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Alternativas improductivas

La temporada pasada Pablo Machín no era muy adepto a mirar su banquillo para cambiar el guion de un partido. Un cóctel entre perfiles que no encajaban o tenían una función demasiado concreta y otros que, simplemente, no respondían le hacían ser pesimista. Girarse y ver a Douglas Luiz, Aleix García, Olunga, Lozano, Muniesa o Aday no era muy estimulante para él. El soriano buscaba modificar lo que pasaba sobre el campo a partir de lo que tenía sobre él no solo por las cosas que le daba el equipo titular sino por las situaciones que dejaban de producirse al introducir uno de los integrantes del banco. La diferencia entre los dos equipos se extendió durante la temporada y fue uno de los factores más influyentes para entender la decaída del conjunto gerundense en el punto culminante del curso, cuando se estaban jugando entrar o no a Europa.

Al frente del Sevilla el escenario se está repitiendo. El partido en Krasnodar llegaba después de cuatro victorias en nueve días que habían revitalizado la incertidumbre generada por el mal inicio. Un primer mes muy irregular desembocó en una dinámica de goles y buen juego que hizo desaparecer las primeras dudas en Nervión. El conjunto hispalense parece haberse encontrado, pero ahora le toca superar el último reto: mantenerse, darle continuidad. Y él más que nunca por el hecho de disputar tres competiciones. El Sevilla necesita piezas con las que el grupo sume competitividad, como su vecino bético, que le permitan darle recorrido a su propuesta cuando esta no goce de sus protagonistas y que permita que las rotaciones no dividan tanto el equipo titular y el suplente, una diferencia que se ha engordado con la buena respuesta de los tres últimos onces con los mismos nombres. En la ciudad rusa, el técnico soriano cambió todo el pasadizo central -a excepción de Banega-, zona en la que se está gestando todo su juego. Y el plan fracasó.

Las rotaciones no se acercaron a la línea de juego que había estado ofreciendo el equipo titular.

Con los cambios que introdujo Machín, el 3-5-2 pasó a una suerte de 3-4-3 en línea que se parecía más al 3-4-2-1 con el que comenzó la temporada y que nunca terminó de encajar. Aun así, el problema no fue tanto el dibujo como sobre todo sus componentes. Ninguno de los jugadores que tenía que asumir responsabilidades estuvo fino en su tarea. Roque Mesa transmitió las mismas malas sensaciones que el día contra el Getafe, Nolito volvió a estar erróneo en la lectura, Promes y Muriel no ayudaron al equipo a dar aire ante la presión rival y el titular Banega perdió demasiados balones para su categoría. El Krasnodar trazó un planteamiento para limitar la capacidad del «10» en la salida de la jugada y los compañeros sevillistas no fueron sino un elemento más en este escenario cohibido. Las constantes imprecisiones tanto del argentino como del canario en la medular impidieron que la transición sevillista avanzara, con un Nolito demasiado vertical que no ayudó a conectar las dos últimas líneas. Esta mala disposición dio alas a las intenciones rusas, mucho más claras en la teoría y en la práctica, con balón y sin él.

La poca seguridad que transmite Roque Mesa, la mala interpretación de Nolito y la falta de adaptación de Muriel y Promes no ayudaron a estabilizar el mal día de Banega.

Ni la entrada de las caras más reconocibles permitió reconducir el guion del partido ante un rival más fresco de ideas y que, hasta el momento, solo se le había interpuesto la estrategia de Machín. Que el segundo cambio no llegara hasta el minuto ochenta tampoco ayudó a revertir la situación, pero el Krasnodar ya se sentía mejor en campo rival que la primera parte y sentenció el partido con dos jugadas que decantaron su condición dominante. Dos goles que demostraron la superioridad del conjunto local que ejecutaron a partir de dos acciones dentro del área que mataron las pocas y raras voluntades del Sevilla y que traspasaron el debate de hace unas semanas en el rectángulo al banquillo.

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