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Fútbol hasta la línea de gol

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Al compás de Antoine

La última campeona del mundo sigue siendo la que fue, como si solo hubieran pasado un par de celebraciones de aquel quince de julio. La solidez cualitativa y la versatilidad recursiva que tiene en cada línea le dotan de una singularidad que le permite superar la táctica y que sus piezas anarquicen el plan de juego del colectivo. La selección francesa es la viva representación de que el fútbol es de los jugadores con el matiz que no todas sus intenciones tienen la consideración de su técnico. La calidad ingente que reúne el conjunto francés pone en primer plano la capacidad improvisada de relacionarse en pos del cómo interponga Didier Deschamps. El recorrido por la Copa del Mundo lo avala. Margen de error defensivo ínfimo, Kanté desde la emergencia, Pogba en campo rival, Matuidi corrigiendo posicionalmente, la altura de Giroud y la explosividad de Mbappé. Es indudable que Francia goza de un conjunto de individualidades que te puede cambiar una situación de partido concreta en cualquier instante, pero solo hay un hombre capaz de darle sentido a todo esto, de ordenar el imprevisible, de regularizar un modo de atacar que sin él sería más puntual. Antoine Griezmann es el faro de un conjunto de yates que sin la luz que invoca el Principito chocarían con estruendo.

Griezmann representa la pequeña cuota de sentido colectivo que le queda a Francia.

Contra la irregularidad de Alemania, volvió a aparecer Griezmann para decidir. Durante unos primeros cuarenta y cinco minutos para olvidar, el combinado de Deschamps no consiguió encontrar a sus piezas ofensivas más determinantes por el planteamiento alemán meditado con balón y su buena disposición defensiva cuando lo perdían. El ataque posicional fue la jugada más continua que pudo proponer el cuadro local y con esto perdieron su principal baza: el contraataque. Los pocos recursos que tienen los galos en este tipo de transiciones salieron a relucir, y ni los destellos de Mbappé y Giroud pudieron impedir el monólogo de la Mannschaft. Aun así, entre la capacidad defensiva alemana para difuminar a Griezmann y la poca originalidad de Francia para servirle contextos favorables al ‘7’, fue donde los galos acabaron de perder sus posibilidades para superar la retaguardia rival. Sin espacios y sin su hombre referencial, a Francia le cuesta un mundo.

En un primer tiempo espeso, el combinado francés despertó en el segundo a partir de pisar campo rival en un mejor contexto.

Pero con ellos, y activando al jugador del Atlético, es la mejor selección del mundo. Y su Mundial lo avala. El guion de la segunda parte fue radicalmente distinto al que se vivió en la primera a raíz de un factor inédito hasta entonces: la convivencia de los franceses en campo rival. El combinado de Deschamps consiguió asentarse en el territorio alemán con más asiduidad gracias a la mejor situación de su recuperación. Esto le permitió al equipo hacer llegar la jugada en mejores condiciones a su capitán ofensivo. Los segundos cuarenta y cinco minutos se explican desde Griezmann tanto en las intenciones como en las ejecuciones.

Si en la primera Francia no había conseguido habitar en campo rival, en la segunda las principales piezas consiguieron conectar a partir del ‘7’. Giroud, el mejor socio del Principito, renació a partir de su faceta en la descarga y en la asociación para posibilitar el escenario idílico para su compañero. Mbappé se unió al dúo para incidir con su carácter vertical y combinativo, mostrando que no solo tiene piernas de guepardo sino visión de halcón. El jugador de PSG pisó tanto su zona a pierna natural como a pierna cambiada para aprovechar su versatilidad de recursos y apoyar a un Lucas muy fino en el momento de proyectarse en ataque. Sin ser su mejor partido, hasta Pogba se sintió más cómodo en un contexto más propicio para exponer su potencial. Activada la maquinaria, fluyeron las individualidades, los protagonistas de una Francia limitada tácticamente, pero que se compenetra a las mil maravillas, siempre al compás de su estelar baluarte.

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