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Un baño de realidad

A Luis Enrique se le acumulan los problemas. Tras un buen arranque en su nueva etapa como seleccionador, dando vitalidad a la ofensiva española y cosechando resultados positivos y buenas sensaciones tanto en partidos oficiales como en amistosos, las dos últimas jornadas de selecciones no le han venido nada bien a la moral de la Roja. La aventura del asturiano arrancaba con una victoria de rigor en Wembley superando a una Inglaterra que vería tres días después cómo le aventajaba en seis puntos la Selección Española tras vencer a Croacia en Elche con un contundente 6-0. Las noticias eran lo más positivas posible mientras el análisis apenas encontraba fisuras en España.. hasta que llegó el último parón hace apenas un mes.

España caía un día 15, como la noche de ayer en Zagreb, ante una Inglaterra que aprovechó a la perfección las ocasiones que logró generar. Una cuestión más de determinación que otra cosa, aunque también tácticamente planteó un partido que limitó las opciones de España y, sobre todo, explotó las propias limitaciones de esta. Algo muy similar ocurrió ante Croacia. España pudo generar, acercarse al área e intimidar la defensa arlequinada, pero se mostró muy vulnerable atrás, impreciso en salida y, como principal problema, recuperó los fantasmas del pasado en transición defensiva; el principal déficit de España en el último Mundial de Rusia.

El planteamiento de Croacia explotó las principales carencias de España ahora mismo. Con especial foco en la transición defensiva.

Si bien el dominio español no fue aplastante, y el buen repliegue croata, que juntó muy bien sus líneas justo desde la línea frontal del área en diversos tramos del encuentro, impidió que la Selección encontrase fisuras con facilidad, lo cierto es que los de Luis Enrique tampoco se mostraron incómodos con la posesión en campo contrario, pero en la otra mitad tuvieron los problemas principales. Ante la presión elevada de Rebic, Kramaric y Perisic, Croacia logró desactivar a un Busquets mucho más cercano a los centrales, lejos de la altura que le permite hacer lo que más le caracteriza; la protección y el giro. Sin lograr poner a España de cara, el peso en la salida lo tomaron los centrales, y esa fue la mejor noticia para los de Zlatko Dalic.

Por fuera, dada la intensa presión de los extremos croatas, la salida estaba totalmente obstruida, mientras por dentro, los interiores españoles estaban demasiado lejos de Íñigo Martínez y Sergio Ramos y, cuando Ceballos y Saúl -este unos metros más cerca que el madridista- recibían, lo hacían siempre en desventaja, de espaldas al área rival, como ocurriese con Isco o Rodrigo. Y ese fue el principal error de España para construir un fútbol ofensivo que sí fluía cuando el sevillano podía controlar con un mínimo espacio para orientarse hacia la meta rival. Fueron los mejores minutos de España, cuando Ceballos lograba encarar el sistema defensivo rival ya fuese desde la técnica y el regate como desde las conducciones. España encontró en él la vía más estable para atacar el área de Kalinic, pero esto supuso una nueva situación para que la Selección mostrase su mayor carencia: la transición defensiva.

Como ya ocurriese en Rusia, la Roja mostró sus enormes dificultades corriendo hacia atrás y defendiendo el espacio que queda a su espalda cuando el bloque se asienta a una altura adelantada. Con jugadores de una capacidad física superior, Croacia aprovechó esto para hacer daño a España lanzando a varios futbolistas a la contra. España, más allá de la inseguridad que muestran piezas clave en un mal momento de forma, volvió a dejar patentes sus principales déficits en el juego, algo que Luis Enrique, teniendo aún que definir su once de confianza, debe trabajar por paliar en el próximo proyecto a medio plazo como es la clasificación para la próxima Eurocopa, como el propio asturiano dejó patente en la rueda de prensa posterior a la derrota en Zagreb, que supuso un baño de realidad para la expedición española.

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