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El príncipe oposita a ser rey

Cuando las cosas van mal, solo los mejores son capaces de asomar la cabeza. Iago Aspas es uno de ellos. El príncipe que oposita a ser Rey.

Una temporada es muy larga. Los diferentes momentos por los que un equipo pasa a lo largo de una campaña son muchos, diversos y variados. En los ejemplos podríamos añadir a equipos que comenzaron ganándolo todo y acabaron en la nada y a otros que desde la nada y la confianza se construyeron, alzándose con la gloria.

Tras un arranque imparable en las tres primeras jornadas, el Celta de Vigo no pasa por su mejor momento en lo que a juego se refiere. Gracias a un empate frente al Espanyol y a las victorias frente al Levante y al Atlético de Madrid, parecía que Antonio Mohamed se había adaptado a la perfección y en tiempo récord a la liga española, pero el juego vertical, dinámico y arriesgado duró justo hasta ese partido. Desde entonces los celestes sufren una desconexión nada habitual durante los últimos años. Muchos han sido los entrenadores que han pasado por el banquillo vigués y cada uno con su estilo, pero todos creyeron que con las cualidades existentes en sus jugadores la posesión del esférico era un beneficio. Sin embargo eso está dejando de ocurrir.

El equipo entrenado por el argentino Mohamed no está consiguiendo encontrar la tecla de la regularidad en muchos de los aspectos del juego. En defensa falta contundencia, carácter y determinación, hasta podríamos decir agresividad y posicionamiento. Las líneas en unas ocasiones se pueden observar muy separadas y en otras excesivamente replegadas, lo que facilita claramente las posibilidades de ocasión del equipo rival.

Si la táctica por la que apostaba en un principio era la del 1-5-2-3 en estos momentos ha vuelto al 1-4-4-2, en el que la principal novedad es la incorporación de Boufal por Pione Sisto. Sea cual sea el orden de posicionamiento, lo cierto es que en muchas ocasiones se puede ver a un equipo perdido, con mucha separación en ataque y defensa y con un ida y vuelta constante, lo que merma mucho las capacidades físicas del equipo y sobre todo de los jugadores de medio campo.

El Celta cuenta en sus filas con un jugador único en su especie. Un goleador polivalente, con multitud de registros ofensivos: Iago Aspas.

Con este contexto… ¿Cómo se puede explicar la goleada por 4 goles a 0 ante el Eibar? La respuesta tiene nombre y apellido: Iago Aspas.

El Celta no fue mejor ni en juego ni en estadísticas, pero en sus filas tiene a un auténtico dominador en esto del fútbol. Si los jugadores diferenciales tienen que mostrarse en los malos momentos, el ‘Principe das Bateas’ lo hizo y de qué manera. En el minuto cuatro de encuentro aprovechó un balón desde la esquina del área grande para batir por encima a Riesgo con un auténtico golazo lleno de colocación y astucia.

A partir de ahí, el Celta comenzó a echarse hacia atrás para buscar las contras, pero sin aportar la solvencia defensiva suficiente. De hecho, las ocasiones del Eibar no fueron pocas. Al término del partido el conjunto armero remató en 17 ocasiones, por las 10 del conjunto local, además de hacerse con el control de la posesión: 60% frente al 40%.

La superioridad de los vigueses se estaba plasmando únicamente debido al ingenio de un mago. Iago Aspas es capaz de liderar a su equipo si está pasando por malos momentos. Durante este encuentro, fue la primera vez en la temporada en la que Iago actuó como delantero centro y su actuación certifica que por estilo, es el mejor para esa posición.

De la nada, es capaz de originar ocasiones. El miedo está patente en el rival cuando el de Moaña lleva el balón en sus botas, porque tiene don para esto del fútbol. Un delantero lleno de pillería y de saber estar, con olfato de gol y calidad. De ahí que en el minuto 33 de juego aprovechase un pase de Brais Méndez y un espacio patrocinado por la zaga vasca para correr, ver adelantado a Asier Riesgo y anotar desde larga distancia su segundo gol.

Un tanto que suponía tranquilidad para los vigueses puesto que el Eibar ya había comenzado a dominar el encuentro en lo que a posesión se refiere. El Celta le ofreció el balón y fueron pocas las ocasiones en las que se decidió a construir desde atrás, rompiendo con una característica casi identificativa de los locales.

Su hambre de gol es insaciable y no descansa. Ágil y vertical, el fútbol de la calle se nota en cada una de sus arrancadas.

Pero el día en la oficina no había terminado para el Príncipe. Su objetivo es convertirse en rey y, tras un bonito tanto de Brais Méndez -el primero en Balaídos-, Aspas aprovechó un fallo de Arbilla para regatear al meta vasco y colocar el balón con sutileza dentro de la red.

Un ‘hat trick’ que da aire a Antonio Mohamed y que puede llegar a distorsionar la falta de juego que se observa en su equipo. Podríamos hacer incluso una división de puntos en los que se están localizando con extrema delicadeza.

En ataque el juego en largo está lastrando las posibilidades de un equipo acostumbrado al riesgo del pase. La dependencia de las segundas jugadas no es muy fructífera cuando en tu medio del campo cuentas con Lobotka y Beltrán, futbolistas de extraordinaria calidad técnica pero no mucha corpulencia para ganar los balones divididos, además de provocar fatiga innecesaria que puede anularlos en facetas ofensivas.

La separación de las líneas también puede contemplarse como uno de los puntos débiles. Las posiciones de ataque no están próximas al balón cuando lo tiene en su poder algún futbolista del medio del campo y los desmarques en ruptura no son muy comunes, por no decir inexistentes, dependiendo claramente del binomio Aspas/Maxi. Tan solo las individualidades están provocando la apertura de huecos en ataque.

En defensa el panorama no varía mucho. La presión es efímera o nula y la situación en la que se posicionan las líneas es muy atrasada. Esto origina claramente que el equipo rival apueste por la posesión cerca del área, generando inquietud en los defensores celestes y atrevimiento en los contrarios. Además, apostando por tener únicamente a dos futbolistas por el medio, los riesgos son aún mayores. La espalda de ambos se gana con facilidad y su gran implicación defensiva no permite ver sus grandes cualidades ofensivas.

La falta de contundencia y los errores por concentración también parecen estar costándole caro al equipo vigués. Lo bueno es que pese a estas situaciones negativas, el conjunto olívico se encuentra en una cómoda décima posición y que la temporada todavía acaba de empezar.

Son demasiados los errores mostrados por el conjunto entrenado por Mohamed, pero hay uno que destaca: la falta de identidad en el estilo de juego.

Queda mucho para corregir los errores y conseguir ser el bloque sólido que se mostró en las tres primeras jornadas. Y si no acuérdense de quién estará pendiente de saldar la deuda. En el mínimo instante de despiste, Iago Aspas olerá el peligro y llamará a la puerta del gol. Esta temporada ha conseguido 8 goles, situándose en el pichichi junto a Stuani y por encima de Leo Messi.

El gallego tiene todo lo necesario para ser lo que es, un delantero único. Su carácter le aporta la raza necesaria, su inteligencia en el área lo convierte en un aprovechador del mínimo espacio y su calidad técnica le permite definir cómo, dónde y cuándo él quiere.

Sus características le permiten actuar con gran variedad de registros. Como nueve clásico de área cuenta con un remate potente y con una gran capacidad de anticipación ante sus rivales, que se ve potenciada por su velocidad. Pero si su objetivo es multiplicar la verticalidad de su equipo en rápidas transiciones, Iago actúa como delantero menos clásico. Viene a recibir, aguanta, genera espacios y corre para aprovechar las debilidades de sus adversarios. Su instinto como goleador convive con su facilidad en la asistencia. Su visión de juego es típica de los que juegan antes de controlar el esférico.

Un jugador de época, que ha conseguido salvar un importante match ball para su entrenador, pero que necesitará mejorar muchos detalles si quiere que la máquina consiga engrasarse a buen ritmo. Reconocerte como un entrenador resultadista tiene sus riesgos y es que, cuando los resultados no acompañan, ya no queda nada más.

El futuro nos indicará qué es lo que ocurrirá, pero de momento en Balaídos pueden seguir disfrutando y mucho pese a que las cosas no consigan arrancar. Aunque no pueda adivinar el futuro, el ‘Mago de Moaña’ tiene el don de hacer desaparecer al rival. Iago Aspas ya ha grabado su nombre en la historia celeste y su juego, descarado y atractivo, encandila a los seguidores vigueses.

Un príncipe que oposita a ser rey, a quedarse con una corona por la que, sin duda, está peleando. De momento es el segundo máximo goleador de la historia del conjunto céltico en Primera División, solo por detrás de Hermida, pero su ambición por querer ser el mejor seguro que le convierte en alguien todavía más determinante, convirtiéndose en un fijo para el nuevo seleccionador nacional. Aunque si su ritmo sigue así, no habrá nadie que se lo discuta.

 

1 comment on “El príncipe oposita a ser rey

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