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Un ataque terrenal

El Liverpool de la 2018/2019 parece un mejor equipo que el de la pasada campaña. Jürgen Klopp, en su afán por convertir a sus jugadores en piezas versátiles, ligeras e hiper agresivas agitó el mercado en pos de encontrar competitividad y profundidad, algo esencial para competir en la Premier y ser más poderoso en Europa. Si el conjunto red se asentó el pasado año sobre su tripleta ofensiva, dejándolo todo a su voracidad, este curso está siguiendo otros caudales, porque sus atacantes aún no «están».

La gran sorpresa, y una de las mayores en los últimos tiempos, fue la irrupción volcánica de Mohamed Salah, jugador rápido, eléctrico, que disfrutaba corriendo sobre el verde sin freno, desbocado. Tan rápido como precipitado y dado al error, Klopp vistió de gala al egipcio que pareció encontrarse con una versión de sí mismo que desconocía, que ni siquiera había imaginado. A sus cualidades le añadió un olfato goleador descomunal, mejoró en la definición y en la toma de decisiones, siendo él, y no ningún otro, el jugador sobre el que se sustentaba el sistema ofensivo red. Su posición, de extremo con tendencia a jugar por dentro, consumó en uno de los ataques más temibles de Europa, uno que los llevó a jugar la final de la Champions League. Ya sin Mohamed Salah, el sueño pareció imposible.

90 goles entre el tridente del Liverpool. 30 en Liga de Campeones.

El curso pasado marcó la friolera de 44 goles; 32 en Liga y 10 en la Liga de Campeones. Cifras que nos trasladan, inequívocamente, hacia otros dos jugadores que compiten lejos de Liverpool. El frenesí goleador de Salah encontró soporte en sus dos acompañantes, Sadio Mané y Roberto Firmino, el 9 menos 9 de todos. Entre los tres lograron crear un sistema por sí solo, sustentarlo y, lo más difícil, prolongarlo a lo largo de los meses. Pero el Liverpool no tenía un plan B. Si ellos no estaban, el equipo no tenía respuesta. Aun así ellos nunca desaparecían, no del todo. Así pues, Klopp basó su estructura en una medular que se ocupaba de presionar, tapar y recuperar. Una zona de tránsito.

El arranque liguero sitúa al Liverpool arriba del todo, con unas sensaciones distintas a las que dejó el pasado curso. Joe Gomez y Virgil Van Dijk se han consolidad como la nueva pareja y, a pesar de los fichajes, ni Keita ni Fabinho se han hecho indiscutibles. Pero Salah, el que fuera el mejor jugador de la pasada Premier League, no está al mismo nivel. 3 goles en 11 partidos y la sensación de que Mohamed Salah ha vuelto más lento, no en velocidad, sino a la hora de encontrar el ritmo y la agilidad necesarias para jugar a la velocidad que demanda el ataque de Klopp. Es pronto, y el conjunto de Merseyside está donde quería estar, pero la manta del tridente ya no lo tapa todo, así que el técnico alemán ha apostado por la solidez. Está por ver si lo de Salah fue un milagro, enésimo en la trayectoria de Jürgen, o si solo es una mala racha. Pero en el Olimpo de los futbolistas no caben más de dos malos partidos, Salah deberá tomar nota.

 

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