Su último baile

Uli Hoeness no pudo escoger peor día para anunciar lo que creíamos que nunca iba a suceder; Arjen Robben y Frank Ribéry jugarán su última temporada en el Bayern de Múnich. Y lo dijo un lunes. Bendita semana. Han sido, durante la última década, no solo los dos mejores jugadores del Bayern, sino los estandartes en eso tan alemán como es competir. Nadie lo hacía como ellos, pero pocos reconocían su tenacidad, convencidos que las finales de Liga de Campeones perdidas (2010,2012) y las veces que el Madrid les borró la sonrisa pesaban más que haberlos traído hasta la cima. Durante muchos años han sido “solo eso”. La línea que separa lo muy bueno de lo extraordinario la dinamitó Leo Messi en 2009 y contribuyó a ello Cristiano Ronaldo. Pero Robben y Ribery, lo son. Jugadores de calibre histórico.

Robben y Ribéry, tan distintos pero a la vez tan similares. Dos jugadores generacionales que, a su manera, encarnan las principales virtudes de los extremos puros, de los que ya no quedan. Balón pegado al pie, conducción, regate y una mentalidad a prueba de bomba. Incluso sus personalidades, tan dispares, eran símbolo y bandera de un equipo que competía en todas las circunstancias. Tan parecidos, que terminamos por crear un término que los uniera para siempre: Robbery. Robbery como forma de explicar un estilo de juego, una forma de entender el fútbol que hizo al Bayern el equipo más fuerte de Europa. Ambos abiertos, con Lahm y Alaba proyectándose a su espalda, creando unos circuitos tan simples como efectivos. Uno a cada banda, separados, siendo distintas caras de la misma moneda.

En 2013 llegó el momento de su redención, cada uno a su manera. Aquel Bayern terminaría por cosechar un triplete histórico aplastando a sus rivales. Arjen Robben era un jugador marcado. Sus errores en momentos puntuales pero decisivos le pusieron una etiqueta de “perdedor”, algo ridículo, irónico en un tipo como el holandés. Sus dos mano a mano perdonados en la final del Mundial 2010 ante Iker Casillas y el penalti fallado en la final de la Champions Legaue en 2012 le condenaron. No hay reflejo de la realidad más cruel que el fútbol, un espejo en donde los defectos toman dimensiones desorbitadas.

Desde 2009 el Bayern ha estado siempre en las semifinales de la UCL excepto en 2017.

Pero encontró su momento. Tras destrozar al FC Barcelona en semifinales, la final parecía una tortura para Robben. Otro posible momento de condena. Pero su gol en el 89 dándole la victoria a los bávaros hizo justicia al jugador que más partidos ha ganado tras Messi y Cristiano en la última década.  Frank encontró consuelo en el premio individual, coronado como mejor jugador de Europa en 2013 tras el triplete cosechado. En el clímax del binomio Leo Messi&Cristiano Ronaldo, Ribéry emergió como el perfecto antihéroe para llevarse un trofeo que parecía estar eternamente reservado a ellos.

Quizás no haya mejor forma de recordarlos que como en la foto, abrazados. Porque francés y holandés han compartido un lenguaje que ha resistido al paso del tiempo, a la táctica y a la crítica. Su capacidad para permanecer en la élite durante 10 años representa como ningún otro el principal valor del club germánico; la insistencia. Quizás cuando no estén valoremos en su justa medida lo que han sido; ahora toca disfrutar de su último baile antes de que se apaguen las luces. El Allianz su mausoleo.

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