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De Estambul a Éibar; creer en el fútbol

"Daos la oportunidad de ser héroes". Y aquel Liverpool de Gerrard, Xabi Alonso y compañía lo logró. Remontaron en Estambul una de las mejores finales de Champions League.

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Visitar Ipurua fue uno de los momentos más especiales viví como aficionado al fútbol. Entre el verde de las montañas, Éibar se erige como cualquier otro municipio. Incluso podría pasar desapercibido cuando recorres el zig-zag de la carretera, justo al lado del estadio. Pero tiene algo especial.

Hay un cartel que vigila el recinto, con el lema: “Otro fútbol es posible”. Y es que unos 30.000 habitantes han visto cómo su equipo de fútbol ha llegado a codearse con la élite del fútbol nacional. ¿Cómo no va a ser posible otro fútbol? Ipurua, con dos bloques de pisos vigilando el estadio y unas montañas altas con pequeñas casas, nos recuerda que el fútbol no es lo más importante en la vida. Aunque ocupa un gran lugar dentro de nuestro corazón. Y si alguna vez nos enamoramos de este deporte fue porque es uno de los espacios que permite creer. Donde la racionalidad no siempre gana. Donde la irracionalidad a veces pesa más que cualquier otro argumento. Si no, el Eibar apenas tendría seguidores y no estaría en Primera División.  

Del modesto Ipurua a la final de la Copa de Europa hay un largo camino. Pero incluso allí se hace eco la frase de los defensores del “todo es posible” (al menos en el fútbol). Rafa Benítez quiso creerlo una noche de mayo en Estambul. Empecé con un discurso motivacional para mantenerlos en tensión. Les pedí que empezaran de nuevo a hacer su trabajo y que intentaran revertir la situación. Hice énfasis en que aún faltaban 45 minutos y, sobre todo, en nuestra obligación de abandonar el campo orgullosos de nosotros mismos, sabiendo que habíamos hecho todo lo que estaba en nuestra mano”, recuerda Benítez en el libro season on the brink de Guillem Balagué. El Liverpool perdía 3-0 ante el Milan. El mítico equipo de Maldini, Cafú, Kaká, Seedorf, Shevchenko o Crespo. Ganar una final de Champions League es el sueño de muchos niños. Y como recuerda Maurizio Sarri: “el niño dentro de cada jugador nunca debe apagarse, porque es justo lo que mantiene el carácter lúdico del juego”. La inocencia de los chavales que juegan en el parque -o donde sea- tras salir de la escuela, trasladada al olimpo del fútbol. ¿Es posible divertirse o disfrutar la final de la Copa de Europa? Quizás en ese momento los italianos lo estaban haciendo, porque el marcador era difícilmente remontable.  

Todo empezó mal para el Liverpool. Ni un minuto tardó en adelantarse el Milan, Maldini remató una volea dentro del área, a centro de un joven Andrea Pirlo. Los ingleses reaccionaron atacando, pero dos goles de Hernán Crespo dejaron a los reds con un 3-0 en contra al descanso. Un pase al segundo palo de Shevchenko y una definición de vaselina del argentino fueron suficientes como para establecer una ventaja -casi- definitiva. En este momento llegó la charla de Benítez. Un equipo puede tardar años en disputar una final de Copa de Europa, aunque sea su objetivo principal. Es una competición que no siempre valora al mejor equipo, sino al que mejor gestiona sus emociones, al más inteligente. Al dominador de momentos. Y el Real Madrid lo sabe. Nunca es el momento de rendirse. El entrenador madrileño terminaría su discurso apelando a -como diría Sarri- el niño que cada jugador lleva dentro: Creed que podéis hacerlo y podremos. Daos la oportunidad de ser héroes”. Y tras esas palabras, llegó uno de los momentos más recordados de la final. Los primeros en creer fueron los aficionados reds. Si hay algo que hace especial al Liverpool es Anfield. En la puerta de entrada ya reza el “You’ll never walk alone”. El “This is Anfield” al final del túnel de vestuarios, que te lanza delante de miles de personas con la bufanda en dirección al cielo, recordando a todo visitante del templo que el Liverpool es más que un equipo de fútbol. Porque en Inglaterra, la cultura es diferente.

“Creed que podéis hacerlo y podremos. Daos la oportunidad de ser héroes”

No sabemos cuánto influyeron ni las palabras de Benítez ni el peso de la afición, pero el Liverpool, en apenas quince minutos, igualó el 3-0 adverso. Inició la remontada Steven Gerrard, entonces ya capitán con 25 años, rematando de cabeza un centro Riise. El momento de creer -por qué no- en que igual sí era posible, el cambio de mentalidad para seguir creyendo. En el que Dida ya no parecía imbatible. Smicer, con un lejano disparo, redujo a un solo gol la diferencia. Por inercia, porque no había otro camino, el tercer gol era cuestión de minutos. El apogeo emocional del Liverpool tenía que culminarse con el empate, como mínimo. Luego, el contexto sería distinto. El Milan de Carlo Ancelotti, al que ya se le empezaba a esclarecer el pelo, observaba cómo no podía reaccionar. Y tras un taconazo de Baros dentro del área, Gerrard vio cómo tenía en la punta de su bota el empate. Levantó la cabeza para vencer a Dida con la mirada, pero Gennaro Gattuso se lo impidió. Le derribó por detrás. Penalti.

“La lotería de los penaltis”, dicen muchos. Una reflexión que menosprecia muchos aspectos a tener en cuenta. Una tanda que llegaría tras el pitido final. Dida desafió a Xabi Alonso, que se encontraba ante uno de los momentos claves de su prolífica carrera como futbolista, mirándole a los ojos. Lo falló el tolosarra. Pero hubo un símil con el “You’ll never walk alone” de después del descanso. El no renunciar, no rendirse. Se lanzó a por el rechace y con la zurda empató el partido.

En la prórroga hubo ocasiones para evitar los penaltis, sobre todo por parte del Milan, pero la figura de Dudek ya se estaba preparando para hacer historia e impidió la victoria de los italianos. Y entonces llegaron los penaltis. Esa “lotería” en la que en el último de los casos depende de la suerte. El tipo de carrera del lanzador, la orientación del cuerpo, la parte del pie de golpeo y, por encima de todo, el miedo. El miedo a fallar. O la ambición a marcar. Aspectos extra futbolísticos que bien podrían tener más incidencia que la propia calidad del jugador.  Hasta que llegó el lanzamiento de Shevchenko, Balón de Oro y uno de los delanteros más temibles de la época. Pero ahí estaba Dudek, con el sustento emocional de ya haber parado en la tanda. Con la posibilidad de ser un héroe. Y de serlo. El Liverpool terminó ganando la Copa de Europa.

Liverpool 2

Sabemos que, como mantiene el Eibar, “otro fútbol es posible”. Aunque el camino está lleno de dificultades y los que mandan prefieren tomar otras direcciones, apartar la mirada. Una de las bases que sustenta el lema apela a la irracionalidad del fútbol. Remontar un 3-0 en contra en una final de la Champions League o luchar por un modelo deportivo propio, ante las montañas de millones de euros que acaparan los grandes clubes. Porque si siempre ganasen los mejores, el fútbol no sería fútbol. 

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