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Neymar lidera en el otro “Maracaná”

José Antonio Martín Otín, ‘Petón’, titula en uno de sus libros que “El fútbol tiene música”. Ahora bien, lo que sabemos todos es que el fútbol tiene ritmo. En el París de la luz, la música la pone un brasileño. A veces timbales, a veces música clásica y a menudo rock and roll, pero Neymar Jr sigue siendo el buque insignia de una entidad que año a año demuestra que su poderío económico sirve, ante todo, a ese deseo de que el trofeo de la Champions League viaje pronto a las vitrinas de la capital francesa y Neymar, que marca el ritmo del PSG, se ha coronado en el otro «Maracaná».

Este martes el PSG se jugaba en campo rival el pase a octavos de final de la competición europea en un estadio particular, el Rajko Mitic de Belgrado, también conocido como Marakana o pequeño Maracaná, ante el Estrella Roja. Como si de un viejo recuerdo se tratara, Neymar cogió las baquetas y comenzó con su función. Es complejo tratar de aislar de los partidos del equipo parisino la capacidad del ‘10’ para coordinar a los jugadores en el ataque, pero merece la pena a la hora de vislumbrar sus aptitudes más allá de los ya comunes vídeos de highlights que decoran nuestros recuerdos cuando nos hablan de tal o cual jugada. Neymar es más que quiebros y fintas en este PSG.

Si ya en el pasado se ha visto que su nueva función en el sistema de Tuchel lo parapeta menos en banda (donde ha jugado más en el global su carrera), partidos como el jugado ante el equipo serbio nos sirven para entender su importancia a la hora de generar situaciones de peligro como regidor del ataque. Sus movimientos y sus carreras, más allá de buscar el beneficio personal de la jugada soñada, fomentan huecos en los que compañeros tan efectivos como CavaniDi María o Mbappé consiguen rentabilizar en ocasiones de gol. Su rol dentro del partido fue tan efectivo como considerado, acompañando las jugadas de ataque desde un segundo plano útil en el que la defensa rival no lo puede perder de vista y los compañeros lo conservan como (gran) opción secundaria.

Neymar ha conseguido entender que la importancia de ser un buen jugador sin balón consigue que sus partidos trasciendan más allá de las filigranas.

En una de esas jugadas, en una transición rápida de esas en las que se envuelve Mbappé con facilidad, se refleja que la intención de Neymar es acompañar la jugada (partiendo desde el centro, varios pasos por detrás) para permitir la opción de pase hacia su posición o generar la duda en la defensa contraria con respecto al jugador más adelantado, en este caso Cavani. El balón acaba en los pies del uruguayo y gol para los parisinos. Neymar ha conseguido entender que la importancia de ser un buen jugador sin balón consigue que sus partidos trasciendan más allá de las filigranas.

En el segundo gol, en cambio, consigue demostrar que no prescinde de sus mejores cualidades a pesar de sus nuevas funciones. En un buen desmarque por banda, apoyando la conducción de Mbappé, se mete hacia dentro en una jugada mil veces vista en la que desde la izquierda entra en el área, definiendo, tras dos amagos, cerca del punto de penalti y con el arquero ya batido. Y es que el secreto de Neymar Júnior y sus nuevos galones en París no tienen que ver con abandonar las cualidades que lo hacen diferente sino potenciar aquellas que, por oscuras, no salían a flote tan a menudo. En esa parcela, la del derroche de habilidad, sigue imparable, pasando ya incluso a ser el brasileño más goleador en la UEFA Champions League, habiendo rebasado a otro ídolo, Rivaldo, con 32 goles. Y 26 años. Casi nada.

Llevando la contraria a Iván Ferreiro, en el PSG se demuestra que el equilibrio es imprescindible. La colaboración de jugadores como Marquinhos, siempre cubriendo el hueco por detrás de las tres bestias ofensivas que juegan por delante, tienen también mucha importancia en la solidez de este PSG de Tuchel. El entrenador alemán sigue buscando la fórmula para cuadrar el buen momento de los grandes defensas jóvenes que están surgiendo (Kehrer, Kimpembe…) con la calidad de nombres como el del propio Marquinhos o el de Thiago Silva, que suma más y más puntos en su nivel particular esta temporada.

La confianza, pues, de los jugadores de ataque, crece sabiendo que las pérdidas de balón o las oportunidades de jugar desde abajo crecen con la solidez con la que trabaja todo el equipo, desde la defensa hasta el ataque, pasando por el mediocampo. En un partido en el que el marcador creció hasta el 1-4, el PSG se coló en octavos con una sensación de dominio abrumadora en todas las líneas ante un rival nada sencillo, por desempeño y por ambiente local.

El PSG avanza en Champions League con paso firme y con un gran líder en cabeza, que parece haber aprendido perfectamente cuándo debe explotar y cuándo debe encender la mecha.

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