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El agujero detrás de Neymar Jr

Neymar demostró contra el Napoli un nivel y una responsabilidad altísimos, pero echó de menos una estructura que le ayudara a determinar el encuentro.

Tomas Tuchel es la última apuesta de la dirección deportiva del Paris Saint-Germain para, una vez conquistado el territorio nacional, pelear con los mejores equipos de Europa por levantar la Champions League. El técnico alemán tiene entre sus manos uno de los ataques más temibles del continente pero, a la vez, al igual que su predecesor Unai Emery, también muchas dudas en aspectos tan importantes como el sistema, la capacidad de control y la gestión del centro del campo. Primero por configuración de plantilla y después por una sucesión de modificaciones tácticas no siempre óptimas, el PSG pasea por partidos y semanas con más de un rato de poca coherencia en su juego.

La falta de estructura que dé aire a sus estrellas es palpable en el actual PSG.

Probablemente el aporte mas significativo de Tuchel en Paris haya sido la reubicación de Neymar Júnior sobre el terreno de juego y en relación a sus jugadores. Acostumbrados tanto en Barcelona como en la Ligue 1 a verlo jugar por la izquierda, ahora podemos ver al brasileño ocupando mayoritariamente el carril central. Esto le permite participar mucho más en el juego y, especialmente con el fantástico punto de forma actual que está demostrando, resultar determinante en la zona del campo desde la que con más amplitud se puede ganar un partido. Durante el primer tiempo contra el Napoli vimos a un Neymar excelso en el control de balón y en el arte de mezclar pausa con arrancada, siendo capaz de desbordar con ambas virtudes al centro del campo local y siendo un auténtico azote para la defensa del conjunto de Carlo Ancelotti. Con un jugador de tal talento y en tal estado de gracia, solo con un correcto acompañamiento se podría esperar una tendencia victoriosa predominante. Sin embargo, su alrededor carecía de coherencia y lectura.

El PSG jugó con su nuevo sistema 3-5-2 y Marco Verratti como mediocentro en solitario. Con el italiano y los tres centrales, la salida de balón se muestra aseada y segura pero, a partir de ahí, se pierde la conexión. El ritmo asociativo que aportan Julien Draxler y Ángel Di María, fuera de sitio desde los interiores, fue muy lento e insuficiente como para a partir de él comprometer la estructura del rival. Así, es Neymar el que tiene que alternar varias alturas en ese carril central para primero arrancar la jugada y después acelerarla. En el partido de la cuarta jornada de la Champions League observamos dos connotaciones de esta escena: que el 10 es capaz de hacerlo pero que esto le lastra como para ser también protagonista en la definición final. Algo que Tuchel seguramente no se pueda permitir al provocar este sistema que Edinson Cavani participe menos y que tenga que ser Kylian Mbappé el que se encargue de ocupar el área, algo para lo que todavía no está preparado y que además recorta su exuberancia y condicionamiento al espacio.

El Napoli sí mostró idea, sistema y control; todo lo que el PSG necesita.

En la segunda mitad el Napoli aprovechó el incremento en la distancia entre líneas de su rival y la escasa capacidad de quite de su centro del campo y comenzó a hacer mucho daño en ataque. La idea de Ancelotti se acerca a un juego de posición en el que el vector de Marek Hamsik y Lorenzo Insigne pone la creatividad. A partir de un adecuado agrupamiento de Fabián Ruiz y Allan y de la capacidad para dar profundidad al sistema de los delanteros, el equipo italiano comenzó a perder el balón más arriba y de mejor manera, y cercó el área de Buffon hasta que logró el gol, teniendo a la vez bien controlado a un Neymar que bajó su rendimiento y a un Mbappé bien vigilado por un excelso Kalidou Koulibaly. Solo tras el empate logró estirarse el PSG, sobre todo por una banda izquierda que comenzó a activar Juan Bernat, estando la derecha ciega todo el partido por un impreciso Meunier. En definitiva, contra el Napoli el PSG pudo mirarse en el espejo y comprobar que el equipo de Ancelotti sí puede alcanzar en este momento ese equilibrio, control y capacidad de potenciar a sus jugadores más desequilibrantes, conceptos que ansía el proyecto parisino y que ayudarían a Neymar a subir la apuesta durante esta temporada 2018/2019.

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