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Fútbol hasta la línea de gol

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Coman y el limbo

El fútbol lo ha vuelto a hacer. Qué facilidad tiene para convertir a niños en héroes y lanzarlos hacia el olvido al día siguiente, sin dejar rastro ni huella alguna. Tan atroz como bondadoso, el deporte Rey no entiende de justicia ni merecimientos a la hora de repartir los asientos que cada actor ocupa en este inmenso teatro. Algunos, pensarán, merecían un papel mucho más importante. El talento, la calidad, esas cosas. Otros, pensarán, lograron ascender sin frenos, apelando al trabajo, el esfuerzo y la dedicación. Kingsley Coman se debate entre el cielo y el infierno, maltratado por las lesiones el jugador del Bayern de Múnich ha anunciado que no aceptaría otra operación, pasando así al ostracismo futbolístico. Su gol ante el Ajax volvió a poner a Coman sobre el mapa.

Kingsley Coman posee todas las aptitudes para ser, aún, un jugador que marque diferencias. Poderoso, veloz, hábil, es un avión con espacios. Y el Bayern de Múnich lo necesita. Tras el adiós de la Robbery el conjunto bávaro no puede permitirse una despedida tan prematura.  El palmarés del jugador francés es terrible para su edad. A sus 22 años tiene en su haber tres Bundesliga, dos títulos de la Serie A y otros dos de la Ligue 1. El extremo, rápido y habilidoso, no ha sido capaz de regatear las lesiones que acechan a su pie derecho. Apenas suma 50 partidos entre las temporadas 16/17 y 17/18, unas cifras que, para un chico de 22 años, convierten el juego en un tormento. Y no olvidemos que el fútbol, como han dicho todos los genios de la pelota, es divertirse. Coman es relato de la otra cara de la moneda. El del quiero y no puedo.  Y es que plantearse la retirada a los 22 años solo lo hace alguien al borde del precipicio.

Kingsley Coman apenas rebasa los 1.200 minutos por temporada, una media de 22 partidos por curso.


Ayer releía Lincoln en el Bardo, de George Saunders. Un libro que narra la vida del fallecido hijo del Presidente Lincoln, Willie, que habita en el bardo, una especie de etapa de transición entre la vida y la muerte según la tradición tibetana.  Un limbo al que parece haber caído Coman. Y es que no hay nada peor para un futbolista que la indiferencia, sobre todo en una época de tanto ruido mediático . Acostumbrarte al anonimato, convivir con ello es algo que Kinsgley, a sus 22 años, ya sabe cómo hacerlo. Como Victor Valdés cuando se fue a Zúrich para tratar su lesión de rodilla, pasando del estrellato en Barcelona a un papel de reparto, cogiendo cada día el tranvía sin que nadie le parase para sacarse un selfie o firmar un autógrafo. Su condición de futbolista ya no valía.

Ser futbolista profesional tiene que ser una suerte enorme, como ser actor o músico. Profesiones de masas. Pero también puede ser una enorme condena. En una brillante entrevista en el diario Levante, José Luis Morales aseguraba que él prefirió la calle, el fútbol que más tiene que ver con jugar y no con competir porque ser futbolista «es sacrificar muchas cosas» e infancia solo hay una. Quizás ese pensamiento flotara por la cabeza de Kingsley Coman cuando hablaba sobre una posible retirada a sus 22 años.  Tras marcar en el campo del Ajax puede que volviera a recordar qué es ser futbolista. Que volviera a  disfrutar. Esperemos que no lo olvide.

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