Balón en Profundidad

Fútbol hasta la línea de gol

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Un 8 de 10

En ocasiones una actuación individual destacada permite que el equipo resulte vencedor en un encuentro.. o todo lo contrario. A veces no es suficiente para ganar al no lograr potenciar a los compañeros o no poder determinar el resultado por uno mismo, y es que al fin y al cabo el fútbol es un deporte colectivo. Sin embargo, en la mejor actuación grupal en lo que va de temporada del FC Barcelona dos nombres destacaron por encima del resto, activando al resto de blaugranas y firmando una noche para el recuerdo.

Leo Messi brilló de una forma que ya nos tiene acostumbrados; doblete, dos balones al palo y un recital de pases y regates que solo hacían por dañar al rival. Algo brutal en cualquier futbolista, convertido en cotidiano con el argentino. Si bien es cierto que Lio no necesita de nadie para que él logre o no ser determinante por sí mismo, la apuesta de Valverde condicionó y ayudó a que su capitán tuviera de nuevo un contexto favorable para ser tan superior. Todo giraba en torno a la titularidad de Arthur.

El brasileño jugó de partida como teórico interior junto a Rakitic y Busquets, aunque su altura en el campo estuvo mucho más cerca de la del catalán que la del croata, siendo uno de los múltiples matices que generó para su equipo. Con su entrada, Coutinho avanzó unos metros hasta la teórica -también- posición de extremo izquierdo, siendo Dembélé el sacrificado al banquillo. Esto supuso una vuelta a muchos de los mecanismos habituales del Barcelona. Sin un extremo por izquierda muy abierto y próximo a la línea de cal, Jordi Alba pudo aprovechar ese costado para quitar el polvo a esa ya clásica conexión con las diagonales de Leo Messi desde el carril central que tanto rédito ha dado en Can Barça y que prácticamente ningún equipo del mundo es capaz de ejecutar, y menos con tal solvencia y calidad. Algo que se refleja en el hat-trick de asistencias del lateral catalán. Para ello fue clave entender la posición de Coutinho, siempre partiendo desde allí pero buscando incidir por dentro hacia la zona donde más cómodo se siente: el pico del área.

Recuperar la clásica conexión entre Messi y Jordi Alba es recuperar uno de los mecanismos ofensivos más productivos del Barça.

Toda esta conjunción, además de un Rakitic mucho más liberado de tareas defensivas -rol que la temporada pasada cumplió con creces pero que en esta le estaba limitando-, incorporándose al ataque y siendo el nexo con un Luis Suárez que, a pesar de seguir sin marcar, sus movimientos sin balón y su garra fueron trascendentales para el Barça en Wembley, fue fruto de un solo hombre con el 8 a la espalda: Arthur Melo. El brasileño dio un recital con el balón en los pies, utilizando el cuerpo para engañar a sus rivales y proteger con mimo al cuero, como si de una bailarina se tratase, saliendo siempre por la alternativa fácil y ofreciendo un repertorio de pases de ruptura que permitieron al Barcelona ser constante en sus posesiones y dañar con verticalidad al rival. Algo que desde la salida de Xavi no se había visto en el cuadro blaugrana, y es que Arthur viene a representar la primera incorporación que se acerca al perfil de la figura del de Tarrasa. Ningún otro jugador de la plantilla se asemeja más que él, por ello tenerlo para la causa debe ser una gran noticia para todo aficionado culé y también para Ernesto Valverde.

Su incidencia en el juego fue clara. Toda disposición ofensiva del Barça en Wembley partía de sus botas, y a su lado, Busquets volvió a ser el seguro que siempre nos tuvo acostumbrados. Por destacar algunos números; el brasileño realizó 64 pases buenos (un 91,4% de acierto) mientras que Busquets firmó un pleno, con sus 67 envíos llegando a destino. Una relación que se explica desde el apoyo constante de Arthur y su rol a la hora de ser el generador principal de juego, permitiendo a Busquets asumir menos riesgos y siendo ese jugador diferencial desde el doble pivote.

La relación Arthur-Busquets permitió sacar lo mejor del catalán mientras su efectividad en el pase permitía crear juego con solvencia.

Su conexión con Coutinho desde el perfil izquierdo fue el germen de muchas de las jugadas de ataque culés, con el brasileño buscando a Messi y que a partir de él creciese el equipo. Una vuelta atrás en el sistema que se entiende mucho mejor desde una figura más propia de un pasado mejor que del fútbol reciente en el Camp Nou. Con Iniesta, la baja de Xavi fue menos dolorosa, pero sin ambos, el Barcelona quedó huérfano. Ahora, con Arthur, todas las piezas clave pueden volver a acercarse a lo que fueron, a un sistema que les dio todo. Con un 8 que estuvo de 10. Solo el tiempo dirá si su rendimiento supone un oasis en el desierto o si lo de Wembley solo fue un bonito espejismo.

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