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Ipurua recupera su esencia por derecha

El Eibar de Mendilibar parece seguir unas pautas muy marcadas año tras año, y es que no parece desviarse de su guion por más que las sensaciones iniciales de cada temporada indiquen lo contrario. Y es que precisamente ese arranque dubitativo, lleno de interrogantes, es otra de las constantes en el conjunto armero. Cada inicio de campaña el Eibar parece no ser el mismo que finalizó la anterior, con un fútbol menos efectivo y con piezas nuevas de las que no se sabe muy bien qué esperar. Esta Liga no ha sido diferente. Las dudas planeaban sobre Ipurua al son de los malos resultados, y los más escépticos creían que, este año sí, Mendilibar sufriría para mantener a los suyos en la élite. Sin embargo, una buena racha inmediatamente posterior y la recuperación del estilo y la identidad harían inútil cualquier debate, centrándonos luego en analizar figuras individuales clave en el desempeño del colectivo para acabar con solvencia una nueva temporada en Primera División.

El arranque dubitativo acompaña a Mendilibar y al Eibar prácticamente cada temporada en la élite.

Aún es pronto, tan solo sumamos nueve jornadas tachadas en el calendario, pero los de Mendilibar ya están dejando muestras de que, una vez más, siguen el plan trazado cada verano. El inicio fue bastante pobre en resultados y peor en sensaciones. Dudas en torno al juego del conjunto eibarrés que ahora, gracias a una dinámica que se va tornando poco a poco en positiva, se van disipando jornada tras jornada. El Eibar va acomodando algunas piezas clave en su juego, y en base a ello está recuperando la identidad que le viene acompañando desde que el de Zaldívar ocupa el banquillo guipuzcoano. En este punto de regeneración, el cuadro armero se reconstruye desde la zona que en los últimos años ha sido siempre el pilar básico de su juego: la banda derecha.

El carril diestro del Eibar de Mendilibar siempre ha tenido un peso especial en el juego de los vascos. Con el lateral siempre ocupado por Ander Capa hasta su salida este verano al Athletic Club, la solvencia defensiva y la verticalidad punzante en ataque estaban siempre garantizados. Sin embargo, este contó con dos acompañantes de excepción, diferentes en la forma pero similares en el fondo: Pedro León y Keko Gontán. El murciano era la pausa, el control, el cerebro del equipo. Un organizador echado a la banda cuyo guante en la pierna diestra generaba ventajas definitivas para un Eibar que siempre buscaba en el centro al área su jugada predilecta para anotar. Con sus asistencias -y también sus goles- el conjunto armero contaba con un jugador que desequilibraba el campo hacia su costado sin que esto supusiera una encerrona, más bien todo lo contrario. Su calidad permitía atraer unas marcas que terminarían por generar espacios que permitían el vuelo de sus compañeros. Un complemento perfecto para el engranaje eibarrés al que solo las lesiones lo frenaron.

La banda derecha siempre fue capital en el juego de Mendilibar representada por dos jugadores con pocas semejanzas.

Fue entonces cuando apareció por ese carril Keko Gontán. El madrileño cumplía con las mismas funciones que su predecesor, aunque todo desde un perfil de futbolista muy diferente. Keko buscaba más la línea de fondo desde la apertura total en banda, con menos espíritu organizador que Pedro León pero con más capacidad para desbordar a su marcador en busca, como es habitual, del centro o el pase atrás. Mayor verticalidad con un mismo fin. Hoy los protagonistas en ese costado diestro de Ipurua son otros, pero, con el Eibar entrando ya en dinámica, su peso en el juego armero parece ser similar.

Tras las salidas de Keko -ya la temporada pasada- y de Capa, dos piezas nuevas -pero ya conocidas en Ipurua- se encargan ahora de darles el relevo. Rubén Peña ocupa el lateral con un espíritu similar al de Ander: ser férreo atrás luchando cada balón y vertical e incombustible en ataque para dar apoyo al encargado de hacer germinar la magia desde el costado diestro: Fabián Orellana.

El fichaje del chileno ya supuso un impacto brutal la pasada temporada, aunque le costó encontrar su sitio, siempre en un rol diferente al que le hizo brillar en Balaídos. Orellana es un jugador que combina los aspectos positivos de sus dos predecesores; la calidad técnica y táctica de Pedro León y el desborde y asistencia de Keko Gontán. Con el ex del Valencia echado a la banda derecha sabíamos que el nivel en ese sector recuperaba sus cotas más altas, pero la adaptación al estilo de Mendilibar era la única -y gran- incógnita. Tras media temporada para aclimatarse, ahora parece que el chileno entiende a la perfección su rol, algo que quedó patente, junto a su asociación con Rubén Peña, el pasado domingo en el duelo ante el Athletic. Ambos se complementaron a la perfección; la calidad de uno y el pulmón del otro, alicientes perfectos para recuperar una banda siempre fundamental en el juego del Eibar de Mendilibar.

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