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El peso de ser el primero


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Hay muchas maneras de ser el primero en algo sin que esto signifique alguna cosa positiva. Y en esta dualidad no hay mejor ejemplo que el colegio. Quién no disputó mil batallas durante su niñez para ser el primero de la fila para después sacar tu lado más observador ante la escena familiar de un pájaro con sus descendientes cuando tocaba ser el primero en exponer un trabajo. Ser el primero puede suponer una serie de cosas buenas, pero también un conjunto de cosas malas que, más allá de unas y otras, comparten un denominador común: la exigencia. Ser el primero te exige y mucho. Si eres el primer clasificado vas a tener que luchar por mantener tu reputación y si eres el primero de la lista, en cualquier cosa que te hagan hacer, vas a tener que sobrevivir en la negrura de la incertidumbre, de tener que ser el conejillo de indias. Esto, llevado a un contexto de discriminación social, y, por tanto, a un escenario desconocido por inédito, se redimensiona. Aunque en la última convocatoria de Gareth Southgate, seleccionador de Inglaterra, doce de los veintiocho llamados fueran descendientes de africanos, los inicios de Vivian Alexander Anderson, más conocido como ‘Viv’ Anderson, en los three lions no fueron nada fáciles.

Aquel 29 de noviembre de 1978 fue una jornada inolvidable. Viv Anderson poniéndose cuidadosamente las medias, ajustándose el pantalón corto, mirando la camiseta antes de acomodársela y atándose las botas instantes previos a un momento que era superior a él: el peso histórico de todos aquellos jugadores que habían tenido que sufrir el acoso racial. Todo comenzó con Arthur Warthon, un guardameta de una familia rica ghanesa que desde 1885 hasta 1902 defendió los tres palos con gran habilidad. Warthon fue el principal de los pocos ejemplos antes de finales de los sesenta, cuando la intermitencia se convirtió en tendencia. Stan Horne, John Charles, Mike Trevilcok, Brendon Batson, Laurie Cunnigham, Cyrille Regis, Luther Blisset, Howard Gayle o el mismo Viv Anderson fueron los principales nombres de la lista de jugadores con raíces africanas que participaron en el fútbol inglés entre finales de los sesenta y principios de los setenta. Por aquel entonces los jugadores de piel negra eran repudiados por su afición: les gritaban cuando tenían el balón, les tiraban todo tipo de frutas, sobre todo plátanos, y hasta alguno de ellos, como Cyrille Regis, llegó a encontrarse un sobre con balas en su buzón de correo. Para ellos, solo servían para el sector ofensivo, donde el fútbol era más caótico e individual, para aprovechar sus cualidades físicas portentosas. El mismo desprecio transmitían tanto la prensa como la mayoría de entrenadores; pero no todos.

Selección inglesa del Mundial de 1986.

La historia de Viv Anderson se explica desde su capacidad de superación, pero también desde la personalidad de los entrenadores que tuvo. Dave Mackay, Brian Clough y Roy Greenwood. El primero, el que le hizo debutar, fue el más especial. Era una tarde, seguramente fría, en Newcastle, cuando el plantel del Notthingham Forest salió a calentarse. Nada más pisar el césped, los gritos asquerosos de los aficionados locales empezaron a bombardear la cabeza de un joven Anderson de 18 años. “Entrenador, prefiero no jugar el encuentro” sugirió el juvenil a lo que Mackay respondió: “me da igual lo que diga la gente, te obligo a que te vistas de corto”. Las palabras de Mackay serían la primera piedra de un carácter que se iría forjando a través de este tipo de tropiezos, siendo este el primero de muchos. La irregularidad de Mackay desembocaría en la llegada de Brian Clough, que llevó al Forest del pozo de la segunda división a ser uno de los conjuntos más reconocidos del continente. Para Anderson, Clough fue el más mítico. Por la trayectoria exitosa que compartieron juntos y por la suma de lecciones sociales sintetizadas en la frase “pues mueve el trasero y tráeme dos plátanos y una pera” en el campo del Carlisle, utilizada como respuesta al lanzamiento de todo tipo de frutas de los aficionados locales mientras Anderson calentaba en la banda.

Finalmente, Roy Greenwood fue el histórico. El primero que fue capaz de barrer el muro de la nacionalidad en los jugadores de raíces africanas. “Sea amarillo, morado o negro, si vale para la selección, lo escojo” sentenció Greenwood en la previa del debut de Anderson. En Wembley, y frente Checoslovaquia, el inglés de padres jamaicanos cumplía el sueño de representar a los three lions en la absoluta después que Benjamin Odeje lo hiciera el 1971 en la School (sub15) y Laurie Cunnigham lo consiguiera en 1974 en la sub21 o en 1993 cuando Paul Ince sería el primer capitán de la selección con piel negra. Después de su gran debut, en el que originó la jugada del único gol, Anderson fue objeto de felicitaciones de toda clase de personalidades como Elton John o la mismísima Reina, que lo condecoró en 1999 con la Orden del Imperio Británico. En estos instantes posteriores al encuentro, Bob Latchford, jugador del Everton, vaticinó que este partido marcaría el resto de su vida. Sumó treinta internacionalidades y fue convocado en dos Mundiales (España 82’ y Italia 90’) y dos Eurocopas (Francia 84’ y Alemania 88’) aunque solo disputara esta última.

Amistoso internacional de Inglaterra en Budapest ante Hungría, 1988.

En su trayectoria de clubes, la “araña”, el apodo por el que se le conocía a raíz de su envergadura y facilidad para el tacklin, triunfó sobre todo en su Nottingham natal. Allí formó parte del primer equipo durante diez años, disputando 328 partidos y siendo catalogado el mejor lateral derecho de la historia del club el 1997 con un 96% de los votos. En 1984 pasaría a recalar en las filas del Arsenal, donde en 1987 ganaría una Copa de la Liga que acabaría siendo el único título de su palmarés. Ese mismo año cambió Highbury por Old Trafford para hacer realidad su sueño infantil, que se le había escapado dieciséis años antes, siendo el primer fichaje de la era Alex Ferguson. A la edad de quince rechazó una oferta de los diablos rojos, su equipo preferido, para acabar los estudios. Después del Manchester vendrían Sheffield Wednesday, el Barnsley y finalmente el Middlesbrough, donde en 1995 concluiría su recorrido futbolístico.  

Actualmente preside la compañía Playon Pro, fundada por él mismo y que asesora a los jugadores en su segunda vida después del retiro. Aún relacionado con el esférico, seguro que recuerda su éxito por los campos más históricos del fútbol inglés y no olvida, felizmente, que fue capaz de ser el primer jugador de piel negra, frente a un contexto social discriminatorio, en debutar con los three lions

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