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Víctor por Darder

El nombre que ha sonado más recurrente de este inicio de temporada en el Espanyol ha sido Marc Roca. El mediocentro ha sido la principal pieza que ha movido todas las demás, la piedra angular desde la que ha girado la transición del combinado espanyolista hasta lo que es. Aun así, las buenas sensaciones del nuevo equipo de Rubi no solo se explican con el canterano, sino con la mayoría de piezas que figuran en el once. El significado coral que ha ganado el conjunto catalán no se asemeja a la dependencia excesiva que padecía el año pasado a partir de Gerard Moreno.

Y dentro de este mecanismo repleto de piezas poco individualistas, otro de los nombres que ha completado un inicio buenísimo es el de Sergi Darder. De perfil discutido a director de juego, el ‘10’ está dando personalidad al grupo en campo contrario, sabiendo interpretar en cada momento dónde tiene que estar y dando altura a la jugada cuando el balón está en las primeras cotas. Por eso no es extraño que en el primer partido que Rubi no pudo disponer de su capitán en la medular, él y el Espanyol lo pasaran mal.

Víctor Sánchez pasó de coger galones en la salida a ocupar espacios más adelantados que le dieran mejor fluidez a la circulación.

El punto negativo se entiende mejor desde su sustituto: a Víctor Sánchez le costó aceptar su rol, pero cuando lo entendió, respondió con buena nota. La primera parte del equipo periquito en El Alcoraz fue de menos a más, con un inicio muy irregular en el ritmo del balón, pero con una tendencia cada vez más creciente de vivir en campo rival.

Durante el primer tramo de encuentro, el Espanyol verticalizó demasiado, buscando los jugadores que se asomaban al ataque consecuencia del posicionamiento de Sánchez. El rubinense se colocaba en posición de lateral a la altura de Marc Roca y provocaba la incorporación ofensiva del lateral natural, Javi López, estableciendo pocas alturas y dejando una diferencia considerable entre ellas. Por eso no fue raro ver de manera puntual a Marc Roca hacer alguna excursión para superar al doble pivote oscense. Sin gente que viniera a recibir entre líneas y compartiendo banda con un Hernán Pérez -no especializado para ello- el envío vertical fue la alternativa principal. Con Marc Roca ordenando sin balón en el carril central, en el otro costado, Granero en su papel más posicional y Dídac Vilà asomándose al ataque, se generaba un vacío que el Huesca aprovechaba al contragolpe a partir de generar superioridades en banda.

La primera parte, de menos a más para los intereses periquitos, se distinguió en dos tramos donde cambió la zona de influencia de Víctor Sánchez.

Bajo la tutela de su nuevo entrenador, el equipo local mostró sus mejores minutos durante el inicio de ambas partes. Aun así, fue diluyéndose a medida que pasaban los minutos y no encontraban la manera de llegar con peligro a través de las bandas. Ahí, tanto Granero como Víctor Sánchez ofrecieron coberturas de lujo para las subidas de los laterales, que con la mejor lectura del sustituto de Darder, sus aportaciones pasaron a tener más sentido. Colocado en campo rival, Sánchez fue otro y el Espanyol se lo agradeció. Con la gestión del juego bajo el mando de Marc Roca, el Espanyol se equilibró, consiguió dar significado a sus jugadas y activó a sus piezas ofensivas más determinantes, muy a remolque con la verticalidad mostrada hasta entonces.

El lavado de cara a partir de la reposición de Sánchez permitió a los periquitos visitar la zona rival de manera más continua y, de la misma manera, estar cerca del balón cuando lo perdiesen.

A la salida de vestuarios, el Huesca buscó más arriba al Espanyol y comenzó a trazar una línea a seguir desde el banquillo. Los cambios oxigenaron a unos locales que más allá de destellos de esperanza, volvieron a caer en una espesura monótona. Sucumbido en la salida, el conjunto espanyolista siguió manteniendo su nueva manera de entender el juego, sumando más pérdidas en campo propio pero dañando las carencias de su rival en el momento que quiso tomar la iniciativa. Con el cambio de Víctor por Darder, el Espanyol perdió finura técnica, pero el plan final no se desequilibró, hecho que avala a Rubi no solo en la táctica sino también en la gestión.

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