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Masip conquista Zorrilla

Hace algún tiempo, recorriendo libros, personajes y jugadas, me encontré con una frase que definía perfectamente la labor de un gran portero. En la frase se afirmaba que, para ser un gran portero, has de tener en cuenta otros muchos factores. La frase en cuestión, tras buscarla recientemente, decía que “Un buen portero necesita saber organizar a toda la gente delante de ti, además de motivarlos”. La frase es de Peter Shilton, mítico guardameta inglés que algo puede contar acerca de este oficio. Leyendo la frase de nuevas, me vino a la cabeza rápidamente la figura de Jordi Masip. 

Futbolista nacido en Sabadell, recaló en el Real Valladolid tras pasar toda su juventud vistiendo los colores del FC Barcelona, club en el que se formó desde niño. En el equipo azulgrana recorrió todas las categorías, en las que pasó por las manos de grandes entrenadores como Luis Enrique, hoy seleccionador español (con quien debutó en el filial y en el primer equipo), Eusebio o Tito Vilanova. Su llegada al conjunto pucelano supuso, para equipo y afición, la tranquilidad y la confianza que da saber que atrás hay un portero en forma, que cumple su función y encaja en el sistema. 

Es curioso darse cuenta de que el matiz de las palabras de Shilton se refleja en la habilidad del equipo a la hora de irse arriba. La confianza y la motivación de quienes sostienen el balón arriba sabiendo que todo carbura abajo. Incluso nos hace pensar en nuestra capacidad, como aficionados a este deporte, para poder mirar el juego y disfrutar de lo que pasa en el campo sin el miedo febril de temer el gol constantemente. El aficionado se sabe preparado si la cosa se tuerce. Y en esa idea, merece la pena pararse a pensar en la oportunidad que tiene el equipo de Sergio por contar con un meta que, tanto en la gesta del ascenso como en lo que va de temporada, consiga controlar cada situación que se da en el terreno de juego.

Masip, más allá de la función base de un portero, que es parar, aporta mucho mas al juego del Valladolid.

Y es que se ha repetido tantas veces eso de que “el portero vive solo” que nos lo hemos creído, pero la realidad es que la soledad del portero en el campo es elegida. Jordi en cambio, elige no estar solo. Se relaciona con los elementos de su entorno, se asocia y comienza jugada, observa e intenta intuir el ataque rival, se posiciona en función de lo que va sucediendo arriba. 

Leyendo con atención y perspectiva la intención estructural del fútbol que propone Sergio para el Valladolid, es obvio que añadir a la ecuación un activo más es vital. Jordi Masip, con el ‘1’ a la espalda, a menudo consigue generar esos triángulos que tanto cuestan en la zona defensiva. En esa zona de salida de balón en la que dar opciones a los Calero, Olivas o Alcaraz puede significar iniciar el juego de ataque en cuatro, cinco o seis pases menos. El de Sabadell es de esa raza de porteros que no se esconden, que no racanean con los metros a su espalda y que consiguen tranquilizar con su posición y sus paradas, a la vez que agitan con su visión y sus pases. Ante todo, el portero catalán del Real Valladolid logra ser el que debe ser y se espera, sabiendo el sistema en el que juega. 

Con las palabras de Shilton no dejo de pensar en los objetivos, en el sistema y en la idea, en cómo este deporte ha cambiado tanto y, a la vez, tan poco. En los albores del fútbol, el portero jugaba sin guantes. A algunos, como Jordi Masip, no costaría verlo sin ellos, unos metros delante de la línea del área, entendiendo y participando en el juego. Como otros muchos grandes porteros, Masip es un jugador de campo que ha decidido llevar guantes. La suerte del Real Valladolid, es tenerlo de su parte.

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