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Calleja y Simeone siguen buscando la forma

El sábado se enfrentaron en el estadio de la Cerámica dos equipos que continúan con su particular búsqueda de sistema, cada uno en fases diferentes. Javier Calleja, que tras su llegada la pasada campaña al banquillo montó desde el primer momento su reconocible rombo en el centro del campo, ha decidido virar el rumbo en esta 2018/2019 y, contra el Atlético de Madrid, insistió en el nuevo dibujo 4-2-3-1. El conjunto rojiblanco, por su parte, sigue sin apostar por romper su techo a nivel de juego a partir de ganar los partidos desde el campo rival y continúa dudando con el plan más pasivo y reactivo que, por otra parte, tan buen resultado le viene dando a Diego Pablo Simeone desde que llegó al club. Como punto desconcertante, el recién fichado Rodrigo Hernández. El canterano es un elegido a la hora de dirigir una posesión y equilibrarla para que los que se mueven por delante tengan un contexto táctico a partir del cual generar el desequilibrio. Sin embargo, todavía no se le ha potenciado adecuadamente, exponiéndole además en exceso a un desempeño defensivo para el que no está preparado todavía.

Calleja y Simeone siguen buscando la manera de aprovechar el talento de su plantilla.

La sensación durante los 90 minutos de partido fue que el Submarino amarillo tenía las ideas más claras. Aunque Manuel Iturra en la contención dejaba sensación de descontrol, su compañero en el doble pivote, Manu Trigueros, sí consiguió generar buenos automatismos en la circulación de balón junto al mediapunta Pablo Fornals, con el que se respetaban bien los espacios, y un Santi Cazorla que influía en el juego desde la banda derecha y al que se le aventura un papel importante a la hora de desbordar al equipo contrario a través del ritmo asociativo. Para variar el juego y dar profundidad, Mario Gaspar le doblaba por derecha, siendo la banda izquierda en realidad la que Calleja construyó para tal fin con los zurdos Jaume Costa y Alfonso Pedraza. En punta, Gerard Moreno se movía con mucha inteligencia, cayendo en más de una ocasión a banda derecha desde donde se siente cómodo para mover a la defensa y buscar el lanzamiento con su zurda. El 7 del Villarreal, en cambio, sigue peleado con el gol.

El Atleti, a pesar de adelantarse en el marcador, nunca dio sensación de controlar el encuentro. En fase ofensiva, con las bandas ocupadas por Saúl Ñíguez y Koke Resurrección, no conseguía ocupar las bandas a la altura del área, y solo Antoine Griezmann daba algún toque diferente. Los laterales tampoco compensaban esa falta de profundidad con su llegada, con Juanfran como actuación especialmente desafortunada. Nikola Kalinic ocupó la punta del ataque, demostrando una interesante capacidad para recibir y aguantar balones largos, peleando y ganando la posición a los centrales. Pero la discontinuidad del juego rojiblanco desconectó al croata dejando a Griezmann, que terminó el partido como ariete, muy solo.

Como apunte para el futuro colchonero, pudimos conocer a una pareja de centrales que probablemente tenga un lugar reservado para grandes noches en el Wanda Metropolitano. José María Giménez y el campeón del mundo Lucas Hernández ocuparon el eje de la zaga. La actuación de ambos individualmente fue correcta, aunque sí dejaron a deber una compenetración más ajustada. Así, sufrieron sobre manera el espacio que aprovechó con habilidad el Villarreal entre central y lateral visitante, movimiento que estuvo cerca en varias ocasiones de generar un gol amarillo. De esta manera, sin un plan de sometimiento a partir de la posesión y la continuidad en campo rival, y sin la excelencia defensiva que viene dejando de comandar con la misma autoridad Diego Godín, el proyecto de Simeone se mantiene en stand by a la espera de elegir el camino.

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