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Fútbol hasta la línea de gol

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Nunca sobra talento

El PSG de Thomas Tuchel continúa inmaculado en este arranque de Ligue 1 contando todos sus partidos por victorias. La última, dado el rival y el resultado, seguramente sea la que más autoridad emana del club parisino. Un 5-0 en casa ante un Lyon que ha arrancado con más dudas de las mostradas durante la campaña anterior. Aun así, el abultado del resultado, más allá de demostrar la diferencia de nivel actual entre ambos equipos, viene a poner sobre la mesa la superioridad de un jugador sobre el resto: Kylian Mbappé.

Al jovencísimo jugador francés ya lo conocemos todos, a pesar incluso de su corta edad –tan solo 19 años-. Algo que por precocidad y talento se escapa de lo cotidiano y habitual. Campeón del Mundo siendo titular indiscutible con Francia, el parisino se está saltando todas las barreras en esto del fútbol para ser considerado una estrella mundial mucho antes de lo que los manuales dictan. Hablar de sus inicios a escala internacional es mirar un par de años atrás, sin remontarnos a épocas lejanas. Su principal irrupción en el escaparate internacional llegó en 2016 cuando con tan solo 17 años clasificaba a la selección gala sub-19 a un Europeo que a la postre terminaría venciendo con Kylian como uno de sus protagonistas. En ese Europeo sub-19 disputado en tierras alemanas Francia arrasó. Solo cayeron derrotados en la primera jornada ante la Inglaterra de Ojo y Solanke entre otros, siendo muy superiores a sus rivales a partir de entonces y hasta la final. Curiosamente en ese Europeo, en el que Mbappé jugó como extremo zurdo, hubo otro nombre que destacó, sobre todo por su aspecto goleador, por encima del parisino. No es otro que Jean-Kévin Augustin, jugador del RB Leipzig, que sí cuenta con una progresión más adecuada a su edad, sumando minutos poco a poco en un equipo puntero y con una aún elevada potencialidad.

Mbappé firmó un gran Europeo sub-19 anotando 5 goles y repartiendo una asistencia en los cinco encuentros que disputó.

A raíz de ese gran papel en el Europeo, donde se mostró como lo que hoy es, un extremo veloz, de potente zancada y tren inferior con capacidad para regatear y un sobresaliente olfato goleador, Mbappé se ganó una oportunidad en el primer equipo del Monaco de Jardim y comenzó a llamar la atención de muchos ojeadores en Europa, aunque aún era pronto para el aficionado medio, que no pone sus ojos en este tipo de campeonatos. Tras despuntar en su primera temporada en la élite, le llegó la llamada de la selección francesa, con la que debutó con tan solo 18 años, y se le abrieron las puertas de un PSG donde el jugador podría volver a su ciudad de nacimiento y desarrollar su fútbol en un club con fuertes aspiraciones continentales, siendo protagonista junto a otra estrella como Neymar.

El crecimiento de Mbappé no ha sido exagerado, pues tampoco ha habido tiempo a ello. Sus capacidades físicas y técnicas lo han acompañado desde su puesta en escena, pero la principal mejoría del francés se valora desde el apartado táctico y mental. Sabe -y debe saber- que para el éxito del colectivo necesitan no solo de su esfuerzo y trabajo en ataque, sino que debe ser comprometido en otras funciones. Por el estilo del PSG no está necesitando un derroche importante en defensa, pero ya lo pudimos ver en Champions, donde de verdad se necesita, que Mbappé no se esconde a la hora de ayudar a sus compañeros, aprendiendo a leer el juego y saber posicionarse para poder aprovechar su virtudes cuando el contexto sea favorable y ser solidario en sus esfuerzos cuando sea el momento. Es algo en lo que Kylian ha mejorado, pero es donde aún le queda mayor margen potencial. Lectura de juego para entender qué demanda su equipo en según qué momentos, tanto en fase ofensiva como defensiva, harán de él un jugador -aún más- dominante en el continente.

Ante el Lyon -y volviendo al inicio del artículo- firmó una actuación verdaderamente completa y soberbia en ataque, aprovechando su potencia física y sus cualidades en un repertorio de ocasiones muy variadas que vienen a demostrar el jugador dominante que es. Rápido, incesante, de gran zancada y potencia, brillante en la conducción y con la portería siempre en mente. Así, dispuso de una decena de disparos hacia la meta rival, provocó un penalti y acabó anotando cuatro tantos en tan solo 13 minutos, habiendo superado la hora de encuentro, como si de repente hubiera querido meterlos. Un jugador superdotado al que su edad engaña por completo, pero si consigue gestionar bien esta singularidad y desarrollarse a partir de los aspectos menos visibles del fútbol, estaremos ante un futbolista capaz de hacer que cuatro goles al Lyon sea algo más dentro de lo cotidiano. Un talento extraordinario.

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