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Desgaste vertebral

El Bayern de Múnich está en horas bajas. Sí, ese tema ya se ha tratado hace no mucho en esta misma web, pero no se puede hablar de la selección nacional alemana sin mencionar al conjunto bávaro. El Bayern ha sido la arteria principal que ha nutrido a la Mannschaft en los últimos años. De hecho, en la final que otorgó al combinado germano su cuarto entorchado mundial, Alemania dispuso sobre el campo un total de siete jugadores del conjunto muniqués de los catorce que tuvieron minutos. El transcurso de las temporadas ha pasado factura a un Bayern inmovilista con los suyos, donde gran parte de sus activos actuales ya eran protagonistas hace un lustro. El mismo camino ha emprendido el combinado nacional capitaneado por Löw. El seleccionador alemán ha mantenido, en gran parte, al bloque ganador de 2014 y colmado en lo que a títulos se refiere a todos los niveles. El hambre se agota, el tiempo pasa factura y el fútbol sigue siendo de once contra once, pero con Alemania en una delicada situación actual enfrentada con su pasado.

Tan solo una victoria en partido oficial en todo un año natural es un dato tremendamente escaso para el país que más entorchados mundiales posee por detrás de Brasil.

Los ciclos ganadores en cualquier disciplina deportiva son tan históricos como difíciles de dejar atrás sin damnificados importantes. El ejemplo más cercano es la España de Del Bosque que, después de un batacazo monumental en Brasil 2014, se presentó sin muchos cambios en la Eurocopa de Francia 2016 donde no pasó de octavos dejando una pobre imagen. La Mannschaft sigue el mismo camino. Después de un glorioso ciclo de resultados y juego practicado de la mano de Löw y una de las mejores generaciones de futbolistas alemanes que se recuerda, el momento del cambio ha llegado. Sin embargo, ese cambio siempre es obstaculizado por la vanagloria de los tiempos pasados. Cuesta demasiado desprenderse de lo que ha otorgado felicidad por un tiempo tan prolongado, como en casi todas las facetas de la vida, pero el tiempo de Joaquim Löw en el banquillo alemán parece haberse agotado junto a esa generación magistral de jugadores.

El pasado campeonato del mundo de Rusia demostró cómo, actualmente, Alemania es un quiero y no puedo: jugadores en baja forma, hambre de títulos colmada entre clubes y selección, excesiva edad en algunos internacionales… Un nuevo proyecto alemán pide entrar en el combinado nacional a costa de dejar ir los últimos coletazos de una conjunción de futbolistas de oro. Así como se planteara desde 2006, desde la federación alemana deben trabajar en construir un nuevo ciclo ganador, ya que las bases y las herramientas las tienen a su disposición. Los últimos resultados del combinado germano dan más impulso. Los hombres de Löw llevan sin vencer en partido oficial desde que lo hicieran ante Suecia en la segunda jornada de la fase de grupos del pasado Mundial, y de aquella manera. Si no contáramos ese encuentro habría que trasladarse a una victoria oficial ante Azerbaiyán el 8 de octubre del pasado año.

El Bayern ha sido la arteria principal que ha nutrido a la Mannschaft en los últimos años.

Tan solo una victoria en partido oficial en todo un año natural es un dato tremendamente escaso para el país que más entorchados mundiales posee por detrás de Brasil. El rendimiento en la Liga de Naciones no ha hecho nada más que demostrar que lo de Rusia no fue un accidente. Cierto es que su grupo tenía a la actual campeona del mundo y a una siempre peligrosa selección de los Países Bajos, pero el rendimiento alemán está muy por debajo de lo esperado. Una jornada resta para ver si Alemania consuma su fracaso descendiendo a la Liga B de la Liga de Naciones. Un fracaso que, lejos de ser negativo, podría abrir la puerta definitiva al cambio por el fuerte choque que supondría al aficionado alemán. Una columna vertebral en crisis (Neuer, Hummels, Boateng, Müller…) debe dejar paso a un elenco de jugadores de garantías que están empujando desde hace tiempo para asumir el mando. Los Ter Stegen, Süle, Tah, Draxler, Rudy, Brandt o Sané quizá no puedan conseguir una copa del mundo y dejar tantas alegrías como la última generación germana, pero aseguran un cambio adecuado y –sobre todo– necesario para una Mannschaft que sufre un desgaste absoluto en su columna vertebral.

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