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Sistema Sarri en Stamford Bridge

El contenido del libreto de Maurizio Sarri ya empieza a entenderse a lo largo y ancho de Stamford Bridge. El estilo del italiano choca frontalmente con lo acostumbrado, ya no solo en el club, sino a nivel de la filosofía de la Premier League. Una liga que, por otra parte, se va enriqueciendo con la llegada de técnicos de primer nivel internacional que aportan otras ideas y métodos que adornan la competición y la hacen crecer a nivel de institución, clubes y jugadores. El domingo el cuadro blue ganó el derby de Londres contra el Fulham de Claudio Ranieri con dos certezas a las que darles continuidad se antoja fundamental para afrontar los retos que se le plantearán en la segunda mitad de la temporada.

El Chelsea ganó y se mantiene arriba con seriedad y unas pautas de juego marcadas por su entrenador.

A pesar de que sus piezas no parecen las más adecuadas para ejecutarlo, Sarri no ha dudado y está implantando el juego de posición como apuesta para su proyecto en la capital inglesa. Al fin y al cabo fue con estas ideas con las que llegó a la élite del fútbol europeo en la Serie A, y el carácter y personalidad del técnico italiano no hacen sino fortalecer su convencimiento de que es el camino a seguir también en el Bridge. La llegada de Jorginho era coherente para su planteamiento y el italo-brasileño ya es pieza angular del equipo. Contra el Fulham volvió a ocupar el mediocentro y por él pasaba siempre el balón en el circuito asociativo que dibujaban los pupilos Sarri. A ambos lados le acompañaban N´Golo Kanté y Mateo Kovacic, aunque ninguno compareció como aliado del ‘5’. El francés ocupaba tanto campo como suele, volando con frecuencia tanto para la profundidad como para la presión. El croata estuvo tímido, correcto en el pase pero parco en creatividad. Pareció encadenado en el interior izquierdo, quizá en batalla mental entre su impulso habitual para batir líneas y desordenar a propios y extraños y la disciplina táctica que a buen seguro su actual entrenador pretende inculcarle para pulir sus destacadas virtudes.

De esta forma, el compañero de Jorginho que más entendió junto a él el camino a seguir fue David Luiz. Si el ex mediocentro del Napoli gestionaba cada posesión con inteligencia táctica y administración del pase corto, el internacional por Brasil matizaba la circulación de balón con envíos en largo que desahogaban el sistema de presión y horizontalidad y ayudaba a los suyos a girar al rival. La capacidad de ambos para sujetar el sistema fue firmemente potenciada por la seriedad y el convencimiento del resto del equipo. Lejos de un rendimiento brillante, el Chelsea mostró confianza en sus medios y un callo competitivo que debe ser importante en sus aspiraciones para la dura Premier League actual.

Lo mejor para el Chelsea es que basó su victoria más en el sistema que en su fabulosa estrella.

El Fulham no encontró facilidades para desbordar al compacto bloque blue con continuidad, encontrándose con un seguro Kepa Arrizabalaga cuando hallaba el espacio. Tampoco sufrió sobremanera en su área, en relación con un intermitente Eden Hazard que, aunque se mostró con chispa a nivel individual, no consiguió ponerse de cara utilizando al ariete, ya fuera Giroud o Morata, algo que sabe hacer como nadie y que le está llevando a un rendimiento superior. No lo necesitó el Chelsea para ganar con superioridad, y a buen seguro que podrá contar con él en choques más exigentes, sobre todo si mantiene la seriedad que mostró el sábado y la adherencia convencida al plan de su entrenador.

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