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El camino hacia Borja Iglesias

Terminó de la peor forma posible. «A lo mejor es que este equipo no da para más», sugirió Quique Sánchez Flores el pasado mes de abril. La frase lapidaria tenía un único fin posible para él y un futuro incierto para el club. «No sabemos lo que nos pasa, y eso es precisamente lo que nos pasa», que diría Ortega y Gasset. El entrenador madrileño modificó la estructura del Espanyol en su segunda temporada, pero los resultados tampoco llegaron. La búsqueda del equilibrio privó al equipo de libertad en el viaje. Llegó Rubi, acompañado de Borja Iglesias, y con la misma base, el equipo evolucionó en otra dirección para demostrarle a Quique que los blanquiazules tenían un potencial mayor.

Gerard Moreno fue el principio y el fin del Espanyol, en un sistema con una dependencia gigante sobre el atacante. No obstante, Rubi ha cambiado la esencia del equipo. Desde el balón, con una propuesta grupal en la que muchos jugadores tienen peso sobre el recorrido del esférico. Detrás de la afirmación de Quique se escondían dos nombres que, hasta el momento, habían tenido una presencia testimonial. Mario Hermoso y Marc Roca han pasado del nada al todo en apenas meses. Si bien David López fue uno de los nombres propios la pasada campaña, en esta Hermoso está llevando la iniciativa desde el primer escalón de juego. Además, sin balón y con muchos metros a su espalda, está gestionando el tempo para arriesgar en el corte, sin ser extremadamente impetuoso. Por otro lado, Marc Roca dibuja otro de los puntos clave del plan perico. A diferente altura que los centrales, el canterano dirige el plano secuencia. Los centrales, en consonancia a los desplazamientos de los interiores, trazan, en muchas ocasiones, un recorrido directo hacia Borja Iglesias, entre dos líneas defensivas rivales.

Los interiores realizan movimientos variados en relación a la estructuración defensiva rival. Aunque Javi López y Didac Vilà suman altura por fuera, es más una apariencia que una certeza. Los laterales no son la principal amenaza de cara a la finalización, pero se conjugan con Esteban Granero y Sergi Darder. El centrocampista catalán se sitúa más cerca del área que de la base de la jugada. Sin la naturalidad de un mediapunta, en muchas ocasiones recibe de espaldas a la portería, pero bien perfilado es tan plástico como efectivo. Es el jugador más talentoso del equipo y Rubi le concibe como un futbolista capaz de sumar a través del último pase. Como enganche ficticio mutando de rol, Darder es -en lo potencial y en realidad- el jugador más creativo del Espanyol. Sin extremos puros en el once, presuponiendo como titulares a Sergio García y Leo Baptistao, los interiores tienden a terminar movimientos dentro del área rival.

Sergi Darder es la creación y Borja Iglesias, el gol.

En el costado izquierdo, Granero y Sergio García han formado una sociedad que, a priori,  parecía contrarrevolucionaria. Con papeles diferentes, Rubi les ha confeccionado una zona de confort. El de Bon Pastor permuta posiciones exteriores con acompañar a Borja Iglesias en punta, en situaciones en las que el objetivo es la conexión por dentro. Mira el fútbol con otros ojos. El camino hacia el Panda, de hecho, es interior. Borja es más de lo que parece, no se conjuga con los prejuicios de su físico. Aunque no destaca por la velocidad, en conducción enfatiza los movimientos corporales para llegar al área. Cayendo a los costados o siendo referencia, el Espanyol ha conseguido arropar a un delantero capaz de mutar y que, además, posee uno de los bienes más preciados -no solo en la zona media y baja de la tabla, sino también en equipos con una propuesta similar-: el gol.

El plan de Rubi está asentado, pero la sostenibilidad de este a largo plazo depende de dos puntos aún ciertamente invisibles y ambos relacionados con el marcador. El Espanyol ha marcado en once de los doce partidos disputados en liga, tan solo se quedó a cero en la derrota en el Santiago Bernabéu por 1-0. Sin embargo, los blanquiazules solo terminaron ganando en seis de las once ocasiones en las que comenzaron ganando. En cierto modo, las alternativas al once son uno de los grandes interrogantes. Con el marcador a favor los de Rubi no tienen una hoja de ruta clara para cerrar los partidos, pero están aprendiendo a sufrir, a sobrevivir al borde del abismo. En transiciones, con espacios, el manejo es bueno pero no excelente. Pablo Piatti y Hernán Pérez quedan algo cortos en el plan, aunque por perfil se adecuan. Javi Puado, delantero centro por naturaleza, es una alternativa en banda en las segundas partes. Es, por ende, el banquillo una de las dudas respecto a la continuidad de los buenos resultados. Ya sea para gestionar los marcadores favorables, como para dar descanso a los habituales. El camino está marcado y el fin, con Borja Iglesias como exponente, es el gol.

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