Balón en Profundidad

Fútbol hasta la línea de gol

Análisis táctico

Tres centrales, mil miradas

El fútbol tiene una memoria efímera y selectiva. Todos disfrutamos de la presión del Liverpool de Jürgen Klopp, de las jugadas del Manchester City de Pep Guardiola, de la filosofía del Cholo Simeone… Cada entrenador tiene una ideología particular, pero nadie ha inventado nada. Todo son repeticiones, adaptaciones a matices propios, mezclas de conceptos y nuevas formas de interpretar o leer el fútbol. Pero no nos engañemos, nuestro deporte no nació hace una década. Lo ha visto prácticamente todo. Y si hay algo que sucede, como en la vida, es que lo que sale bien, se imita. O se intenta.

Diez años atrás emergió uno de los equipos que la historia recordará: el Barça de Guardiola. Un equipo que culminó ideas del entrenador catalán, matizadas del Dream Team de Johan Cruyff, pero también de otros técnicos y diferentes escuelas. Un 4-3-3 troncal, con el portero como partícipe del inicio de las jugadas, el pivote entre unos centrales que recibían muy abajo, los extremos por fuera y el dominio de la zona central. Aquel Barcelona lo ganó todo y marcó un camino. Fueron muchos los entrenadores que trataron de practicar un mismo estilo de juego que se convirtió en tendencia. Se quería proponer, llevar la iniciativa. La figura del portero empezó a cobrar vida, hasta el momento en el que tiene tanto valor económico como cualquier jugador de campo. Después llegó el ‘falso nueve’ y otros matices que diferentes conjuntos pusieron en práctica. La misma propuesta llevó a la Selección Española a conquistarlo todo.

Si de algún modo podemos analizar el panorama futbolístico en general es a partir de la celebración de un Mundial. Aunque hay que tener en cuenta que en el mayor escenario futbolístico muchas veces predomina el conservadurismo, prima el miedo a no cometer errores. En Sudáfrica 2010, varias selecciones bebieron de la misma fuente que España. Sin embargo, cuatro años más tarde, en Brasil, de las cinco selecciones con más posesión de balón, solo una consiguió pasar de la fase de grupos. Alemania, que fue la única que superó esa barrera, terminaría coronándose campeona del mundo. Pero, a su vez, estaba creciendo otra tendencia. Menos propositiva con el balón, de diferentes influencias. El trato del esférico, en líneas generales, volvió a ser negociable -pese a que nunca existió dogma alguno-.

El pasado verano, en Rusia, varias selecciones defendieron en bloque bajo con hasta seis hombres en la última línea. Un mayor pragmatismo y menos dependencia de los movimientos con balón, más directos. Dominar la posesión del balón no asegura nada en cuanto a resultado, si es que en algún momento lo hizo. “El Barça es una moda, y las modas pasan”, dijo Iker Casillas en 2010. Es difícil valorar si los catalanes siguen proponiendo algo similar, pero, al fin y al cabo, parte de la columna vertebral sigue siendo la misma (Gerard Piqué, Sergio Busquets o Leo Messi) y otros jugadores (Sergi Roberto, Arthur Melo o Ter Stegen) hablan el mismo idioma.

En los últimos años, a raíz de una propuesta general más minimalista con el esférico, ha surgido un esquema que diferentes entrenadores han ido adaptando. Todos ellos tienen un denominador común: jugar con tres centrales. Es un sistema base difícil de definir, ya que se practica en diferentes tipos de corrientes y en todas las divisiones y países.

Y en referencia a los mundiales, 2014 marcó un punto hegemónico. La Costa Rica de Jorge Luís Pinto fue una de las revelaciones, jugando con tres centrales. Así como la Holanda de Louis Van Gaal, que potenciaba el tridente formado por Arjen Robben, Robin Van Persie y Wesley Sneijder, o la Chile de Jorge Sampaoli.

Aunque hay pocos equipos que ataquen con dos delanteros, una de las disposiciones defensivas más habituales es el 4-4-2. De este modo, los tres centrales aseguran tener una superioridad en el primer escalón de juego. Por delante, el mediocentro juega un papel muy importante, recibiendo de espaldas y entre líneas. Supone un giro a la salida Lavolpiana. No es el pivote el que se incrusta entre centrales, sino que es un defensor natural el que se desenvuelve en el eje. Aun así, son tres los futbolistas que participan en la salida de balón. La altura de los interiores y los carrileros son dos puntos a tener en cuenta. De este modo, se abre un abanico de posibilidades por parte de los interiores, combinando el entre líneas con bajar al lado del mediocentro. Así como el de los jugadores exteriores, decidiendo a qué altura quieren recibir y cuándo son más agresivos en el movimiento sin balón.

Las necesidades de un equipo pueden inducir al entrenador a sumar un defensor más, priorizando las salidas por fuera, a través de los carrileros. Con cinco futbolistas atrás, el equipo con balón debe buscar alternativas distintas para penetrar y generar. De este modo, quienes tienen un gran peso en ello son los laterales, ya que quedan como los hombres libres. Dotar al equipo de amplitud es una premisa básica, independientemente del esquema. Con dos centrales, pero con un gran énfasis en la aportación exterior, un buen ejemplo es el Alavés de Abelardo. Y ahí vuelve a intervenir la mano del técnico: laterales llegando o estando, conduciendo hacia dentro o pinchados fuera. Incluso carrileros a pierna cambiada, como ha probado Ralph Hassenhüttl en su nuevo Southampton.

Los laterales han sido una de las posiciones que más fuerza ha cobrado en los últimos años, sobre todo en los equipos con propuestas proactivas con balón. Son, en muchos casos, quienes ofrecen la amplitud para que los extremos jueguen por dentro. Un caso actual es el Arsenal de Unai Emery, que ha alternado el 4-2-3-1 con un 3-4-2-1. Los laterales también pueden juntarse al mediocentro y que sean los extremos quienes jueguen en la línea de banda. Con cada vez más herramientas disponibles para analizar a cualquier equipo, los entrenadores van sumando matices a sus ideas. Guardiola decidió juntar a Walker como tercer central en salida de balón, pero en campo contrario figuraba como un lateral al uso. De este modo, no era Fernanadinho quien se incrustaba entre centrales, sino que desde fuera y hacia dentro, el defensa inglés daba un mirada distinta a la salida de La Volpe.

Si hay algún pionero en volver a utilizar el sistema de tres centrales, este es Antonio Conte. En la Juventus, la selección italiana o el Chelsea, Conte apostó por el trío de defensores. Fue especialmente significativa su estancia en Londres. Aunque la propuesta inicial fue un 4-3-3, la fractura en el centro del campo le obligó a reescribir la hoja de ruta. Intervinieron Victor Moses, que ya había jugado con el mismo esquema en el Wigan de Roberto Martínez -el catalán también lo implementó durante el último Mundial con la selección belga- y Marcos Alonso, que se convirtió en un carrilero que pisaba área, potencialmente cerca del gol. El pintor francés Puvis de Chavannes una vez dijo que “hay una cosa aún más bonita que una cosa bonita: las ruinas de una cosa bonita”. Aquel Chelsea dominador se bloqueó tras ganar la Premier League y Conte fue destituido. Sin embargo, muchos entrenadores trataron de reorganizarse con tres hombres atrás. Desde equipos punteros y con propuesta activa con balón, como el Tottenham de Mauricio Pochettino hace algunas temporadas, hasta el Bournemouth de Eddie Howe o incluso, en algunas fases, el Manchester United del efímero José Mourinho.

Hay quienes marcaron tendencia y quienes le siguieron. A veces, solo puntualmente. El Barça de Luis Enrique utilizó el 3-4-3 para remontar al Paris Saint-Germain. Y los franceses, con el intervencionista Thomas Tuchel, alternan la salida con Marquinhos como tercer hombre, también presente en el centro del campo. Pablo Machín reavivó el escenario del tercer central en el Girona, enfatizando el rol de los carrileros con el objetivo de servir al rejuvenecido goleador Christian Stuani. Machín se llevó junto a él la esencia y el esquema a Sevilla, donde la pareja de mediapuntas -con mención especial para Pablo Sarabia– ya es algo marca de la casa. Así como sus vecinos, el Betis de Quique Setién.

Las estructuras con tres centrales se han vuelto una constante. Para defender con un hombre más, despejar la zona central, o ser más agresivos por los costados. Son tres centrales, pero también mil miradas posibles. Aunque, quizás, solo una moda.

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