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El carácter de Torreira

Siempre es difícil iniciar un nuevo camino. Partir desde un punto diferente, desconocido. Arsène Wenger, tras muchos años en Higbury y también en el Emirates Stadium, hizo historia con aquellos gunners invencibles. Sin embargo, con momentos de auge y otros de dudas, Wenger abandonó Londres y el Arsenal buscó en Unai Emery el refugio para combatir la intemperie, porque el fútbol terminó creciendo más rápido que el propio Arsenal. Mientras el Manchester City amenaza con la tiranía de la Premier League, el Arsenal de Emery ha iniciado su pequeña gran revolución.

El proyecto de Emery en Londres no empezó de la mejor forma posible. Tras dos derrotas seguidas al inicio de temporada, ante los Cityzen y el Chelsea de Maurizio Sarri, el Arsenal no ha vuelto a perder. El técnico de Hondarribia formuló su habitual 4-2-3-1 desde el principio. Principalmente con dos particularidades, el doble pivote formado por Mattéo Guendouzi y Granit Xhaka y el interrogante de la conjunción entre Alexandre Lacazette y Pierre Emerick Aubameyang.

La figura de Xhaka, que hasta el momento no había tenido la relevancia esperada, no le generó ninguna duda a Emery, indisicutible en el doble pivote. Su acompañante empezó siendo el joven Guendouzi, una apuesta personal del mismo entrenador. Sin prácticamente experiencia en la élite, el centrocampista francés demostró desde el primer momento lo que es y en lo que puede convertirse. Junto a Xhaka, nunca se esconde, pide el balón constantemente y posicionalmente siempre se sitúa en el lugar correcto. Sin embargo, la figura de Lucas Torreira, que partió como suplente, tendía inevitablemente, a medio plazo, hacia la titularidad. Primero como revulsivo, el uruguayo era un estímulo enorme en las segundas partes.

El carácter de Torreira indicaba que más pronto que tarde sería protagonista. Y lo fue para cambiar al Arsenal.


Extrapola al fútbol una forma de ser. La figura del futbolista uruguayo tiene un mismo denominador común. Un punto de ese fútbol de calle, de canchas con más arena que césped. Garra. Ningún uruguayo trasciende a ello, es algo cultural. Presente siempre en la selección de Óscar Washington Tabárez. De Walter Gargano o Arévalo Ríos a Matías Vecino, Rodrigo Bentancur y Lucas Torreira. El ímpetu con el que entraba al campo hacía del Arsenal un equipo con menos pausa y más verticalidad, aunque en el primer tramo de temporada el conjunto de Emery no siempre decidió el ritmo preponderante de los encuentros. Guendouzi, más conservador y horizontal, figuraba en el primer plan gunner. Por inercia, Torreira le arrebató la titularidad.

Los extremos del Arsenal juegan por dentro. Son casi mediapuntas. Lo han sido Alex Iwobi, Henrikh Mkhitaryan, Aaron Ramsey y Mesut Özil. Son los laterales quienes, en el 4-2-3-1, aportan el punto de amplitud y profundidad por fuera. Sin embargo, la exposición tras pérdida y la dificultad a la hora de controlar el tempo a partir del balón obligaron a Emery a virar la hoja de ruta para encontrarse con el equilibrio.

El cambio de sistema revitalizó por completo al Arsenal de Emery.


De este modo, el Arsenal ahora se ordena con un 3-4-2-1. Los sistemas de tres centrales cada vez son más habituales en el fútbol europeo. También en la Premier League. Marcó tendencia Antonio Conte, ganando una liga, y le siguieron otros técnicos. Aunque jugar con tres centrales no implica directamente tener una mentalidad más defensiva. El Manchester City junta a tres defensores en salida de balón, el Fulham del efímero Slavisa Jokanovic también probó el 3-4-3 y ahora es Emery quien también lo gestiona. Con más consistencia defensiva, los carrileros no tienen ninguna losa para sumarse al ataque, una premisa base en el sistema gunner. No solo se escalonan como centrocampistas y extremos en diferentes zonas, sino que llegan a línea de fondo. En salida de balón, los centrales se abren y el Arsenal genera un aclarado en la zona central, donde percute el doble pivote y los mediapuntas aparecen desde un escalón superior.

Aunque Emery es partidario de jugar con un delantero, ha conseguido juntaren el once a sus dos puntas, Lacazette y Aubameyang. No siempre parten en el plan de inicio, pero terminan encontrándose en el mismo escenario. Tanto en el 4-2-3-1 como en el 3-4-2-1, Aubameyang es quien se escora a la banda. El gabonés es un delantero directo, de movimientos verticales en forma de diagonal para terminar pisando área. Por el contrario, Lacazette es asiduo a abandonar el área para jugar de espaldas a la portería. Sin embargo, Emery les ha confeccionado un contexto en el que ambos pueden encontrarse y ser diferenciales. El significado es recíproco.

La mejor versión de este Arsenal llegó en el mejor marco posible: en el derbi del norte de Londres. Con unos primeros minutos asfixiantes en presión, el Arsenal imposibilitó la salida de balón al Tottenham. Sin embargo, uno de los momentos más importantes del partido fue el gol de Torreira. No porque suponía ganar a los Spurs; esto era un microcosmos dentro de un espacio mucho mayor. El tanto del uruguayo fue la metáfora de su inicio de temporada. Con el fin del primer tramo del proceso abocado a la titularidad, ahora Torreira puede elegir hasta dónde llegar. Ese grito al cielo del Emirates, lleno de rabia y de alegría, lleno de carácter, para evolucionar -quién sabe si- hacia uno de los centrocampistas dominadores de la Premier League.


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