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La segunda unidad tampoco funciona

Antes del pitido inicial ya se sabía que el partido que se disputaría a continuación era completamente intrascendente. Intrascendente desde el resultado, eso sí. Y es que el Real Madrid venía dejando unas sensaciones bastante pobres en las últimas semanas, y aunque el duelo ante el CSKA con los blancos ya clasificados para octavos de final como primeros de grupo podía servir como punto de refresco de los habituales y como prueba de fuego para los que esperan su oportunidad, era interesante ver cómo el Madrid trataba de dejar atrás el mal momento precisamente en el Santiago Bernabéu, ante su afición.

Solari puso sobre el césped un once inédito. Tan solo Courtois, Marcelo y Benzema eran las caras conocidas en la alineación de partida. Junto a ellos, dos de los que cada semana se juegan prácticamente el poder ser titulares el encuentro siguiente; Isco y Marco Asensio. A pesar de la elevada rotación, el Madrid tenía la oportunidad de recuperar sensaciones positivas ante un CSKA que, si bien podía jugarse el pase a la Europa League, no dependía de sí mismo. El plantel merengue no solo no dejó una buena imagen, una vez más, sino que muchos de los jugadores que podrían sembrar las dudas en Solari tras una buena actuación firmaron un partido de un nivel tan bajo que no hicieron más que acumular los problemas en la planificación del argentino.

Si bien en las últimas semanas, tras el cese de Lopetegui y la llegada de Solari, decíamos que el técnico argentino había tomado una serie de decisiones lógicas en pos de dejar atrás una etapa improductiva para los blancos, manteniendo el 4-3-3 como esquema base y proponiendo un fútbol mucho más pragmático que elaborado, lo cierto es que con las semanas este Real Madrid ha ido mutando hacia el que fuera el liderado por Zinedine Zidane desde el banquillo. Algo que si se analiza desde los resultados no tiene por qué ser una mala noticia, más bien todo lo contrario, pero la diferencia radica en que este Madrid ya no es el mismo.

El Madrid de Solari cada vez ha cogido más tintes del de Zidane. Con una salvedad importante: el nivel de sus jugadores clave.

Nombre a nombre las diferencias no son muchas, aunque en peso global sea otra cosa. Cristiano ya no está, esa cantinela ya no sirve, y el otro cambio vino bajo palos. El resto del equipo es exactamente el mismo. Y si bien reemplazar al portugués a día de hoy es materialmente imposible dada su producción ofensiva y goleadora, el Madrid tampoco ha conseguido ser el bloque que le permitió alzar las tres últimas Champions League de la mano de Zidane. Definir a qué jugaba ese arrollador Real Madrid, curiosamente, es muy difícil, y algo parecido nos pasa ahora. Podría decirse que una suma de individualidades bestial hacía que su superioridad fuese manifiesta, que sacase adelante situaciones adversas sin nada más especial que la inspiración y el talento. El Madrid no trazaba un plan. Salía, jugaba, rendía al máximo y cuando eso sucedía era muy difícil de batir, más aún en su competición fetiche.

Con Solari este bloque competitivo fruto de la individualidad sin un patrón determinado parece empezar a repetirse. Sin embargo, el bajo momento de forma de sus piezas clave hace que la diferencia en rendimiento y puntos sea considerable. Benzema sigue siendo ese nueve que juega de diez, con la gran salvedad de que esta vez no hay quien ocupe ese espacio en el área en su lugar. Igualar los números de Cristiano es tarea prácticamente imposible para cualquier humano -excluimos a Messi de la ecuación pues incluso el propio Thierry Henry llega a dudar de su ‘humanidad’-, pero parece que los que son sus relevos en este Real Madrid de Solari están muy lejos de alcanzar dicha productividad ofensiva. Lucas Vázquez o Asensio, ambos lejos de su mejor nivel y un Vinícius que si bien es el que más lo intenta, obviamente aún está demasiado inmaduro para exigirle grandes cotas.

El paso adelante que esperábamos en Bale no se está produciendo, y el resto de piezas ofensivas están lejos de poder ofrecer lo que Cristiano llegó a dar.

El centro del campo, motor principal del Real Madrid de los últimos años, también dista mucho de ser lo que fue. Kroos y Modric atraviesan uno de los tramos más planos de su carrera. Casemiro por su parte sigue acumulando problemas físicos esta temporada y, aunque Marcos Llorente por ejemplo ha dado buenas sensaciones en sus intervenciones, tampoco es del todo claro que pueda estar al nivel que busca y necesita Solari. El Madrid, si no va a tener un plan claro y definido y vuelve a depender de sus individualidades, deberá recuperar el nivel de sus piezas clave mientras trate de no echar de menos a la que era la más diferencial. Más problemas para Solari al ver que sin sus jugadores habituales, las sensaciones tampoco varían. El partido sería insulso, sin aliciente alguno, pero la peor noticia es que puede ser más trascendente de lo que cabría esperar. 0-3 en el Bernabéu en la era Champions League. Algo histórico en un momento en el que el Madrid no está para pensar en hitos.

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