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Ajax desencadenado

Hay una frase que creo que describe a la perfección este deporte. Se la he oído en varias ocasiones a un referente total en esto de pensar en fútbol: César Luis Menotti. El que fuera técnico de Atlético y Barcelona, entre otros, solía decir que el fútbol “es un estado de ánimo”. Y si al Ajax tuviéramos que ponerle hoy por hoy un estado de ánimo desde luego que sería euforia. Una euforia que está desencadenando el atrevimiento de un club que une grandes líderes de ayer y hoy (Huntelaar, Tadic, Ziyech…) con los grandes talentos del mañana (De Ligt, De Jong, Van de Beek…) para crear un cóctel que, al margen del resultado, siempre gusta ver, ya sea en la Eredivisie o en competiciones internacionales.

La fase de grupos de la Champions League para los neerlandeses ha sido una razón para entender aún más si cabe que en sus manos (y en sus pies) están sus opciones de devolver al que era un club algo venido a menos a la notoriedad en Europa. El equipo de Ten Hag ha demostrado que, lejos de temerle a nadie, lucha con uñas y dientes cada balón y ataca con el desparpajo de quien se sabe ganador. Esa locura sensata de ir a la batalla con el balón entre los pies, mirando solo hacia adelante. El caos, aliado fiel de la locura del genio, no hace sino cultivar historias que, a modo de echarle capas, refuerza la corteza de un árbol ya longevo, en el que el inicio compartió con el momento actual la fluidez en el ataque y el atrevimiento con los jóvenes a partes iguales. Su opulencia en ataque, a pesar de poder salirle cara, nos hace entender de mejor manera las raíces que alimentan la mística y cultura de este club histórico.

El Ajax es un club diferente, eso es bien sabido, pero lo de liderar desde el caos y la juventud, con tantos jugadores a la vez, hacía tiempo que no se daba


El Ajax quiere el balón siempre.
Y es su máxima. Durante años y años ha perseguido el ideal de jugar con un sistema casi cerrado (el tan manido 4-3-3) desde el primer equipo hasta el infantil, con una idea de juego a través del balón y con un ideal de fútbol total. El sistema de Michels, Cruyff y cía, exportado a un club del siglo XXI, que lejos de evolucionar demasiado la idea primigenia, la ha exprimido con la fe de quién sabe lo que podría llegar tras la tempestad. Hoy, los chicos de Ten Hag se saben en el punto de mira del mundo. Desde De Ligt, el portentoso y precoz central, hasta De Jong, el ‘golden boy’ del momento; pasando por los Neres, Van de Beek y Dolberg, las figuras del equipo de Ámsterdam han crecido en bloque para dar grandes momentos al Ajax. Momentos que, si consideramos la duración de las grandes promesas en los clubes formativos, durarán poco con la camiseta ‘ajacied’. Y es que la tendencia de fuga de talentos interrumpirá, seguro, lo que podría ser una de las grandes generaciones de jugadores de la escuela de los Países Bajos. El Ajax es un club diferente, eso es bien sabido, pero lo de liderar desde la idea y la cantera, con tantos jugadores a la vez y con tanto éxito, hacía tiempo que no se daba. Hoy, esas figuras creen más en la locura de su talento que en la sensatez de su futuro y nos regalan, con todo eso, partidos como el visto en el Johan Cruyff Arena ante el Bayern de Múnich.

Desde el inicio la tendencia fue olvidarse de su espalda y mirar hacia la portería rival. Y sin duda, la sorpresa del Bayern de Múnich fue más grande que su capacidad para dejar cerrado el partido con la ayuda de su tempranero primer gol. Un empate tras jugada colectiva, dos penaltis, dos expulsiones… un ritmo frenético al ya de por sí caldeado partido entre el primer y segundo clasificado del Grupo E. Al final, ambos equipos se fueron a vestuarios con un empate a tres goles en la saca.

El retrato perfecto de un equipo crecido. Con hambre. Con sed de victoria, de reivindicación. Un club que, habiendo pasado una mala época, solicita lo que es suyo por derecho en ese difícil mundo de la élite. Con ese estado de ánimo que hoy respira euforia y mañana… ya veremos. Ese mundo que hoy te cuida y mañana te machaca, ese mundo que permite que hoy la afición se vaya del estadio amando el sentido del club, no por el punto, ni por los goles, sino por entender que la idea que hoy vive en estos jugadores, con suerte, seguirá creciendo, con ellos o con los que sigan llegando.

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