Balón en Profundidad

Fútbol hasta la línea de gol

Equipos

Jugar sin Messi

Si el año pasado Ernesto Valverde pasó el primer gran «test» con la marcha de Neymar Jr y la posterior lesión de larga duración de Ousmane Dembélé, este curso presenta la primera prueba del algodón con la ausencia de Leo Messi, lesionado el pasado sábado, baja durante tres semanas. Si bien las ausencias del pasado curso obligaron al Txingurri a replantear lo que quería del equipo, esta es distinta, pues obliga al conjunto a crecer desde una inferioridad objetiva, sin el jugador que permitía cualquier cambio, pues siempre le sacaba el lado positivo. Sin Messi, Valverde debe decidir qué hacer, porque suplirle, en funciones y en peso específico va a ser una quimera.

La última lesión de Leo Messi se sucedió en el inicio de la 2015/2016, en un choque que lo apartó cerca de dos meses de los terrenos de juego. Pero aquella baja nada tiene que ver, o muy poco, con la actual. Valverde no podrá mirar hacia atrás porque el patrón que se usó ya no es aplicable. El FC Barcelona se echó a hombros de Neymar Jr y Luis Suárez, ambos pasando por su mejor momento de forma, para construir un equipo ultradominante en la parcela ofensiva, autosuficiente y trabajado. Un Barça que aterrorizaba. Por la mera incoherencia de algunas de las piezas de la actual plantilla y por la obvia decadencia física de otras, Valverde deberá tomar una fórmula que sirva, más que nunca, para reforzar el colectivo, repartir esfuerzos y roles y sumar en lo grupal. Ernesto extrañamente encuentre una respuesta individual tan poderosa como encontró Luis Enrique hace tres años, pero la determinación de Coutinho, el repunte de Suárez o el efecto Arthur. Pero, ¿qué puede hacer Ernesto Valverde?

La solución más individual por la que optó Luis Enrique en la última ausencia prolongada de Messi no tendrá cabida para Valverde. Un contexto nuevo.

En este inicio de Liga el técnico extremeño ha cambiado de vestido, abandonando el 4-3-3 asimétrico del pasado curso en pos de un 4-3-3 al uso, aunque con Leo Messi ejerciendo de atacante total, algo que genera unas sinergias concretas en el sector diestro, unas que requerirán mirar con lupa al jugador que la pueble, porque eso implica actuar diferente. El reto de Ernesto Valverde es doble; no ahogar al equipo sin descoserlo. Es decir, ofrecer un contexto a Luis Suárez en el que tenga socios y se encuentre acoplado sin que implique que el equipo se parta y deba abonarse al mejor Piqué y al mejor Ter Stegen, algo que, por cierto, estamos viendo en este último. Ousmane Dembélé fue el cambio de Valverde para sustituir a Leo Messi, jugando el sector diestro manteniendo el 4-3-3, pero con dos matices importantes. El primero es que el francés es imprevisible como un niño, pueril en sus gestos y en su toma de decisiones no te va a dar estructura. Su abanico de pérdidas desestabilizó al FC Barcelona mientras que su posición permitía al Barça cerrar con un 4-1-4-1, protegiendo mejor las bandas. Cabe decir que una pérdida de Ousmane en derecha es menos dañina que una en izquierda. Las piernas de Semedo y el posicionamiento de Rakitic son dos argumentos que pueden ayudar a Valverde a correr el riesgo.

Si bien Ousmane Dembélé le permitiría a Ernesto tener ese punto de agilidad y frescura necesarias para amortiguar la ya no tan exuberante explosividad de Luis Suárez, el entrenador podría buscar otras soluciones. Rafinha es, por cualidades, un jugador adaptable. Su probatura como interior en Anoeta fue un fracaso, pues el brasileño es un jugador de largas conducciones y tiende al desparpajo posicional, algo que se amolda más a la posición de falso extremo diestro. Su sensibilidad para leer el juego es mayor que la de Ousmane aunque no tenga ese desborde, pero su titularidad se podría entender como una excusa para sumar a otro centrocampista sin perder estructura, algo que Valverde empezó a construir en Wembley.

Otras opciones más relacionadas con el centro del campo se plantean como alternativa a la solución «fácil» que representaría Dembélé.

El fichaje de Arturo Vidal era una bomba de relojería. Sus declaraciones y sus visibles muestras de descontento han dibujado un escenario para el bicampeón con Chile. Su escasa participación podría ver su fin con la baja de Leo Messi y el calendario. Inter y Real Madrid son dos partidos que, teniendo en cuenta el perfil de Valverde, más dispuesto al control que al riesgo, podría hacer sonreír al «Rey Arturo». Su adaptabilidad le hacen un jugador apto para montar un 4-1-4-1 de manual, permitiendo dotar de más libertad a Coutinho y ganando a un jugador que fortalezca algo que el conjunto catalán viene adoleciendo las últimas fechas: sufren corriendo hacia atrás. El chileno le permitiría al Barça ganar consistencia ahí, aunque quedaría en entredicho el otro objetivo citado anteriormente; la profundidad. La figura, difusa, de Malcom Oliveira podría tener -por fin- peso en un contexto complejo, jugador de tirar diagonales, sin Leo, tendría despejada la zona de actuación. El Txingurri ha empezado a construir este Barça desde la identidad que le da el 4-3-3 con Arthur, el control. Cambiarlo ante dos citas tan importantes como las que le viene al Barça es un riesgo que, quizás, Valverde no esté dispuesto a asumir. Aunque si suplir a Messi no es un riesgo, que nos cuenten qué lo es.

 

 

 

 

2 COMENTARIOS

¿Algo que añadir?