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Navegar en aguas revueltas

Cerca de la orilla “blanquinegre” del Turia parece que nunca hay tiempo para la tranquilidad. Después de una temporada heroica, donde con Marcelino al mando el Valencia pudo volver a la Liga de Campeones tras unos años vagando entre la Europa League y la ausencia en las competiciones europeas, las aguas del río que baña la capital valenciana vuelven a estar turbias. El equipo no consigue arrancar, la ausencia de los resultados esperados ha mermado la confianza y moral de una plantilla señalada por Mestalla. Todo parecía tener el guion perfecto: vuelta a la Champions, año del centenario, llegada del jugador por el que más dinero ha invertido la entidad y un entrenador que aseguraba éxito. Sin embargo, en la primera vuelta de la actual temporada el resultado ha sido bien diferente. Marcelino está cuestionado, pero el recelo del respetable valencianista recae más sobre los jugadores que en su técnico. Aunque uno de los pocos efectivos que puede salvarse de ese juicio es José Luis Gayá. El canterano che está destacando en el ataque de un equipo que no consigue llevar a gol la gran capacidad de generación de ocasiones que posee.

Su evolución se estancó hasta que adquirió la madurez necesaria para comprender cuál era su rol sobre el campo, lo que tenía que explotar y lo que le convertiría en mejor futbolista.

Desde el conjunto juvenil valencianista, Gayá fue progresando como futbolista hasta que le llegó la oportunidad de debutar con el primer equipo, tras su paso por el Valencia Mestalla. La temporada de su aparición irrumpió con una fuerza y poderío tales que levantó el interés de algunos de los principales equipos a nivel europeo. Pese a todo, el de Pedreguer se quedó en la nave che, teniendo asegurada allí una plaza como titular y, con ella, una progresión estable en su carrera como jugador. Las temporadas venideras su rendimiento no decreció, pero tampoco llegó al pico que se esperaba de él, habiendo dejando tanta esperanza para el aficionado che tras su debut. Su evolución se estancó hasta que adquirió la madurez necesaria para comprender cuál era su rol sobre el campo, lo que tenía que explotar y lo que le convertiría en mejor futbolista. Mejoró en aptitudes defensivas, aunque esa parcela sigue siendo una de las más delicadas en su juego. Pero, ofensivamente, el lateral izquierdo che se convirtió en una fábrica de generación de ocasiones llegadas desde esa banda, ya fuera con centros, con internadas o con goles de su propia persona.

La fábrica de laterales valencianista había vuelto a triunfar, después de que años atrás saliera Jordi Alba y, posteriormente, Juan Bernat. La salida de uno significó la irrupción de otro, así sucesivamente hasta la llegada de Gayá, el más comprometido de todos los nombrados con la causa che. Es por eso que el de Pedreguer se ha ganado la confianza de Mestalla con el paso del tiempo. El hecho de haber decidido quedarse en el club que le dio la oportunidad de debutar en Primera División y llegar a la Selección Española a nivel absoluto. Pero, no solo a base de compromiso se mantiene José Luis Gayá en el equipo. En lo que se lleva de temporada, el Valencia ha disputado 25 partidos: 17 en Liga, 2 en Copa del Rey y 6 en Liga de Campeones. Gayá solo se ha perdido 4 de esos 25 encuentros mencionados: los dos de Copa del Rey porque Marcelino dio la oportunidad a Lato, lo mismo ocurrió en el encuentro de Champions ante el Manchester United donde el Valencia no se jugaba nada y, por último, el de Anoeta ante la Real Sociedad.

El canterano che está destacando en el ataque de un equipo que no consigue llevar a gol la gran capacidad de generación de ocasiones que posee.

Esos números permiten observar lo importante que es para Marcelino el papel de Gayá dentro del equipo titular del Valencia. Pese a que solo ha marcado un gol y aún no se le ha contabilizado ninguna asistencia, el lateral del Valencia es uno de los jugadores más importantes en el entramado ofensivo che. El Valencia genera un número de ocasiones nada despreciable, incluso en algunas ocasiones más que la gran temporada anterior. El problema está en la definición de esas ocasiones. El balón no está entrando y la presión de que no lo haga crece con el paso de los partidos y de los resultados negativos. Tras la victoria agónica ante el Huesca, que pudo costarle el puesto a Marcelino, el entorno valencianista espera que esta sirva como punto de inflexión para ir hacia arriba. Gayá es una de las piezas del conjunto che que deja abierta aún la vía de la esperanza de cara a que se cumplan los objetivos marcados a principio de temporada.

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