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Un Superclásico sin certezas

A pesar de estar ya desempolvando nuestras chaquetas de entretiempo y analizando si en el armario necesitamos algún abrigo más o un buen jersey para afrontar un invierno que ya se avecina ahora que rondamos el ecuador del mes de octubre con el otoño mirándonos a los ojos, en el Superclásico, partido que mide a las dos selecciones más potentes históricamente de Sudamérica -con el permiso y beneplácito de Uruguay-, la imagen fue de un torneo o partido amistoso más, clásico de esos meses estivales de julio y agosto. Algo que en nuestra memoria, con el arranque de las competiciones continentales o el avance de las ligas, ya quedaba muy lejano en el tiempo.

Brasil y Argentina medían sus fuerzas ante la cálida y húmeda -de forma relativa- noche saudí. En un escenario de privilegio y ante una afición entregada, más aún cuando se trata de un encuentro entre dos combinados en las antípodas de su cultura y ubicación, se desarrolló un partido de altos vuelos y pocas conclusiones. Scaloni sigue con su paso por la albiceleste dejando claro que sus aptitudes como técnico nacional no desentonan ante una canarinha de Tite que no termina de encajar los cambios estilísticos que el técnico gaúcho trata de implantar tras la solidez mostrada por los cariocas en su fase de clasificación al pasado Mundial de Rusia.

Un duelo donde primó lo físico sobre lo futbolístico, con Argentina dando muestras de esa presión tras pérdida y esa predisposición a dominar el balón desde el origen de la jugada tan características en esta nueva etapa con Scaloni al frente. Sin embargo, ante las diferentes probaturas en el novedoso once planteado por el rosarino, a la albiceleste le costó encontrar un buen ritmo de circulación, con mucho pase horizontal y de seguridad sin arriesgar en exceso ante la leve presión de los atacantes brasileños. A esto se le sumó la poca participación de Dybala por la zona interior, parte importante del juego ofensivo de esta Argentina, que ve en la estrella de la Juventus al perfil de extremo que quiere para su equipo; un jugador pegado a la línea de cal con desborde y clara tendencia interior. Con estos alicientes Icardi fue un islote arriba, demasiado aislado para recibir y percutir el área de Alisson, que apenas se vio exigido en un par de momentos del partido.

Argentina continuó con su apuesta por dominar el balón desde atrás y atacar la zona interior a partir de sus extremos, pero el bajo ritmo y la desconexión de los atacantes oscurecieron el partido de la albiceleste.

Brasil por su parte confirmó la mutación especialmente en su centro del campo, aunque por ahora la apuesta a Tite no le está saliendo. Arthur y Coutinho ocupan ahora los interiores en detrimento de aquella sólida medular conformada por Renato Augusto y Paulinho. Ahora, ante la ausencia de Marcelo y Dani Alves, que al fin y al cabo son puros organizadores de juego desde la banda, esa zona interior necesita recoger el testigo y ganar en protagonismo en generación y circulación de balón. Nada mejor para esto que un Arthur que ha demostrado con alevosía sus cualidades en las oportunidades que ha tenido como blaugrana, haciendo del giro y el pase un arte sobre el tapiz verde. Sin embargo, en la noche saudí esta apuesta no funcionó. Casemiro dirigió más veces el juego verdeamarelo que sus homólogos en el Barcelona, lo que derivó en un fútbol muy interrumpido e impreciso, con constantes balones a la espalda de la defensa rival buscando a los laterales cuando estos se incorporaban, especialmente Danilo. Pases que acababan siempre en un desenlace infructuoso. Solo Neymar, escorado en banda izquierda y recibiendo al pie, era capaz de desequilibrar la sólida estructura defensiva planteada por Scaloni cuando era capaz de dirigir desde el carril interior, pues por fuera estuvo muy bien marcado en su emparejamiento con el joven y novel Saravia. Solo el tiempo dirá si Tite dará continuidad a esta idea o si por el contrario, desde esta misma apuesta por Arthur, decide cambiar su clásico 4-3-3 y opta por un 4-2-3-1 que devuelva a Coutinho a la izquierda y acerque a Neymar a la mediapunta, lugar desde el que está actuando con solvencia en el PSG de Tuchel.

La apuesta por un medio del campo muy diferente por parte de Tite viene a ser la primera piedra en el nuevo proyecto de futuro de la canarinha, pero aún necesita rodaje.

Un duelo que dejó un campeón en el descuento a raíz de un gol a balón parado y que no solventó las dudas de ninguna de las dos selecciones. Con un ritmo bajo y unos planteamientos más pensados en no perder y en probar cosas nuevas que en ningún caso llegaron a brillar, este Superclásico no hace más que dejar a las claras que tanto Tite como Scaloni tienen mucho trabajo por delante para asentar su proyecto en base a sus nuevas ideas. Más difícil la empresa para el argentino, pues las dudas sobre su continuidad al frente como seleccionador definitivo tampoco ayudarán en el rumbo de la albiceleste.

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