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Sacando conclusiones en Escocia

Lo más positivo de la noche europea del jueves fue poder ver un escenario tan maravilloso como Ibrox Park lucir sus mejores galas, con un lleno absoluto y un ambiente envidiable de fútbol por los cuatro costados. Más allá de ver recuperado a uno de los templos de este deporte en una competición continental, pocas conclusiones positivas pudieron extraer de allí la expedición amarilla del Villarreal. Los de Javi Calleja suman un compromiso más con una sensación agridulce, una actuación que no invita al optimismo y que sigue arrojando dudas sobre un submarino amarillo que necesita remontar ya el vuelo.

Muy diferente fue la imagen en el último duelo liguero, donde obtuvieron una victoria de peso ante un fuerte rival como el Betis de Quique Setién, sumando de nuevo tres puntos tras dos meses sin conocer la victoria en Liga. Sin embargo, sí hay algo se puede sacar en claro de esta última semana para los de Calleja: quiénes son los jugadores determinantes del equipo. Y que, además, sin estos el juego cambia radicalmente.

Los jugadores clave en el Villarreal, ausentes en el once ante el Rangers, ganaron peso precisamente desde su ausencia.

La vuelta de Gerard Moreno a su club formativo suponía una apuesta segura, un jugador que ya conocía la casa y donde firmó una temporada brillante antes de partir hacia Barcelona y que, una vez allí, siguió siendo una pieza fundamental en un Espanyol con alta dependencia del de Santa Perpètua de Mogoda. En un Villarreal sin Bakambú y con apuestas más inciertas como un Bacca lejos de su mejor nivel y un Toko Ekambi al que aún había que medir su adaptación a nuestro fútbol, las capacidades de Gerard de cara a puerta y en la generación fuera del área se antojaban fundamentales y, aunque le está costando arrancar sobre todo en términos de acierto, sí que está siendo la pieza clave en la delantera amarilla. Otro que está de vuelta y que poco a poco va cuajando en el fútbol del técnico madrileño es Santi Cazorla. Llegó como en una nueva oportunidad en su carrera, tan maltrecha por las lesiones, pero a poco ha ido recuperando sensaciones y tono sobre el césped, permitiendo al asturiano sacar de nuevo su chistera para dotar al Villarreal de una clase y clarividencia con balón que ningún otro jugador de la plantilla puede aportar.

El último de los nombres propios que destacó en esa victoria ante el Betis y que, como los dos anteriores protagonistas, no fue de la partida en Glasgow, es el bueno de Samu Chukwueze. Su aparición como titular ya en Europa League en tierras rusas, pero especialmente en su debut en Liga ante el Levante en La Cerámica, dejó claro que el joven canterano nigeriano es un jugador diferente. Eléctrico, atrevido, con buen disparo y lo más importante: muy determinado. A pesar de sus 19 años. Y hasta el momento, también determinante. Ante el Betis anotó su tercer gol con el primer equipo, el de la victoria, y en Escocia salió, junto a Gerard y Santi, para tratar de darle la victoria a los de Calleja, que sumaban más de un cuarto de hora con superioridad numérica. No fueron capaces de levantar el partido para los suyos, pero sí que lo cambiaron. Samu fue quien más lo intentó, el que más propuso desde el desequilibrio, mientras Gerard hacia lo propio con sus movimientos y Cazorla se encargaba de distribuir. Tres factores que al Villarreal se le notaron ausentes a lo largo de la primera hora de partido.

El Villarreal necesitaba del control de balón para incomodar al rival, pero en la primera parte, hasta la expulsión, le fue imposible dominar.

El Rangers de Gerrard quería un contexto de partido muy concreto que durante la primera parte lograron provocar. Acercar más el juego al fútbol prototípico escocés y no tanto al peninsular. El partido se volvió vertical, tosco y muy físico, algo que daba ventaja a los locales. El Villarreal era incapaz de trenzar jugadas con fluidez mandando desde la posesión, siéndole muy difícil encontrar a Fornals entre líneas y volcar el juego hacia la zona de tres cuartos rival. Eso lo pagaron caro los de Calleja, aunque sería injusto no reconocer que el meta escocés, Mcgregor, fue el más destacado de la primera mitad desbaratando los mano a mano que plantaron solo, a partir del juego directo o de errores rivales, a un Toko Ekambi al que la falta de gol le está pesando como una losa.

Una de las consecuencias del juego duro y del ambiente tan enfervorecido de Ibrox fue la decisión del árbitro de dejar con uno menos a los escoceses con la expulsión de Candeias al filo del descanso. Esto cambió por completo el guion de la segunda mitad. El Rangers renunció al balón más de lo que ya lo hacía, bajó unos metros su bloque y permitió al Villarreal dominar desde el balón mientras los de Glasgow trataban de hacer lo mismo desde su poderío en ambas áreas. Pasada la hora de partido Calleja decidió mover su banquillo, y a pesar de llevar más de un cuarto de hora en superioridad, la sensación era que el conjunto groguet no sería capaz de hacer daño a los de Gerrard. El plan ‘B’, sin sus jugadores más determinantes en el once -a excepción de Fornals-, dejó claro que el Villarreal tiene graves problemas para generar peligro. En un sistema tan peculiar como el rombo, los movimientos de los delanteros o la profundidad de los laterales son fundamentales para poder abrir el equipo y generar espacios. Sin las constantes caídas a banda de Gerrard Moreno, la capacidad de distribución de Cazorla y la mera presencia y desborde de Chukwueze, el submarino amarillo volvió a ser la débil versión de inicio de temporada. Calleja dio un paso adelante tras vencer al Betis, pero en Escocia vino a confirmar que para poder mantener esas sensaciones necesita de los hombres que le dieron la primera victoria en Liga dos meses después. Semana de conclusiones en Villarreal.

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