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De Valverde a Ousmane

El papel de Ousmane Démbélé es otro desde hace unas jornadas; el de revulsivo. El mensaje de Valverde a Ousmane.

La lesión de Leo Messi abrió un debate candente en el FC Barcelona. Sin su mejor jugador, el factor más determinante del esquema, Ernesto Valverde debía decidir su siguiente movimiento atendiendo a una u otra necesidad: desequilibrar o controlar. La primera respuesta fue la entrada de Ousmane Dembélé tras la lesión de Messi, ocupando su zona, pero no así sus funciones. Su fútbol, que no atiende a la táctica o la razón, pasó a ser un punto de riesgo para lo que Ernesto había diseñado en su pizarra. Cada pérdida en ese sector era contestada con un contragolpe que pillaba al equipo a medio camino entre atacar y defender, una situación inaguantable a 90 minutos. Porque Dembélé juega para dejar huella, sin importar el cómo. Su fútbol se entiende desde las jugadas y no desde el juego.

El fútbol de Dembélé no se entiende desde la táctica, sino desde las acciones puntuales.

El plan fallaba en cuanto Ousmane Dembélé recibía la pelota. No por sus condiciones, sino por su interpretación del juego. Ahí entró en acción Rafinha Alcántara para ser titular en los siguientes tres partidos y, siendo siempre el primer cambio, dar 65 minutos de continuidad táctica a la idea. Sin la brillantez o la capacidad decisoria del francés, Rafinha sí le permite a Valverde prolongar su idea, la de un extremo en zonas interiores, con buena lectura en posicional y alérgico a las pérdidas que expongan a su equipo, trabajado para presionar. Pierde sorpresa, amenaza al espacio, pero gana en seguridad y control, conceptos muy amigos del Txingurri y que, sin Leo Messi, se convierten en innegociables. Con Dembélé todo el plan táctico añadía un grado más de dificultad. Pero, ¿qué supone guardarte la carta de Ousmane en el banquillo?

Detectado el problema y vista la solución, Rafinha actuaba de soporte, siendo una parte más del entramado táctico dibujado sobre el verde. Así pues, Ernesto Valverde ha decidido concederle a Dembélé el rol de jugador “número 12”, el de agitador. De Ernesto a Ousmane. El mensaje es claro y coherente con lo visto hasta ahora. Entregarle el partido al francés en un contexto en el que pese más lo físico que lo táctico, en que cada transición se pueda pagar más cara, en definitiva, abaratar el peaje tras cada pérdida. En un contexto de partido mucho más abierto tener a Dembélé te da más de lo que te quita, siendo su partido en Vallecas un claro ejemplo. Sin estar fino, fue decisivo con un gol de difícil ejecución.

Está por ver cuál es la respuesta del francés a este nuevo escenario planteado por Ernesto Valverde. Su pérdida progresiva de peso en el equipo titular ha generado un crecimiento táctico notable del equipo, consolidando unas rutinas en salida de balón y en ataque posicional anteriormente difíciles de ver. La afirmación de “este Barça nació con Arthur” no se entiende sin “y sin Dembélé”. No es que Dembélé no pueda formar parte del once, sino que su fútbol, ahora mismo, se ve mucho más potenciado partiendo desde el banquillo, con escenarios abiertos. Parece claro que el técnico extremeño tiene claro dónde y cómo puede brillar Ousmane, ahora hará falta que él lo crea.

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