Balón en Profundidad

Fútbol hasta la línea de gol

Partidos

Se jugó sin pelota

El partido que disputaron Atlético de Madrid y FC Barcelona en el Wanda Metropolitano siguió la tónica de sus entrenadores y no tanto la de sus jugadores, algo que normalmente indica que el partido va a ser menos del agrado del espectador. Tanto el Cholo Simeone como Ernesto Valverde jugaron desde la inferioridad, vistiendo a sus equipos con ciertas precauciones que, en otros escenarios, no habían mostrado. Se jugó un gran partido de fútbol… pero el balón no fue el protagonista.

Los precedentes así lo advertían. Tanto Atlético como Barcelona venían mostrando debilidades antaño escondidas, derroteros en los que sus rivales habían hecho mella para atacarles. Manos a la obra, ambos técnicos diseñaron planes distintos pero parecidos, priorizando un control estéril, sin opciones reales de llegar al gol. El Cholo, desde su 4-4-2 asentó su plan que pasaba por dos premisas básicas. Su bloque jugó muy lejos del área rival, sin apenas estirarse, con Diego Costa y Antoine Griezmann siempre por detrás de BusquetsArthur, lo que le permitía ensuciar líneas de pase a costa de perder amenaza en la transición. Algo que se acentúa si Diego Costa «no es Diego Costa». El de Lagarto rompió una racha de casi 300 días sin gol en Liga, pero su partido evidenció que este jugador ya no le permite al Atleti vivir agazapado. La otra premisa táctica fue el comportamiento de Saúl Ñíguez sin balón, persiguiendo a Jordi Alba y negándole a Messi su mejor socio. El Atleti, a pesar de contar con Rodri, nunca logró asentarse en campo contrario porque no le interesaba. Temeroso, el equipo del Cholo se asemejó al de 2014 con la diferencia de que ahora la calidad es mucho mayor, y se nota. Ya no se sabe cómo disfruta más este equipo.

Diego Costa está lejos de su mejor nivel desde hace mucho tiempo.

El FC Barcelona tuvo que hacer frente a las ausencias de Raktic y Coutinho, hombres capitales en los planes de Valverde. Arturo Vidal, que lleva tiempo demostrando su valía para el Barça, saltó a la titularidad en una noche propicia para el chileno. Ninguna mejor que la que enfrenta el «guerrero» al Atlético de Madrid. Formó Valverde con sistema que alternaba según los planes de Messi, siempre imprevisibles y la posición de Roberto. A ratos un 4-2-2-2 a otros un 4-3-2-1. El canterano actuó en el interior derecho bastante abierto para dar oxígeno a las recepciones interiores de Leo a la par que servía de enganche en las transiciones defensivas, siendo Roberto un jugador dotado para correr hacia atrás.? La posición de Vidal fue la de un enganche más propenso a jugar sin balón que con él. Su figura colocaba al FC Barcelona con un rombo, siendo él la punta, amenazando la espalda del doble pivote rojiblanco y saltando a la presión, algo que venía haciendo últimamente Arthur.

El Barça, que optó por sustituir a Coutinho por Vidal y a Raktic por Roberto, perdía dos cosas. La primera, ligada a la figura de Philippe y la no presencia de Dembélé o Malcom, es la de desborde. No tuvo capacidad de sorpresa, salvo Messi, para desordenar al equipo más ordenado de esta Liga. Con Jordi Alba anulado, Leo no tuvo socios para sacar ventaja a su juego y Suárez no encontró ninguna situación ventajosa. Sin profundidad, el Barça fue un equipo demasiado corto. Junto, con la pelota, se limitó a no perderla. Sin Ivan Rakitic perdió cambio de orientación, es decir, capacidad para aclarar jugadas. Los pases carecieron de verticalidad, fueron horizontales y previsibles, algo que por el contrario no desagradaba a Valverde con el objetivo de no perder la pelota.

Solo con el gol casi anecdótico de Diego Costa despertaron ambos conjuntos, que escondieron la bandera blanca con la que habían saltado al campo cambiándola por un cuchillo entre los dientes. Entró Ousmane Dembélé, que juega como juegan los niños, sin importarles nada de lo que les rodea, inmunes a la crítica y al ruido mediático. Mientras me preguntaba si Ousmane juega a la Play como juega en el verde, empató. El 95% de los jugadores hubiera disparado, sin pensarlo. Delante de Oblak es mejor no pensar, pero el francés, mostrando lo que es, amagó y desafió a Jan batiéndole por debajo de las piernas. Quizás para él, como para los niños, por debajo de las piernas vale doble. Nadie entiende al francés. ¿Su suerte o su desgracia?

 

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