo futbolista que se precie debe atinar con precisión su disparo. En Heliópolis, la temporada ha comenzado con un acierto frente a la meta contraria muy deplorable. Son cinco las dianas a favor y otras tantas en contra las que posee el Real Betis en sus registros en los ocho partidos que ha disputado hasta el momento. Si bien su capacidad defensiva es, posiblemente, la mejor de la presente Liga junto con la del Atlético de Madrid, su facilidad para conseguir ventaja a través del gol es sumamente escasa. Podría resumirse este obstáculo en la escasez de precisión que tienen los jugadores de Setién de cara a la portería. Sin embargo, son varios los factores que podríamos definir para aclarar la situación tan mejorable por la que pasa el equipo.

Sin evadir el demérito de la falta de precisión de la que los jugadores béticos se aquejan, hay un grave déficit de verticalidad a la hora de realizar la transición y la consecuente llegada al área rival. Pueda ser por no unir las piezas necesarias o por falta de espacios, los jugadores ofensivos del Betis se plantan en torno al área del contrario con una acumulación que, constantemente, fluye por tres cuartos del campo, circulando el balón en busca de un espacio que atravesar. Los carrileros, con una zona de actuación muy extensa a través de sus bandas, tratan de ensanchar el campo para utilizar más parte del terreno de juego a la hora de trasladar el balón. No obstante, los interiores o extremos, según el esquema, orbitan apoyando a la figura del delantero, el mayor perjudicado por todos los problemas que afectan a la fluidez del juego verdiblanco.

El juego de posición que propone Setién se resiente por la falta de verticalidad en la transición.

Es, precisamente, el delantero al que más le cuesta acomodarse en la fase ofensiva del Betis. Fijado entre los centrales rivales con permanencia, sin apenas opciones de movilidad durante la posesión de su equipo, aquel que lidera la línea de ataque se resiente de sus capacidades a la hora de habilitar espacios a sus compañeros. No puede encontrar, tampoco, desmarques que aprovechar con pases filtrados ya que la marca rival es muy intensa y pegajosa. Así las cosas, es el delantero el que debe tirar de astucia para liberarse de su par en alguna jugada vertiginosa para colocarse en una posición aprovechable. Si esto ocurre, sus compañeros consiguen un apoyo a la hora de encarar la portería que facilita el disparo, ya sea del propio delantero o de cualquier otro futbolista del equipo.

Las dos primeras pueden solucionarse con ajustes tácticos del propio esquema, pero el problema que potencia los primeros desarrollados aparece en el contrario. Cada vez es más frecuente para el Betis experimentar una defensa rival muy rocosa, manteniendo sus líneas muy juntas entre sí, aglomeradas sobre su propio área. El Betis, al tratar de circular el balón entre las líneas contrarias, a fin de encontrar espacios para filtrar pases que puedan aprovechar los desmarcados recibiendo de cara a la portería, incide mucho en las triangulaciones apoyadas por los carrileros. Estos ayudan en la circulación del balón a la hora de atravesar líneas con desmarques verticales que puedan usar los interiores de pared, en busca de la filtración del balón a la espalda de la zaga rival. Sin embargo, el Betis ha visto en numerosas ocasiones esta temporada cómo muchos equipos han aprendido del comportamiento táctico bético. Pasó ante el Levante, ante el Alavés, ante el Athletic, ante el Olympiacos, ante el Girona y, más recientemente, ante el Leganés la pasada jornada, a quien derrotó por la mínima. Estos equipos, sabedores de su inferioridad futbolística ante el Real Betis, implantan una defensa con la primera y segunda línea de su esquema muy cercanas en el espacio. Así, consiguen que los huecos que se deben abrir entre ambas en una disposición común se reduzcan, imposibilitando la fluida circulación del esférico a través del fútbol de posición verdiblanco.

Los equipos que se enfrentan al Betis conocen su estilo y tratan de cerrar los espacios propios para complicar la circulación del cuero.

En el fútbol es imprescindible el gol, y el Betis está sufriendo para sacar ventaja material en el marcador en cada partido que juega. Quique Setién conoce las debilidades por las que su equipo pasa ahora, pero es un hombre de fútbol y conoce los entresijos que este deporte entraña. Son varios los ajustes que sabe que debe realizar, pero no se puede desmerecer del todo la mala racha de goles a favor que mantiene el Betis. Sin ir más lejos, es el segundo equipo, tras el Atlético de Madrid, que menos goles ha encajado de La Liga, y se encuentra en el rango de los cinco menos goleados de Europa. Este logro se debe a las mejoras que ha implantado Setién en comparación con la campaña pasada, algo a lo que se tendrán que ajustar, también, los suyos. No es preocupante a estas alturas que el Betis no golee, pero sí es algo que el cuerpo técnico debe tener en cuenta, puesto que los problemas se encuentran localizados. A buen seguro, las modificaciones llegarán y podrá carburar todo como la plantilla muestra que debe hacer.

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