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Aprovechando el talento de Marcos Llorente

Nacido en Madrid, Marcos Llorente, que no guarda relación familiar alguna con el realista y ex madridista Diego Llorente, es uno de los talentos de La Fábrica merengue de este último lustro. Un pivote clásico que ha ido pasando por prácticamente todas las categorías inferiores tanto del Real Madrid como de la Selección Española.  Es un jugador de equipo, de los que no se queja cuando no juega, y de los que lo da todo cuando lo hace. Madridista proclamado, ha querido triunfar en su equipo del alma y eso le ha cortado la proyección, pero se ha dado una situación favorable que, por fin, puede abrirle las puertas del Olimpo y hacer que valga la pena la espera y los meses en la grada. Con el cambio de estilo del Real Madrid, la baja de Casemiro y el bajo rendimiento de Ceballos como pivote le abren las puertas a Marcos de la titularidad y de un papel importante en el juego blanco. Más aún si tenemos en cuenta las dos opciones de Marcos para con el juego: la de ser el primer hombre en dar salida en un equipo propositivo y la de ser el jefe de un equipo reactivo.

Demoledor en un equipo reactivo como demostró en el Alavés de Pellegrino.

Tras debutar con el primer equipo madridista en la 15/16 de la mano de Rafa Benítez,  no volvió a ser alineado esa temporada tras la llegada al cargo de Zinedine Zidane, y en el verano de 2016 fue cedido a un recién ascendido a Primera, el Alavés.  Pese a su juventud y poca experiencia, se convirtió en pilar fundamental del equipo vitoriano. Fue demoledor en un equipo reactivo como el Alavés de Pellegrino. Un equipo que mezcló a la perfección la veteranía de los Toquero, Manu García, Laguardia y compañía, con la juventud de Theo, Pacheco, Camarasa o el propio Marcos.

De todas las habilidades de Marcos Llorente se puede destacar la facilidad para robar y pasar. Lo que era su principal función en aquel exitoso Alavés. En un equipo muy replegado con tres defensas y dos carrileros, Marcos ocupaba parte del carril central cerrando cualquier opción de pase interior, y apretaba al rival que se acercara a su zona para robar, y lo hacía con suma facilidad. Pero su importancia no terminaba en el robo. El pase rápido tras robo de Llorente era majestuoso, a veces por su seguridad y alejarse de la zona caliente, y otras veces por ser el lanzador de las letales contras albiazules. Ese pase al espacio para Theo o que superaba línea y rompía esquemas era su especialidad. Un auténtico lujo para equipos que repliegan y matan a la contra.

Puede explotar en un equipo que proponga más, y este Madrid es su prueba de fuego si se le da crédito.

Sin embargo, a Marcos Llorente se le ve capaz de ser vital en un equipo más propositivo, como este Madrid 18/19. Más aún con Lopetegi que con Solari. Su pase de seguridad es prácticamente perfecto, y eso para sacar el balón es muy importante, siendo vital si coge el testigo de un Casemiro que sufre mucho más en ese sentido. Con Julen Lopetegi ya se intuía que sobraba y faltaba algo en el centro del campo. La antigua función imprescindible de Casemiro pasaba a ser totalmente secundaria e incluso prescindible en un estilo de juego con mucha posesión. El vasco probó sin él, pero el equipo sufría en transición defensiva por la baja forma de Modric o Kroos. Ahí es donde aparece la mejor opción actual: Marcos Llorente. Un jugador que te da la parte destructiva y posicional de Casemiro, mientras que oxigena la zona creativa siendo él el que inicia la jugada y baja a recibir y distribuye hacia interiores y bandas. Pero Julen no contó con él y finalmente el equipo acabó decayendo.

Ahora con Solari parece ser que hay una oportunidad. La baja forzada de Casemiro obligó al técnico argentino a experimentar (puesto que nunca era una opción Llorente) y colocó a Ceballos de pivote. La experiencia demostró que no funcionó y de manera un tanto sorprendente por un lado y totalmente esperada por otro, dio la batuta del juego a Marcos Llorente. Y, como no podía ser de otra manera, cumplió. El madrileño organiza a la perfección el equipo siendo un eje total. Contra el Valencia realizó 79 pases buenos con un 95% de precisión. Permite una posesión fluida, segura y rápida, sin dejar el hueco que tapaba Casemiro que es vital para corregir posiciones en contraataques y transiciones rápidas cuando se descuelgan los atacantes. A priori parece la solución ideal, pero démosle tiempo. Tiene aptitudes, actitud y oportunidad de hacerse con el equipo, pero habrá que ver si se le da continuidad y qué rol tendrá cuando vuelva a estar disponible el brasileño.

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