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Fútbol hasta la línea de gol

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Al Clásico con los deberes sin hacer

En el fútbol contemporáneo, uno de los peores síntomas que puede sentir una plantilla es el de sentirse perdida. Normalmente, los equipos que mejor rinden son aquellos que juegan sobre raíles, caminos bien dibujados por un entrenador que además realiza ese trabajo teniendo en cuenta virtudes y defectos de sus hombres. Cuando las cosas comienzan a ir mal, la confianza se pierde, el sistema se resquebraja e incluso el talento natural de los jugadores se ve opacado. En una situación similar se encuentra en este punto de la temporada el nuevo Real Madrid de Julen Lopetegui.

Las primeras líneas de este proyecto fueron ciertamente ilusionantes. En las primeras jornadas de Liga, e incluso en la Supercopa de Europa perdida ante el Atlético de Madrid, se pudieron apreciar variaciones de Lopetegui a partir de la pizarra desde las cuales generar un sistema que permitiera brillar a los suyos y hacerles sentir cómodos sobre el campo. Trató de construir automatismos con el balón con los que consolidar una circulación de balón segura y ágil sobre la que edificar movimientos agresivos a lo ancho y largo del ataque de sus jugadores más incisivos; Marco Asensio y Gareth Bale. El primero se encargaría además junto a Benzema de tirar apoyos a los interiores sobre los que subir la línea y el segundo tendría el rol de goleador puntual que aprovechara los espacios que disfrutaba Cristiano Ronaldo. Con todo, y tras conseguir dominar los picos del área, elegir dónde perder la pelota y cómo hacerlo, sería también clave a la hora de presionar en campo contrario y atacar con continuidad.

El impulso inicial de Lopetegui se fue diluyendo ante la impotencia para conquistar el área rival.

Sin embargo, en las últimas fechas el rendimiento ha caído en picado. Y puede ser algo incluso consecuente con el estado de cocción del proyecto. Las modificaciones del nuevo entrenador son sustancialmente diferentes a las de su antecesor Zinedine Zidane, y el impacto de la pérdida de su colosal goleador no podía sino generar ciertas dudas. La primera buena impresión parecía, por tanto, demasiado precoz, y probablemente influida por un sobreesfuerzo del futbolista a la hora de equilibrar los movimientos y los espacios a su alrededor, algo difícil de sostener a largo plazo. La actual crisis vino provocada por un déficit muy significativo de determinación ofensiva. Aunque la posesión fuera fluida e incluso variada en los tres carriles, el Madrid raramente conseguía dominar el área, pues pocos movimientos de sus delanteros terminaban en el punto de penalti. Así, la creación de ocasiones se convertía en una utopía y dicha posesión se tornaba cada vez más monótona y plana. Y desde ahí, para compensarlo, el resto de líneas, impacientes, tendían a salirse del plan para poder generar el desequilibrio, acumulando jugadores fuera de sitio y provocando que la pérdida de equilibrio fuera en realidad propia. Y como consecuencia inevitable, una mala gestión de la transición defensiva que no hacía más que complicarlo todo pues, si costaba un mundo marcar el primer gol, remontar ya se convierte en ciencia ficción.

Por tanto, el Clásico del domingo frente al FC Barcelona en el Camp Nou llega en el peor momento posible para los blancos, tanto a nivel mental como de juego. El Real, para agarrarse a La Liga, debe hacer inventario de virtudes a la vez que encomendarse a que la grandeza de tal choque deje el pasado sin importancia. Pero es que, además, su rival llega en una línea ascendente, habiendo encontrado el sistema y los movimientos que más le convienen a través de la determinación de Coutinho en izquierda, la jerarquía creciente de Ivan Rakitic en el carril central y la utilidad que Ernesto Valverde ha encontrado en Arthur Melo a la hora de controlar el ritmo de partido y dar continuidad a sus ataques. Aun confirmándose la baja de Lionel Messi, parece difícil imaginar un Barça que no domine el balón en su campo. En este escenario, el Madrid podría adoptar una actitud más reactiva con una presión media que le permita arropar a Casemiro en el pivote y anular las líneas de pase rival en campo propio. Para que este plan tuviera recorrido, se antoja fundamental activar el factor Benzema como mediapunta a la espalda de Busquets que pueda lanzar al espacio a Bale y Asensio como vía de amenaza. En el caso de que Julen apueste por un plan de mayor control, la entrada de Isco parece obligada. Con el malagueño los blancos podrán mantener la posesión más tiempo a mayor altura, algo que podría acercar a su equipo a los problemas que viene manejando a la hora de girar al rival en ataque posicional, mayores aún si se confirma la baja de Marcelo.

El Madrid necesita activar a sus figuras. Ramos, Modric y Bale tienen un amplísimo margen de mejora.

La fase defensiva del Madrid estará, obviamente, influida por la ausencia (o no) de Messi en el once blaugrana. Sin embargo, Valverde demostró en el partido contra el Inter de Milan que desea darle recorrido al sistema, colocando a Rafinha en el extremo derecho como pieza más similar a los movimientos de Leo, con la idea de que los automatismos se mantengan. Se antoja fundamental para el Real controlar los movimientos de Luis Suárez, que seguro tratará de ahondar en las dudas de un Raphaël Varane y un Sergio Ramos que andan lejos de su mejor nivel. Si el uruguayo los ata al punto de penalti y la banda izquierda de Coutinho y Alba sincroniza cada jugada, el campo puede ir inclinándose hacia Thibaut Courtois progresivamente hasta colar el gol que impulse a cada equipo más todavía hacia sus respectivas dinámicas.

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