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Entender al Eibar desde el sistema

No siempre un resultado ayuda a comprender otro. El Eibar venía de hacer historia venciendo en casa por primera vez a un coloso como el Real Madrid. Y por 3-0, nada menos. Sin embargo, en su visita a tierras madrileñas, el mismo conjunto eibarrés cayó a manos del Rayo Vallecano. Mismo en cuanto a idea e intención, pues no puede cambiar tanto un equipo en una semana, pero distinto en su forma. Mendilibar, como ya probase ante Valladolid o Atlético -entre otros-, decidió modificar su sistema habitual, el 4-4-2, para jugar con un solo punta.

En Vallecas el elegido de inicio fue Sergi Enrich, con Joan Jordán unos metros por delante de su posición habitual y Diop en el doble pivote para aportar músculo y consistencia en la medular. Todo ello seguramente influenciado por el peso de la zona de mediapuntas en el juego rayista. Los de Míchel acostumbran a transiciones rápidas, en pocos toques, donde esa línea de tres cuartos es fundamental para recibir y lanzar con un destino principal: Raúl De Tomás. Dificultar esa recepción con más piernas en el centro es una buena alternativa, pero el Eibar no se mostró igual de incisivo en ataque como en citas anteriores.

El cambio de esquema respondió al estilo de juego de su rival, pero al final acabó penalizando al suyo propio.

En términos de presión, característica fundamental en el libreto de Mendilibar, el Eibar no acusó demasiado la ausencia de una doble punta. La falta de un delantero la compensó un Joan Jordán más adelantado e incisivo en la presión alta, la cual incomodó mucho a los de Míchel en el primer tramo de encuentro. El Rayo no buscaba dominar el balón y le cedió el grueso de la posesión a un Eibar al que no le quemaba el cuero en los pies, pero que se mostró incapaz de llegar al área rival con peligro real. Solo la vía habitual de ataque desde los carriles exteriores, con la incesante búsqueda del centro lateral por parte de José Ángel y Rubén Peña, fue el único argumento de los guipuzcoanos en fase ofensiva. Nada nuevo en los de Mendilibar, pero que solo con Sergi Enrich en el área, no fue suficiente.

Esas líneas rojas en el estilo del técnico de Zaldívar se entienden principalmente desde su sistema. Una presión alta, siendo el equipo que más recuperaciones realiza en campo contrario de La Liga (un 33%), y el centro lateral como principal vía para llegar al gol son dos cualidades que se ven potenciadas desde ese 4-4-2. Dos delanteros, clave en esta idea, para presionar rápidamente desde la pérdida y para ocupar el área cuando el esférico llega a la zona de tres cuartos por fuera esperando ya el centro. Además de una línea de cuatro por detrás para dar el equilibrio necesario al equipo y tener presencia por fuera de buenos centradores que complementen y entiendan las incorporaciones de dos laterales con clara vocación ofensiva y calidad en el centro. Todo ello hacen del Eibar un equipo de autor muy bien desarrollado.

Es por ello que cuando se salen de su esquema habitual sin que su plan y su filosofía cambien el Eibar parece otro, se convierte en un equipo mucho más estéril, como se vio en Vallecas. La presión y los centros continuaban, y si bien las dificultades del Rayo en salida eran patentes, como viene siendo habitual durante toda la temporada, en ataque el Eibar no pudo inquietar a Dimitrievski, no se mostró fluido. Por ello el experimento solo le duró una hora a Mendilibar, cuando decidió volver a dar entrada a Kike García en lugar de Jordán y establecer de nuevo el 4-4-2, pero el Rayo, esta vez sí, supo gestionar el marcador y certificar la victoria con una sólida defensa del área. Tratar de salir del guion establecido y ser un equipo impredecible en recursos es importante en esto del fútbol, pero Mendilibar debe interpretar bien cómo enfocar un partido desde lo estilístico cuando cambia desde lo meramente táctico. El Eibar fue menos Eibar en Vallecas.

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