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El Atlético de Madrid sin Koke Resurrección

Diego Pablo Simeone continúa en su búsqueda de sistema para la temporada que ya llevamos bien avanzada. El argentino maneja dudas tanto en el cómo como en el quién, en fase defensiva y ofensiva, y en todas las líneas excepto en una portería extraordinariamente bien defendida por Jan Oblak. Contra el Athletic de Bilbao pudimos ver algunas variantes que parece va introduciendo el Cholo y que, al menos, suenan coherentes, aunque no definitivas para subir un escalón el nivel global del equipo.

Saúl Ñíguez parece haber subido unos metros su posición sobre el campo.

Tras unos primeros meses en los que insistió mucho en colocar a Saúl Ñíguez en posición de interior, donde no parecía muy cómodo al verse inmerso en un necesario circuito de pases para el que no está especialmente dotado para agilizar, mejorar y orientar y además debiendo limitar su ímpetu de progresión en el campo, de cubrir metros y de participar en diferentes alturas. En el partido del sábado Saúl jugó en el volante izquierdo, con libertad para soltarse y llegar al área, y como foco para el envío directo, funciones que lo conectan mejor al juego y que le permiten alcanzar su nivel más alto. Su lugar en el interior lo ocupó Thomas Partey junto a Rodrigo Hernández.

Aunque fueron de menos a más, la pareja de centrocampistas no consiguió manejar el control del juego durante todo el partido. El ritmo de circulación fue irregular y en pocas ocasiones conseguían poner en ventaja a los jugadores más ofensivos. El impacto físico de San José y el fabuloso talento táctico que demostró un eficiente Beñat Etxebarria siempre estuvieron presentes y dando la oportunidad a su equipo para frenar las acometidas locales, encontrar caminos para la salida y amenazar a la defensa rojiblanca principalmente a través de un incisivo Iñaki Williams. Es cierto que tanto Rodrigo como Thomas fueron a más, especialmente el ghanés, que exhibió en el último tramo su dominante físico y su depurada técnica en el quiebro y el pase. Pero siempre quedó la sensación de que los momentos de posesión quedaban escasos de gestión de jugada, de criterio asociativo y en definitiva de creatividad para que cada entrega tuviera como objetivo que, dos o tres más adelante, Costa o Griezmann vieran de cara a Herrerín con el balón controlado, siempre con el permiso de un Unai Núñez que dejó una sensación de seguridad y tranquilidad apabullantes. Aunque cada mediocentro y volante del Atleti tiene calidad suficiente en el pase como para someter al rival con alguno, solo Koke Resurrección parece ser capaz de darle continuidad a ese gesto, siendo, hasta ahora, la única pieza cuyo rol difícilmente puede ejecutar otro nombre.

Koke es un centrocampista de perfil único en la nómina del Atlético de Madrid.

O al menos desde el centro del campo. Porque la creatividad también podría venir de otra esquina. Antoine Griezmann se vio atrapado por el ajustadísimo control en el espacio entre líneas que planeó Eduardo Berizzo, y poco pudo influir a partir de los apoyos y el juego entre líneas. Como foco de desequilibrio, el único que sí convenció fue Ángel Correa. El argentino, desde el extremo derecho, mostró finura, electricidad, virtuosismo y velocidad, e incluso buena compenetración con un Arias que parece empezar a hacerse hueco en el lateral derecho. Conocemos la plantilla del Atleti, sabemos del potencial que tiene y, sobre todo, la versatilidad de sus piezas. Necesitan el carácter de Godín, el orden de Rodrigo, la gestión de Koke y la magia de Griezmann. La baja del vallecano en el Wanda Metropolitano dejó claro que para Simeone su concurso, en este momento, es fundamental para que el resto fluya con nitidez.

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