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Harry Kane entre Busquets y Ramos

La España de Luis Enrique Martínez grabó ayer su primer borrón en el duelo de la UEFA Nations League que le enfrentó a la Inglaterra de Gareth Southgate en el Benito Villamarín. La selección venía gustando tras las variantes que había propuesto el técnico asturiano en base a una mayor versatilidad en medio campo y una mayor verticalidad y movilidad arriba. Quedaba pendiente, por tiempo y partidos, de definir el estilo defensivo en cuanto a protagonistas y automatismos. Y fue precisamente esta parcela la que naufragó ante el medido y muy efectivo ataque inglés.

Aunque se encontraban vías en campo rival, el descontrol en el propio cambió el escenario por completo.

Luis Enrique propuso de nuevo un 4-3-3 que entregaba a Sergio Busquets el eje del centro del campo. Por delante de él se desplegaban dos interiores con diferentes roles en cuanto al espacio (Saúl Ñíguez) y al balón (Thiago Alcántara). La pareja de centrales era para los madridistas Nacho Fernández y Sergio Ramos. El capitán, ya sin Gerard Piqué a su lado, podría encontrar en este proyecto su posición de líder total de la defensa con la seguridad y la participación en salida de balón como principales argumentos. Southgate, sin embargo, y demostrando un exquisito estudio de los defectos de su rival de ayer, diseñó un plan que hundía los dedos en sus heridas. Apostó por una presión alta de sus tres centrocampistas sobre la salida de balón de España, forzando errores de Ramos y Busquets y desconectando a los interiores de los delanteros. De esta forma cortocircuitaba el ataque local y a la vez permitía a los suyos atacar con ventaja. Una vez recuperaban, ya fuera en esta fase o en repliegue, activaban rápidamente a un excelso Harry Kane. El delantero del Tottenham fue más mediapunta que nunca, siendo imposible de descifrar y percibir, sirviendo de faro y de pivote para recibir el balón de espaldas aunque adecuadamente perfilado y entregarlo de cara y en carrera a unos incisivos Raheem Sterling y Marcus Rashford que además estuvieron finísimos en el desmarque y la definición. Los tres, además, se repartían el ancho con mucha inteligencia abrumando con intención la zona que debía comandar Busquets. Una vez dominada, aprovecharon a la perfección la mala coordinación del eje de la zaga española para conquistar también su espalda y marcar tres goles en la primera mitad encarando sin otra oposición a David de Gea.

En defensa, mientras, Inglaterra no sufría. Más allá de alguna acción aislada, en la primera mitad Jordan Pickford vivió tranquilo. Su equipo encadenó varias fases de presión exitosas que impedían a los delanteros de España conectarse y, cuando lo conseguían, jugaban en clara desventaja con una línea de cuatro que se mostró segura durante todo el choque. La zona de Rodrigo Moreno estaba bien vigilada por Dier y Winks, Iago Aspas no encontraba la diagonal y a Marco Asensio en izquierda le cerraban bien el perfil. Solo Thiago Alcántara demostró personalidad para intentar dar ritmo a su equipo, algo que no logró, mostrando una impotencia progresiva ante lo compacto del sistema inglés.

El sistema español no pudo sostener la ajustada presión inglesa ni la precisión de un estelar Harry Kane.

En la segunda parte España sí consiguió inclinar el campo hacia la portería de Pickford. Y en ello influyeron varios factores. El principal quizá fue el descenso en la intensidad visitante y el cambio a un plan más replegado. Así, España podía instalarse en campo rival con más facilidad y, aunque con dificultad para encontrar espacios, comenzar a acercarse a la frontal inglesa. Pero además, de forma intrínseca, hubo dos futbolistas que añadieron frescura al sistema. Uno, que ya estaba en la primera mitad, fue Asensio. Luis Enrique lo cambió a banda derecha desde donde sí puede usar su zurda para el centro, la diagonal o el disparo. Solo así, la selección intimida más y la defensa puede verse más acorralada en su área. El otro, fue Dani Ceballos. Desde su entrada en el campo sacó su personalidad a relucir para ser ese punto de desequilibrio entre los pivotes ingleses que pudiera desestabilizar su entramado defensivo y comenzar a sacar espacios donde no los había y que los demás pudieran participar con mayor ventaja en el ataque. No fue suficiente, ni por tiempo para remontar un 0-3 ni por verdadera capacidad de desborde. En el debe queda la búsqueda de ese equilibrio que impida que con tres pases en un espacio de 30 metros el delantero rival solo tenga que echarla a un lado para marcarte. Y si el encargado de ejecutarlos tiene el talento de Kane, los efectos serán tan palpables como crueles.

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