Partidos

El hambre de Luis Suárez

Suárez ha demostrado que pasado y presente pueden difuminarse si no se establece un límite temporal.

Luis Suárez esconde tras él una historia de superación. De Salto a Barcelona, pasando por Ámsterdam o Liverpool, su pasado le forjó una forma de ser que extrapola, también, al fútbol. El uruguayo, en lucha por impedir su decadencia como futbolista, responde con más fuerza que nunca, anotando un hat trick al Real Madrid en un histórico 5-1. Suárez no preguntó con quién podía comer, se subió encima de la mesa para recordar que en él sigue habitando aquel depredador del gol. Tal y como hizo John Keating en El Club de los Poetas Muertos: “Me he subido a mi mesa para recordar que hay que mirar las cosas de un modo diferente. El mundo se ve distinto desde aquí arriba”.

Ernesto Valverde volvió a apostar por Rafinha, quien, en la ausencia de Leo Messi, emprendió una nueva mirada al ecosistema azulgrana ante el Inter de Milan en Copa de Europa. Precisamente, fue en la Champions League donde Valverde reivindicó ‘uno para todos’. Ante el Tottenham, la presencia de Arthur cambió el rumbo de la temporada. El plan del Coutinho interior y Dembélé extremo en la misma banda quedó dinamitado en 90 minutos. Por otro lado, Julen Lopetegui dio un último voto de confianza al 4-3-3. Si bien el centro del campo era una de las previsibles claves de El Clásico, el Barcelona empezó ganando desde el inicio. Las permutas de Arthur Melo con Ivan Rakitic en el interior, Sergio Busquets y el ofrecimiento de cara de Rafinha deterioraban mentalmente al Madrid. Aunque fue en una de las bandas, en la izquierda, donde los blancos se desangraron. Jordi Alba, asumido como el único elemento que aportase profundidad, y Philippe Coutinho, descosieron a un desolado Nacho Fernández. Así llegó el primer gol y la acción del penalti de Raphaël Varane sobre Suárez. El Madrid, con un estado de letargo durante gran parte de la temporada, no podía ni pisar campo contrario. La solución era el desplazamiento en largo hacia Karim Benzema, para que el bloque ganase altura, pero, en inferioridad, el francés no fue un argumento suficiente para enderezar la alta presión catalana.

Lopetegui apostó al descanso, pero Valverde tocó teclas y acertó en todas.

Con 2-0 en contra al descanso, Lopetegui estaba obligado a arriesgar, con el sentimiento de saberse sentenciado sin aún haber declarado. No obstante, como la señora Clare en A sangre fría de Truman Capote, pensó: “Solo a mí me corresponde saberlo y a usted adivinarlo”. Así que encargó un último ejercicio a sus hombres. Se ordenó a partir de un sistema de tres centrales, con Sergio Ramos, Casemiro y Nacho en las vigilancias defensivas. De esta forma llegaron los mejores minutos del Madrid. Instalados -por fin- en campo rival y con posesiones más fluidas. Tras el gol de Marcelo, Luka Modric y Benzema tuvieron cerca un 2-2 que habría cambiado el contexto y las dinámicas de ambos equipos. Con el asedio blanco encima, Valverde tocó teclas y acertó en todas. Incluso Arthur había perdido balones justo después de recuperarlos. Dio entrada a Nélson Semedo para enviar al ataque a Sergi Roberto. Cambió el registro de la ofensiva, del balón al pie de Rafinha al espacio del catalán. Los tres centrales del Madrid formaban tres emparejamientos individuales contra el tridente azulgrana, en constantes batallas al borde del abismo. Lopetegui se entregó a conseguir el empate, mientras que el Txingurri pensaba en cómo dañar tras recuperar el balón. Entró Dembélé para agudizar el peligro en transiciones ofensivas.

En la apuesta al rojo salió negro. En una carrera, Sergi Roberto asistió a Suárez para que aumentara la diferencia en el marcador y la impotencia blanca. El cuarto llegaría en un duelo a muerte entre Ramos y el mismo Roberto, en el que llevarse el esférico suponía tener un camino llano hacia Thibaut Courtois. Previamente, Clément Lenglet enviaba un balón largo al frente, un registro que el central utiliza con asiduidad desde campo propio. Fue Luis Suárez, una vez más, quien batió al belga. Con el 4-1 y el partido cerrado, el Barça confirmó que, a veces, todo puede salir bien. Metafóricamente, en un centro de Dembélé llegaría el quinto gol -muchas veces más recordado- de Arturo Vidal.

Decía Valverde que quería “echar de menos a Messi ganando”. Y lo ha hecho tras las victorias ante Inter y Madrid, siendo Ernesto un acertante al pleno. Aunque los focos, inevitablemente, se dirigen a Luis Suárez. Las dudas de principio de temporada le hicieron mejorar y ahora recuerda que el incansable goleador no se ha deteriorado. Suárez ha demostrado que no hay un único camino, que pasado y presente pueden difuminarse si no se establece un límite temporal. Que sigue con el hambre de golear en cada partido.

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