Con Gareth Bale muy cerca de Marcelo

El Real Madrid reencontró buenas sensaciones en la semifinal del Mundial de Clubes en los Emiratos Árabes Unidos contra el Kashima Antlers en su carta de presentación para buscar su tercer campeonato consecutivo, a raíz de su triple corona en la Champions League. Santiago Solari repitió los patrones que venía proponiendo desde su llegada al banquillo blanco y contó además con un rival que no soportó la tensión competitiva los 90 minutos, con unos refuerzos de lujo a la hora de confeccionar el once y con un plus motivacional de sus hombres ante la cercanía de levantar otro trofeo.

Solari se refuerza con una mayor fluidez de su sistema simétrico con extremos a pie natural.


El Madrid volvió a salir con un sistema 4-3-3 con Marcos Llorente en el pivote. A su lado el técnico argentino confió en Luka Modric y Toni Kroos para a partir de su jerarquía evitar pasar apuros en la eliminatoria. El alemán desde el interior izquierdo aporta de manera directa una cuota imprescindible de orden y control a partir del cual desarrollar el resto de mecanismos. Por delante se dibujaba un ataque realmente simétrico con, una vez más, extremos a pierna natural, algo que choca de frente con la evolución del fútbol contemporáneo pero que Solari no ha dudado de implantar. A partir de este esquema, el Madrid consiguió fases intermitentes de fluidez con balón que pudieron ser más estables sobre todo en la segunda parte, cuando se juntaron el bajón del Kashima y una mayor movilidad de los blancos. Y de esta manera se consiguió desbordar a la defensa del campeón asiático.

Solari pudo contar con sus dos laterales titulares y esto pesó sobremanera en la forma de entender el ataque para los suyos. La grandeza, jerarquía y conocimiento de Dani Carvajal y Marcelo Vieira crean sistema y garantizan ciertos mecanismos que ayudan a los suyos a intimidar al rival. El español, junto a Lucas Vázquez, ensanchaba y sobre todo estiraba el equipo con la profundidad que le caracteriza, de manera que el balón podía llegar al área rival y promover tanto el asalto a la zaga como la continuidad del ataque. Sin un claro referente rematador en el área, esta propuesta pierde fundamento directo para con el gol, y requiere contraprestación en el carril central para dominar la mediapunta y dañar por dentro, algo que Benzema y Modric solo consiguieron de forma irregular. Pero lo que de verdad inclinó la balanza fue lo que ocurrió en la banda izquierda.

El reparto de espacios en izquierda entre Marcelo y Bale fue indescifrable para la defensa nipona.


Pocas veces desde su llegada al Bernabéu Gareth Bale ha jugado con su pie izquierdo pegado a la cal. Su determinación y jerarquía junto a su extraordinaria virtud goleadora le hacían una pieza a explotar a partir de la diagonal interior, por lo que ha sido emplazado fundamentalmente en banda derecha para colocarle de cara a la portería rival. Recientemente con Solari viene cambiando de lado y contra el Kashima vimos su actuación más dominante en esa zona. Mostró una activación alta tanto para generar el juego como para finalizarlo, con desmarques al pie y al espacio, y con un afinadísimo olfato que le llevó al hat-trick. Sus tres tantos procedieron con el galés iniciando desde la izquierda y con unos compañeros que potenciaron y compensaron bien sus movimientos. Especialmente productivo fue su entendimiento con Marcelo, con el que se repartió con inteligencia el ancho del carril para alternarse el juego por dentro y por fuera, dos zonas que ambos saben manejar y exprimir y que ocupadas a la vez por dos focos tan potentes de desequilibrio resulta difícilmente defendible. El brasileño ya fue catapulta del mejor Cristiano Ronaldo y quién sabe si también con Bale puede tejer una conexión que devuelva al Madrid la sensación de que él es el verdadero peligro.

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