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Machín dirigiendo al Sevilla
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La historia de una cima

Pablo Machín empezó esta temporada con el mismo dibujo que concluyó la pasada. Un 3-4-2-1 con un doble pivote, una pareja de mediapuntas y un único punta que se agrupaban con las dos líneas innegociables de tres centrales y dos carrileros de su sistema. La variable de su esquema que tan bien le había funcionado durante su primera estancia en la élite con el Girona no acababa de carburar y fue decayendo con el paso de las semanas. El Sevilla de Machín no terminaba de despegar: en campo propio había lagunas por los automatismos del nuevo sistema y en campo rival el equipo se sentía rígido y no se desenvolvía con naturalidad. Aun así, el técnico soriano tenía un as bajo la manga. De hecho, tenía varios. La historia de Machín en Girona también es la historia del 3-5-2, un sistema con el que el de Gómara experimentó y profundizó. Unos cambios que no solo le permitieron conocer mejor las virtudes y defectos de su dibujo predilecto sino con los que también ganó variabilidad táctica. Un abanico de posibilidades parejas que le garantizó alternativas cuando una de estas no estuviera a la expectativa. A mediados de septiembre el Sevilla no respondía a lo esperado y fue entonces cuando Machín cambió algunas cartas de la baraja.

Durante su aventura en Montilivi, Pablo Machín utilizó tres variables del 3-5-2 más al uso. Y en su corto periplo en el Sánchez Pizjuán ya ha gastado los tres cartuchos. El 3-4-1-2 con el que compitió más habitualmente durante la primera temporada de Portu en Girona y el curso del ascenso (16/17), combinando la posición de enlace con Borja García. La doble punta la ocuparon de Samuele Longo, ahora en el Huesca, y Fran Sandaza, ejerciendo más de nueve referencia en pos de la movilidad del italiano. Esta alternativa, que dibujaba a las tres líneas interiores en forma de X (doble pivote, enlace y doble punta) no era tan rígida a nivel posicional y permitía a uno de los puntas desenvolverse con más libertad mientras se aprovechaba el instinto imprevisible y llegador de Portu. En Sevilla, lo más parecido a esta variable del dibujo la utilizó precisamente en el último partido frente al Girona: Roque Mesa más a la altura de Banega y un Sarabia en la posición de 10 con total potestad para hacer y deshacer a su antojo.

Los recursos de la libreta táctica de Machín ya están dejando su sello en Sevilla y en sus nombres clave.


El 3-4-2-1 fue el recurso principal durante el año pasado en el primer curso del Girona en Primera División por la casi obligación que sentía Machín de agrupar las aportaciones de Borja García y Portu en el rectángulo, asociados con un Stuani en punta que fue la guinda de caviar al pastel de Machín. La temporada anterior, con la pareja de mediapuntas en la plantilla, el soriano la utilizó tímidamente. Esta alternativa permitía juntar con naturalidad a las principales piezas del Girona en la creación con su esencia vertical de juego. La izquierda de Granell con el poderío defensivo de Pere Pons. El perfil contracultural de Borja García con la incombustibilidad de Portu. Todo sepultado bajo la determinación de Stuani en el área. En Sevilla, este dibujo no tuvo el efecto esperado en el inicio de temporada por las piezas que la componían en detrimento de su opción más original.

El 3-5-2 -un 3-5-2 con un matiz importante, pues uno de los centrocampistas es un pivote, formando un 3-1-4-2 que, por otro lado, sitúa a los carrileros más en posición de extremo que de lateral- que ahora utiliza en Sevilla y que también fue un éxito durante la temporada del “Lugo” (como popularmente se conoce en Girona al curso del malogrado ascenso en el último minuto) funcionó muy bien en la primera temporada completa de Machín en Girona por la complementariedad en el centro del campo y la buena coordinación de la pareja de puntas en la idea Machín. El triángulo del medio del campo estaba formado por la actividad defensiva de Pere Pons, como cobertura de la pareja de interiores, el posicionamiento de Granell en la izquierda y la llegada de Eloi Amagat por la derecha, enlace perfecto para hacer llegar la jugada arriba, más allá de las incursiones exteriores de los carrileros. En punta, la dupla Jaime Mata y Fran Sandaza le daban actividad y sacrificio sin balón y convicción cuando lo tenían, sobre todo en el área. En el Sevilla, el recurso más primitivo de del soriano ha supuesto la tecla que le faltaba tocar para que la sinfonía de su plantilla no desafinara. Machín marchó de su nido futbolístico y llegó a Nervión para descubrir hasta dónde estaban los límites de su característico método. Desde el encuentro en el Ciutat de València y a partir de Banega, ‘Mudo’ Vázquez, Sarabia, André Silva y Ben Yedder lo está logrando.

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