Balón en Profundidad

Fútbol hasta la línea de gol

Revista

Una isla en el camino a la esperanza

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La importancia del fútbol va mucho más allá de ser una actividad física. Cada fin de semana, este deporte conocido en muchos lugares del mundo como “el deporte rey”, paraliza las calles. Su importancia social es notable y por eso puede (y debe) ser ejemplo de una buena sociedad. Por desgracia, muchas veces estamos muy lejos de lo uno y de lo otro, pero, por suerte, aún quedan síntomas de una posible mejoría, y uno de estos elementos de ansiada esperanza se llama F.C. Lampedusa St. Pauli.  

Algunas y algunos dicen que el fútbol son 22 personas detrás de un balón. Otras y otros arriesgan por apostar que el fútbol es el opio del pueblo y que su importancia es mucho mayor de la que debería en la sociedad. Que los futbolistas ganan cantidades de dinero tremendamente excesivas si lo relacionamos cualquier trabajador. Y a ninguna ni a ninguno le falta razón. Sin embargo, hay un componente común entre los devotos del balompié y los que lo condenan: mientras lo veneran o critican, están hablando de él. Su popularidad a nivel mundial es indudable y en cada esquina del planeta habrá una aficionada o aficionado al deporte que algunos consideran rey. 

Las injusticias que se suceden día a día en el terreno social son deprimentes a ojos de los derechos humanos. Si el “avance” hacia una sociedad mejor se está produciendo… ¿Cómo es que todavía se rechaza a una persona por su raza? ¿Por qué hay personas que siguen sin respetar las orientaciones sexuales de cada individuo? ¿Qué es lo que pasa cuando la violencia verbal o física intenta detener las libertades de los seres humanos? Estas son algunas de las preguntas que cada una deberíamos hacernos en un ejercicio de tolerancia y respeto. Y seamos sinceras, todavía nos queda un camino infinito por mejorar. 

La ventaja del fútbol es que está en boca de casi todas y esto otorga una gran exposición de cara a la opinión pública. Un deporte debe otorgar a la gente valores como el compañerismo o la empatía, siendo este segundo uno de los valores más importantes para formar esa nueva sociedad igualitaria de la que tanto nos vanagloriamos y que tan poco demostramos. 

El fútbol es mucho más que un deporte y lo es por un componente que debería ser clave: es en sí mismo un medio de comunicación. Cada gesto, cada insulto o cada incitación al odio está siendo visto por millones de personas, desde las más grandes a las más pequeñas, siendo un motor en la educación de un sector grande de la sociedad. Y como buen motor, no hay ningún elemento mejor que pueda servir para arrancar las reivindicaciones de una sociedad que luche porque todas seamos iguales, todas tengamos los mismos derechos y todas vivamos con las mismas libertades. 

En este contexto, siempre complicado puesto que es más fácil hablar que actuar, la esperanza no está perdida. Muchos dicen que es lo último que se pierde, y es totalmente cierto. Si decimos que en el año 2018 la sociedad de clases todavía sigue impuesta no estamos mintiendo a nadie. No todo el mundo tiene derecho a un trabajo ni a una vivienda digna y muchas personas, teniendo una vida en su lugar de nacimiento, deben huir en busca de la vida, ni más ni menos. La vida. “Que se vaya para su país” o “vienen a quitarnos el trabajo” son quizás dos de las expresiones más repetidas e injustas en esta sociedad. Raza, cultura, color, religión, orientación… ¿tan complicado de entender es que somos personas?. Como decíamos antes, por suerte todavía hay pequeñas señales de esperanza en el mundo en general y en el fútbol en particular. 

En la burbuja económica que vive hoy en día el fútbol, lleno de contratos con cifras prohibitivas, su marca como elemento propagandístico no debería pasar desapercibida. Si hacemos un viaje por el continente europeo y nos trasladamos en concreto al sur de Italia, podremos encontrar un lugar de mucha importancia. Un punto de referencia social en el que muchas se sienten libres aunque sea por unos instantes. Lampedusa, una pequeña isla perteneciente al Mar Mediterráneo, es el punto en el que muchos refugiados se apoyan, sobre todo pertenecientes al continente africano por su gran cercanía. Gente a la que se les ha arrebatado de alguna forma su libertad, privándoles de su familia, hogar y amigos, y que no tienen otra opción que marcharse de su propia casa para sobrevivir. En esta ruta que realizan, siempre dolorosa y llena de miedos, los trayectos son muy diferentes y el destino también. Pero hay un viaje muy común desde esta isla italiana, que tiene como punto de referencia Alemania y si somos más exactos Hamburgo. 

La persona muy aficionada al fútbol, si va hilando la historia ya puede ver por dónde van los tiros, sin embargo es una historia tan bonita que no puede ser olvidada jamás. Todo este texto hasta el momento ha sido una especie de reivindicación de la libertad que debería haber en una sociedad “perfecta” en la que nadie sufriera rechazo. El cóctel protagonizado por la lucha y el fútbol tiene como resultado un barrio y un equipo: el F.C. St. Pauli. El conjunto de la ciudad portuaria de Hamburgo es un club con un alto grado de activismo social y político siendo casi impensable en el fútbol actual. Se identifican como un equipo de izquierdas que está en contra de cualquier movimiento fascista, xenófobo, racista, homófobo o sexista. A favor de que la libertad se pasee cada día por el Millerntor-Stadion o por cada una de las esquinas de las calles de este barrio de Hamburgo. 

El barrio de St. Pauli siempre tuvo una gran mezcla cultural, lo que originó su rápida apertura de mente. Frente a un mundo todavía muy cerrado, los “Piratas del Elba” imponen una filosofía que está a favor de las personas y de la justicia social. Los cánticos de su afición no se quedan solo en el verde y las manifestaciones en honor a la libertad y los derechos de la gente siguen siendo muy comunes. De hecho, el marrón de su equipación no tiene un significado cualquiera. En los años de su fundación, los diferentes trabajadores que iban a disfrutar de su deporte favorito, lo practicaban muchas veces sin poder cambiarse la ropa tras el trabajo, ropa que tenía como tono principal el marrón. 

Un barrio, en definitiva, en el que las diferentes culturas se mezclan para enriquecerse. Pero este contexto futbolístico, reivindicativo y social no ha sucedido por casualidad. El barrio de St. Pauli es un lugar que apuesta por la integración social y en donde los colectivos oprimidos por los valores todavía imperantes en la sociedad, se pueden sentir con apoyo. De este modo, son muchos los refugiados que llegan a Hamburgo conocedores de esa apertura de brazos del barrio de St. Pauli, en el que los valores de lucha igualitaria se transmiten mucho más allá del césped. Son valores que sus aficionados prolongan en el tiempo, en busca de una sociedad diferente. Por eso, y ante la complicada situación de esas personas que luchan por encontrar una nueva vida digna, la empatía se apoderó una vez más del barrio alemán. Alrededor del año 2013 nació el ilusionante proyecto F.C. Lampedusa Hamburgo, con el fin de ayudar a muchas de esas personas que emigraron de su tierra, apostando por un futuro ciego y esperanzador. 

Algunas mujeres de este barrio alemán decidieron intentar poner solución a las injusticias que sufrían muchos jóvenes con los que se cruzaban cada día, iniciando este proyecto ilusionante para ellos y grandioso para la humanidad, en un gesto de gratificante generosidad. Estas mujeres, entrenadoras de diferentes secciones del F.C. St. Pauli, ayudaron a los migrantes que llegaron desde el sur de Italia. El barrio y el club se movilizaron con diferentes iniciativas para hacer eco de su situación y para prestarles toda la ayuda posible a los más de 300 migrantes procedentes en su mayoría del continente africano. 

Finalmente, en el año 2016 y en el partido amistoso que enfrentaba al F.C. St. Pauli frente al Sevilla F.C., el conjunto alemán aprovechó la ocasión para oficializar que el F.C. Lampedusa Hamburgo pasaba a formar parte de las secciones oficiales del equipo, originándose el F.C. Lampedusa St. Pauli en una bella fusión muestra de lucha contra las injusticias sociales. 

Por desgracia, las políticas migratorias en Alemania son muy estrictas y algunos sufren presiones para ser deportados. Pero lo que es innegable es que la ilusión y el trabajo por la igualdad de estas iniciativas en el deporte se plantean como fundamentales a la hora de encontrar esa sociedad idílica. Debemos entender, como así lo hizo Nelson Mandela, que “privar a las personas de sus derechos humanos es poner en tela de juicio su propia humanidad”. Corrigiendo la forma de entender el mundo seremos capaces de lograr un cambio. 

En Alemania no solo hay un equipo de fútbol que disputa competiciones locales sino que hay un barrio que lucha y vive por sus habitantes. Un barrio que está unido a la lucha contra los movimientos opresores y que encuentra en el fútbol un movimiento social y reivindicativo. De ahí que el fútbol no solo sea un deporte en el que 22 personas corren detrás de un balón. El fútbol es a día de hoy un canal comunicativo para enseñarle al mundo los valores de la sociedad y ejemplos como este reconfortan. La empatía en el mundo no está generalmente muy repartida, pero en Hamburgo se concentra en masa. 

Lampedusa es una isla generadora de esperanza para muchos, con billete directo hacia Alemania. La esperanza es lo último que se pierde, y ejemplos como este multiplican las opciones de seguir creyendo en la buena voluntad. ¿Cómo te sentirías si tienes que abandonar tu vida dentro de 10 minutos? Imagínate que de un instante a otro tu forma de vida pega un giro completo. 

Si queremos hablar de una sociedad justa, debemos entender que la libertad de expresión, la no violencia y la empatía tienen que jugar un papel fundamental. Las personas más pequeñas deben entender el fútbol como un deporte lleno de valores positivos y muy lejos de movimientos en los que violencia tenga cabida. Los ejemplos están ahí y el F.C. Lampedusa St. Pauli es uno de ellos. En un ejercicio individual piensa: ¿la vida de un ser humano vale más que la de otro? Entender el mundo como concepto global en el que exista realmente la libertad es posible. Depende de muchos factores y quizás el más importante sea el político, pero el esfuerzo no puede quedar en palabras. La sonrisa de las personas no debe negociarse, y por este equipo no será. Su lema lo deja claro: “Estamos aquí para jugar, estamos aquí para quedarnos”. 

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