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El tiempo de Quique Setién

Cada mañana bajaba a la panadería que tenía justo al lado del portal. Pedía un café y un cruasán, para llevar. Camuflando los límites entre el futbolista y la persona, Takashi Inui vivía tranquilamente en Eibar. En las reposadas y frías mañanas del norte, el japonés siempre pedía el mismo almuerzo. Eso sí, con gestos. Cambió Ipurua por el Benito Villamarín y Sevilla, en una translación cultural de facto. Para jugar en un equipo que también está viviendo momentos de transformación, el Real Betis.

Desde que Quique Setién llegó a Heliópolis, los verdiblancos se han convertido en uno de los equipos más especiales de La Liga. Los cambios son procesos y demandan un mismo denominador: tiempo. Sin embargo, los nuevos entrenadores siempre trabajan a contracorriente. No nos criaron para ser cobardes, replica el agente Chuck Aule al doctor Jeremiah Naehring en Shutter Island. Así es como Setién proyectó una forma de entender el fútbol, sin renunciar nunca a su ideología, consciente de las consecuencias de un posible error. En la temporada de la confirmación, el Betis se está encontrando con algunos problemas. El resto de equipos les conocen y les tratan como a un grande, defendiendo muy atrás y regalando el balón, pese a que los verdiblancos nunca renuncian a este. Ni el Barcelona, exponente durante años de la misma filosofía, pudo arrebatarle el esférico. Una metáfora que los de Setién cerraron ganando el partido. Francisco Cabezas definió la victoria del Betis en el Camp Nou como un “homenaje a Cruyff”. Cambios, proceso, tiempo.

El mundo del fútbol tiene una memoria (in)voluntariamente efímera. Y es que el Benito Villamarín, tras la histórica clasificación europea de la temporada pasada, aún no se ha acostumbrado completamente al juego del equipo. Lo explicaba Júnior Firpo en Estadio Deportivo: “A veces, a nosotros nos desespera un poco que a los cinco minutos de partido haya ese runrún porque hemos perdido dos balones con la presión del rival”. Cambios, proceso, tiempo. “Si la gente hace la comparativa de todos nuestros partidos, verá que esta forma de jugar nos da mucho más que nos quita, concluía el carrilero izquierdo.

Europa actuó de efecto llamada. El segundo capítulo del proyecto prende una mayor envergadura con los nuevos nombres que trajo el verano, continuando el mismo proceso. El encuentro en Sevilla ante el Villarreal marcó un punto de inflexión: sin devaluar el peso de las ideas, el Betis pasó a jugar con un sistema de tres centrales. Con un defensa más, el equipo ataca mejor. El planteamiento rival, sin embargo, obliga al Betis a reinventarse en cada jugada para poder generar ocasiones. William Carvalho, a priori, era uno de los ejes a partir del cual desenvolverse. El portugués no es -completamente- lo que parece, la forma repercute en la concepción. Con muchos hombres por delante de él, los partidos le exigen rapidez para girar los sentidos del juego. Pero con pequeñas concesiones -como el contexto que ofreció el Camp Nou-, el Betis agudiza el peligro.

Aunque el Betis aglutina un sinfín de mediapuntas y una gran capacidad de variabilidad de futbolistas en el apartado ofensivo, Sergio Canales y Gio Lo Celso son los portavoces del ataque, de la creación. Canales se ha convertido en la prolongación de la figura de su entrenador, actuando en diferentes alturas del campo y jerarquizando los movimientos del balón. Mientras que Sergio es el nexo entre los primeros escalones del juego, Lo Celso ha vuelto a ser el que, hace unos años, el fútbol argentino ya intuía. En París, Unai Emery trató de reconvertir a Gio de mediapunta a mediocentro. Le otorgó el timón de un equipo que viajaba hacia una dirección difusa. El brillante atacante se apagó jugando de cinco ante el Real Madrid. Aunque muchos mediapuntas han reformulado su fútbol como pivotes, Lo Celso aún no es ese tipo de futbolista. Puro gambeteador, cerca de la zona de finalización, pero interiorizando, cada vez más, el papel de interior. Cambios, proceso, tiempo.

El uso de la posesión que hace el Betis tiene una doble vertiente, de significados recíprocos. Por un lado, es el arma ofensiva. Pero, a su vez, es la mejor forma de defenderse. La posesión de balón también implica una mejor estructuración posicional en caso de perder el balón. Es la única forma en la que entienden el fútbol. En el patio nadie jugaba a entregarle el balón al rival, justificaba Eder Sarabia en la Revista Panenka. El problema de domar el balón es que la mayoría de los rivales renuncian a este desde un primer momento. La sobrepoblación del área es el enigma por resolver. Y en esa zona, todos son iguales. Sergio León, Loren Morón y Tonny Sanabria, cada uno con sus particularidades y sus diferencias, son los encargados de cerrar etapas. Acabando la temporada en la cima, al Betis le está costando encontrar el gol. Pero llega. Y, aunque aparezca el runrún que destaca Júnior, los de Setién, esta temporada, ya han ganado en San Siro, el Camp Nou y un derbi en el descuento. Aquel gol lo anotó un infinito Joaquín. Cambios, proceso, tiempo.

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